Darío
Ramírez.
Al
Presidente, Andrés Manuel López Obrador, no le dan los tiempos. Tiene prisa y
en la prisa se va el trabajo fino para hacer las cosas conforme a derecho.
Hacerlas bien, vaya.
La prisa no
necesariamente es el mejor aliado de la intención de transformación que tiene
la 4ta Transformación. Los errores que comienzan a revelarse son básicos,
tontos y hasta burdos que ningún Gobierno debería hacerse acreedor a semejantes
boberías.
Por el otro
lado, los actos de Gobierno están -y deberán seguir- siendo revisados por la
prensa y organizaciones de la sociedad civil. El trabajo fundamental que
aportan a una sociedad democrática no puede más que reconocerse y apoyarse.
Por ello,
ambos actores (Gobierno federal y sociedad civil/prensa) se están encontrando
en Santa Lucía. Y eso no es buen augurio para la administración de López
Obrador. Solo quiere decir que su prisa no le alcanza para hacer las cosas como
manda la ley; y, entonces, la pregunta nos remite al dicho presidencial de
“nadie por encima de la ley”.
Nadie podrá
negar que la cancelación del aeropuerto en Texcoco ha sido la decisión más
polémica -tal vez la que marque el sexenio- de AMLO. Más allá de una consulta
sin sustento creíble, no se vislumbra claramente cuál fue el fundamento que
consideró el Presidente para cancelar una obra de tal envergadura. Información
dispersa señala que hay muchos actos y redes de corrupción que veían en el
aeropuerto de Texcoco negocios multimillonarios para un puñado de personajes.
Sin embargo,
la realidad está tocando a la puerta de Palacio Nacional y le recuerda al
Presidente que no es tan fácil borrar Texcoco y abrir Santa Lucía. No es por un
capricho, ni por un bien a la patria como se debería determinar el lugar del
aeropuerto.
Querer un
aeropuerto en Santa Lucía no necesariamente conduce a tener un aeropuerto en
Santa Lucía. Me explico.
La medida
tomada por el Juzgado Octavo de Distrito en el Estado de México en la que ha
ordenado, por un lado, detener el proyecto del Aeropuerto Internacional de
Santa Lucía y su construcción hasta que sea factible verificar que la obra
cuenta con los dictámenes y permisos ambientales, de seguridad, viabilidad
aeronáutica, prospección arqueológica, estrategia de viabilidad social,
política e interinstitucional. Por otro lado, se obliga a las autoridades a que
mantengan los avances del NAIM exactamente en el estado en el que actualmente
se encuentran, es decir, que se paralice cualquier orden de destruir, desaparecer,
desmantelar, demoler, inundar o cualquier otra forma de modificación de las
obras existentes.
Por otro
lado, un Tribunal Colegiado de Circuito ordenó una nueva suspensión provisional
(hasta ahora van 8 suspensiones acumuladas) de la construcción del aeropuerto
en Santa Lucía hasta que se cuente con todos los estudios en materia de
seguridad. Cabe anotarse que el Tribunal Colegiado arrojó un nuevo argumento
mucho más serio y difícil de obtener que es el referente al tema de seguridad.
En otras palabras, la medida tomada por el Décimo Tribunal Colegiado en Materia
Administrativa del Primer Circuito ordena detener la construcción del
Aeropuerto Internacional de Santa Lucía hasta que sea factible verificar que la
obra cuenta con los estudios de seguridad conducentes a los que se refieren la
Ley de Aeropuertos y su Reglamento, el cual, a su vez, se refiere al derecho
internacional aeronáutico contenido en la Convención de Chicago.
Como sea
López Obrador puede sacar de manera más fácil permisos que emiten las
dependencias a su cargo, como Semarnat y el INAH. Sin embargo, obtener los
permisos internacionales se antoja mucho más complicado para la administración
federal. De hecho, información no confirmada ha señalado que Santa Lucía no
obtendría los permisos internacionales necesarios para operar.
El recuento
de hechos hasta ahora solo tienen sustento en el hecho de que Andrés Manuel
López Obrador no sustentó en ley -hasta ahora- la idea de hacer el aeropuerto
en Santa Lucía. Al no cumplir con los requisitos de ley, porque todos queremos
que se cumpla la ley, el Poder Judicial le está diciendo al Ejecutivo, así no.
Una visión cortoplacista y sostenida en la filia partidista puede sugerir que
los amparos son para defender Texcoco (donde seguramente hay decenas de actos
de corrupción, que por cierto no están siendo investigados por la actual
administración) y castigar Santa Lucía por motivos de ganancia de grupos detrás
Texcoco. Nada más alejado de la realidad.
El
Presidente corre con prisa y se tropieza con errores que podrían ser muy
básicos. Santa Lucía no tendría ningún amparo encima si la ley se hubiese
observado y cumplido. Premisa básica para un estado de derecho. Pero entonces,
¿por qué hacer las cosas mal que provocan acciones judiciales que ponen en entredichos
proyectos relevantes de infraestructura para la nueva administración?
No es que
los amparos estén bien o mal. Lo importante de los amparos es que evidencian un
incumplimiento de la ley. No importa de dónde venga, sino más bien de los 147
amparos interpuestos, varios están surtiendo efecto y poniéndole el umbral más
alto a Santa Lucía. Enhorabuena por el contrapeso al poder político.
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