Martín
Moreno.
Cuando un
empresario le cuestionó a López Obrador su decisión de cancelar el NAIM Texcoco
y le planteó la posibilidad de echar para atrás la medida, el tabasqueño le
espetó con un aire de reclamo:
– No, porque
si doy marcha atrás, ¿cómo voy a pasar a la historia?
Esa frase
dibuja, de cuerpo completo, al López Obrador Presidente: un político más
emocional que racional.
Y es
precisamente esa obsesión que raya en la patología política por querer pasar a
la historia, un día, como Lázaro Cárdenas, otro día, como Benito Juárez, y uno
más, como un fraile que practica la pobreza franciscana, que AMLO ha comenzado
a tomar decisiones que, hoy por hoy, lo tienen metido en un brete legal
producto de arrebatos a todas luces emocionales, poco inteligentes y, por
tanto, errados.
¿A qué
decisiones nos referimos?
Primera
decisión: la de construir un Aeropuerto en Santa Lucía carente de estudios
sólidos y profesionales de impacto ambiental, de viabilidad aérea, de seguridad
aeronáutica y de conexión aeroportuaria, cuya ausencia equivaldría a cancelar la
obra en cualquier parte del mundo. Construir un Aeropuerto sobre las rodillas
es un riesgo no solo para el país, sino para millones de visitantes
internacionales. Por ello, un juez suspendió, de momento, el arranque de obras
en ese lugar.
Segunda
decisión: la que dispuso AMLO para inundar la base de cimentación donde se iba
a construir el NAIM Texcoco, en un arrebato tan caprichoso como absurdo que
pretendía borrar – literalmente- cualquier vestigio de posibilidad en la zona
para edificar la terminal aérea. Inundarla. Destruirla, pues, lo que
conllevaría arrasar con una inversión de 14 mil millones de pesos pero que, de
momento, ha sido frenada por el Décimo Tribunal Colegiado. (Hoy sabemos por el
periodista Mario Maldonado que dos poderosos grupos empresariales, encabezados
por David Serur y Andrés Holzer, han ofrecido rescatar a Texcoco, lo cual le
daría lógica al apresuramiento de AMLO por inundar el basamento del NAIM).
¿Por qué
estas decisiones emocionales y poco inteligentes le abren un frente de batalla
legal que, aunque se empeñe en desconocer, minimizar e insultar, AMLO deberá
enfrentar con argumentos jurídicos, aéreos y científicos, más que con bravatas,
ofensas y amenazas de linchamiento público tanto a jueces como a ciudadanos que
están en todo su derecho, llámese como se llamen, de promover una acción que
consideran anticonstitucional y que la podemos asumir como un error garrafal
del atrabancado Presidente de México?
Por una
razón de peso y fondo:
Porque el
tema ya sale del terreno que domina e impulsa AMLO: el de la plaza pública, el
del levantamiento populachero de mano, el de la dinámica emocional, para entrar
en un terreno que no le favorece: el jurídico y legal, que ni es el fuerte de
López Obrador, y que ya ha presentado errores y titubeos por parte del
Consejero Jurídico de la Presidencia, Julio Scherer Ibarra.
Sí, por su
discurso y acciones más emocionales que racionales, AMLO se encuentra en un
camino bifurcado: o se va por la ruta de la legalidad con Santa Lucía y
Texcoco, con la posibilidad de una derrota en tribunales, o a la brava,
desconocer las mismas leyes constitucionales que juró respetar y hacer respetar
cuando tomó juramento como Presidente de la República, con las consecuencias legales
y de imagen que ello conlleve, y que tanto le preocupan a AMLO.
Tanto le
preocupan, como su obsesión por pasar a la historia como un Lázaro Cárdenas o
un Benito Juárez.
Empero,
hasta hoy, a seis meses de Gobierno, sólo le ha alcanzado para retratarse como
un remedo de Peña Nieto: colocando a la esposa de su contratista favorito en la
SCJN, otorgando contratos de obra por invitación restringida para grupos
cercanos a Palacio Nacional, y arrodillado sin chistar por Donald Trump.
Tal cual.
Si Mexicanos
Contra la Corrupción y la Impunidad (MCCI), la Coparmex, Claudio X. González,
Gustavo de Hoyos y demás organizaciones civiles y empresariales, han
interpuesto amparos en contra de Santa Lucía y de la inundación deliberada de
la base del NAIM Texcoco, están en su pleno derecho ante lo que consideran una
decisión errónea y precipitada, que le costará caro al país. Cualquier
organización o ciudadano, en pleno uso de sus facultades constitucionales,
tiene ese derecho. Y ese es intocable.
El resultado,
hasta ahora, no es cosa menor: 147 amparos promovidos contra Santa Lucía y a
favor de no destruir el basamento del NAIM Texcoco.
Se ha
impulsado al colectivo #NoMásDerroches, mediante el cual se pretende marcar un
alto a las decisiones emocionales de AMLO.
Por dos
días, #YoApoyoElAmparo fue TT en Twitter.
La
resolución legal sobre Santa Lucía podría llevarse hasta tres años, reveló el
director de Litigio Estratégico de MCCI, Gerardo Carrasco.
La Barra
Mexicana del Colegio de Abogados A.C, reprochó la amenaza pública de López
Obrador, quien dijo: “Tendría qué informar por qué se detiene (la obra) y
quienes son los responsables. No iban a quedar en el anonimato. A ver, éste
señor que tiene estos intereses presentó un amparo y este juez se lo otorgó…”, en
un claro amago de linchamiento público, profundizando aún más el divisionismo
en el país. “Consideramos inapropiado que el Ejecutivo intervenga en asuntos
jurisdiccionales, mediante acciones mediáticas o de otra índole, que inhiban o
cuestionen el ejercicio del derecho de defensa de las personas, que presionen o
dirijan al Poder Judicial, que vulneren la protección de los datos personales
de los denunciantes o en contravención a la división de poderes”, advirtió la
BMA. Fue una respuesta que jamás se le había recetado al Presidente en turno:
directa, durísima.
Seguramente,
las adhesiones a #YoApoyoElAmparo seguirán llegando. Y también estarán en su
derecho organismos y ciudadanos para que, a título grupal o individual, se
sumen a esta acción por la vía legal.
Es un
derecho ciudadano. Un equilibrio. Un contrapeso.
Y ese
derecho, hasta el Presidente de la República tiene la obligación de respetarlo.
AMLO está en
una disyuntiva: o respeta la ley o viola la ley.
El conflicto
aeroportuario ha entrado a un terreno que no favorece a López Obrador: el del
argumento legal, con un proyecto (Santa Lucía) a todas luces precipitado y
errado, con evidentes vacíos legales por la falta de estudios adecuados y
viables; de manera paralela, el tema ha salido de la plaza pública, donde AMLO
se mueve a sus anchas.
Las
pataletas de AMLO no pasarán de eso: berrinches al amenazar con exhibir
públicamente, ante sus fanáticos, a quienes han osado contradecir a la mal
llamada Cuarta Transformación. En arrebatos inmaduros se quedarán.
¿Por qué? En
este caso, lo que cuenta y prevalece es la ley.
“Al margen
de la ley nada, por encima de la ley nadie”, es frase recurrente de AMLO.
Nadie,
incluido, por supuesto, el Presidente de México.
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