Enrique
Galván Ochoa.
¿Alguien
podría explicarle a Porfirio Muñoz Ledo que el Presidente al que hay que
resistir hasta vencer se llama Donald, no Andrés Manuel? Vale recordar que el
lunes de esta semana Trump iba a ejecutar la amenaza de aplicar un tarifazo
sobre todas las exportaciones mexicanas, desde el aguacate hasta las partes de
automóviles. Una laboriosa, complicada negociación de los representantes que
designó López Obrador, encabezada por el canciller Marcelo Ebrard, consiguió
suspender lo que hubiera sido un golpe muy duro para la economía nacional. Los
síntomas ya se percibían: la moneda nacional había iniciado una caída libre
desde los 18 pesos y fracción a más de 20. Pero lo peor estaba por venir. El
golpe estaba calculado para quebrar a una economía que pasa por un periodo de
fragilidad, con los pronósticos de crecimiento en contra de instituciones
internacionales, inclusive del Banco de México, y las agresivas calificaciones
de los burós de crédito. En esas circunstancias era prioritario detener la
creciente turbulencia. Los negociadores mexicanos, siguiendo instrucciones
presidenciales, arrancaron un acuerdo a los estadunidenses. Nadie dijo que
fuera el mejor, sino el posible. Probablemente Trump no se hubiera decidido a
asestar el golpe, por el grave daño que causaría a su propio país, él quiere la
relección no perderla. Pero el gobierno mexicano no podía cruzarse de brazos y
apostar a sus mudanzas de humor. Se logró tiempo para intentar una hazaña: 45
días para disminuir la ola de migrantes centroamericanos. La controvertida
Guardia Nacional hará su debut, sin experiencia. López Obrador designó un
comité, nombró como coordinador a Ebrard, y la región ya está siendo vigilada.
Este viernes, de haberse consumado el amago, tendríamos frente a nosotros un
escenario lamentable: empresas despidiendo gente al por mayor. Por otro lado,
iría en picada el Almonomics, el proyecto económico-social del Presidente.
Todavía falta negociar el siguiente capítulo, si falla la Guardia Nacional: el
esquema del tercer país seguro lo quiere Trump para echar a nuestro territorio
a todos los migrantes, o el primer país de asilo, favorecido por México, que
conlleva un acuerdo regional, a fin de que los migrantes se distribuyan entre
los países vecinos. Cuento corto: no ocurrió el desastre económico que se
preveía para el lunes de esta semana, el peso ha ido recuperándose y hay un
espacio que podría prolongarse a más de 45 días para seguir negociando.
De
traiciones.
Parece
excesiva –mas no inusual en el temperamento de Muñoz Ledo– su juicio de que
aceptar las medidas de Estados Unidos es una traición a la historia de México.
En realidad, todavía no termina de escribirse la historia. Esquiva una
confrontación con López Obrador –a quien dice respetar profundamente– y enfoca
sus baterías contra el secretario de Relaciones Exteriores. Desde el saludo,
todo cuenta en diplomacia. Hay que ser muy firmes y muy serios. He visto fotos
de este funcionario que saluda casi hasta el piso, dijo. La memoria suele ser
traicionera. Por ahí circula una fotografía en que aparece alzándole el brazo a
Vicente Fox. Era 2000. El entonces candidato presidencial del Partido Auténtico
de la Revolución Mexicana (PARM), Porfirio Muñoz Ledo, declinó y se sumó a la
candidatura de Fox, el gran traidor de la democracia mexicana. Fue premiado con
una embajada en Europa. Pues sí, bien dice, todo cuenta, y no sólo en la
diplomacia.
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