Javier Risco.
No imagino
aún desde dónde manda los tuits matutinos. Esos que aparecen en su línea de
tiempo antes de las 7:30 de la mañana. ¿Tuiteará mientras desayuna? ¿Desde su
cama con Fox News de fondo? O lo hará desde su escritorio, sabiendo lo que
significan 140 caracteres que salen desde la calle de Pensilvania. Yo creo que
sí sabe lo que significan, pero también creo que su cerebro no le da para
interpretar la dimensión de los mismos. Tras el nudo mediático de lo que ha
significado pelear con China, Trump ha volteado a su siempre fiel saco de
boxeo… nuestro país. La ofensiva llegó con una amenaza arancelaria y no ha
parado. Como siempre, los lleva a los excesos con mentiras comprobables y con
adjetivos torpes. No importa, hace temblar a los mercados y hoy tiene a una
delegación de alto nivel de políticos mexicanos esperando una cita en la
antesala de la tragedia.
Se le hace
fácil, toma su celular y escribe: “La gente ha estado diciendo durante años que
deberíamos hablar con México. El problema es que México es un ‘abusador’ de
Estados Unidos, tomando, pero nunca dando. Ha sido así durante décadas. O
detienen la invasión de nuestro país por traficantes de drogas, cárteles,
traficantes de seres humanos, los coyotes y los inmigrantes ilegales, que pueden
llegar muy fácilmente”; “México está enviando una gran delegación para hablar
de la frontera. El problema es que han estado ‘hablando’ durante 25 años.
Queremos acción, no hablar. Podrían resolver la crisis fronteriza en un día, si
así lo desearan. De lo contrario, nuestras empresas y puestos de trabajo
regresarán a EU”.
Y así es
como abre esta semana de 'diálogo' Estados Unidos, con bombas debajo del
escritorio. Sin embargo, a veces nos concentramos demasiado en lo que sucede en
las oficinas, perdemos el foco de lo que hoy, ayer y mañana sucederá, en la
tragedia migrante y sus historias que no saben de Trump, de Twitter o de
delegaciones mexicanas en misiones imposibles. Mientras uno se encuentra
mensajes de odio en Twitter, o mensajes presidenciales pidiendo paz en tiempos
de ofensas, otros tuits llegan, otras ventanas se abren, no se trata de más
odio, pero sí de más dolor. El jueves por la noche me encontré con la cuenta de
Eliezer Budasoff, director Editorial de The New York Times en español, en ella
compartía un interactivo hecho por el NYT sobre la crisis migratoria: “Hay una
crisis en la frontera, pero no se trata de la invasión criminal que Donald
Trump quiere hacernos creer. Este mapa muestra una porción del desierto de
Sonora, en Arizona. Todos los días, los migrantes perdidos en el desierto
fronterizo llaman al 911 con la esperanza de evitar el terrible destino que
tuvieron miles de personas que cruzaron antes que ellos”. Acompañado del
interactivo, Eliezer transcribía estos mensajes desesperados, las voces del
911:
“Estoy solo,
completamente solo. Ya llevo siete días y llevo dos sin beber agua. Ayuda, nos
estamos muriendo”.
“Nos vamos a
morir en este desierto, nos estamos desmayando. Estamos en las últimas”.
“Yo tenía un
sueño, este, sacar a mi familia adelante. Y llevo tres días perdido sin comer.
Quería me ayudara al menos, que me detuvieran para ver si me pudieran dar algo
de comer”.
“Estoy
vomitando sangre. Tres días caminando y ya no tengo nada. Estoy sola, no tengo
nada. Sólo puras montañas donde estoy”.
“Está
lloviendo, hay mucho frío. Necesito ayuda. Estoy perdido, desde hace cinco días
no he comido”.
“¿Bueno?
¿Bueno? Me estoy muriendo, ¡me estoy muriendo! Me estoy muriendo. Se me está
parando el corazón ya”.
“Yo ahorita
tengo 17 años. Estoy solo, completamente solo, ya llevo siete días. Y llevo dos
días sin beber agua”.
“Mi esposa
se enfermó, necesitamos agua, hemos estado cinco días caminando en el
desierto”.
“Mi
compañero ya está muerto. Es que estaba bien, bien enfermo y ahorita ya está
muerto”.
“Ayuda,
ayuda, por favor. Estoy perdido en el desierto. Me llamo Melvin, necesito
agua”.
“Esposas no
me van a poner en las manos, ¿no? Yo sólo por necesidad vengo”.
Poco valen
los caracteres de Trump cuando se escuchan las voces migrantes, sus últimas
palabras, una dosis de realidad que debe estar en la cabeza de todos el
miércoles por la mañana.
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