Francisco
Ortiz Pinchetti.
Resulta muy
pertinente –e importante— el deslinde hecho por la Confederación de Cooperativas
de Ahorro y Crédito (Concamex) con respecto de la mal llamada “Caja Libertad”,
eje de las acusaciones contra el abogado Juan Collado Mocelo y socios por
diversos presuntos delitos, entre ellos delincuencia organizada y operaciones
con recursos de procedencia ilícita.
“Algunos
medios de comunicación han informado acerca de la detención de una persona
relacionada con Libertad Servicios Financieros, a la que de manera errónea se
le ha referido como Caja Libertad, siendo que su registro lo refiere como una
sociedad financiera popular”, indica la Concamex en un comunicado firmado por
su presidente, José Manuel Cruz.
Advierte el
documento que nombrar a dicha empresa como “caja de ahorro” puede generar
incertidumbre entre los socios de las sociedades de ahorro y préstamo (socaps),
al señalar a esa entidad y a sus dirigentes por presuntos actos ilícitos,
además de afectar el prestigio de las 127 cooperativas debidamente registradas
y autorizadas, hoy supervisadas por la Comisión Nacional Bancaria y la Comisión
Nacional para la Protección y Defensa de los Usuarios de Servicios Financieros
(Conducef), desde que se legisló en definitiva sobre el tema en 2009.
Los orígenes
de Libertad Servicios Financieros datan de 1960, cuando efectivamente se
constituyó con el nombre de Caja Popular Libertad. De 1994 a 1996 operó como
sociedad de ahorro y préstamo, y de ese último año hasta 2008 bajo de sociedad
cooperativa de responsabilidad limitada. En diciembre de ese año esa sociedad
financiera, mediante un proceso muy controvertido, se transformó a su actual
condición como una sofipo (sociedad financiera popular).
En su
momento, por cierto, se señaló a los directivos de dicha entidad de hacer esa
transformación de manera poco transparente y sin informar debidamente a los
socios de lo que fue la cooperativa original.
Aclara
también la Concamex que las sociedades cooperativas o cajas populares son
organizaciones formadas por personas físicas, que de manera voluntaria se unen
para satisfacer sus necesidades en términos de promoción del ahorro y uso del
crédito cooperativo. “Los resultados del trabajo en conjunto entre los socios
contribuye a mejorar el nivel de vida de sus integrantes”, pone.
Las
verdaderas cajas populares de nuestro país constituyen un movimiento histórico
noble, con motivaciones encomiables. Su nacimiento ocurrió en 1951 cuando el
sacerdote Pedro Velázquez Hernández, director del Secretariado Social Mexicano
(SSM), órgano de pastoral social del Episcopado mexicano fundó la primera de
ellas.
En la década
de los años sesenta, las cooperativas de ahorro y crédito, bajo el lema de “Por
un capital en manos del pueblo”, empezaron a proliferar en pequeñas comunidades
rurales y poblaciones medias, sobre todo en la región del Bajío. Luego se
extendieron a Puebla, Hidalgo, Veracruz, Michoacán y otras entidades. Su
principal promotor fue Manuel Velázquez Hernández, sacerdote también, hermano
de Pedro, que había viajado a Nueva Escocia, Canadá, junto con el padre Carlos
Talavera, para conocer el funcionamiento de esa forma de entidades
cooperativas, que ya eran comunes en ese país, en Estados Unidos y varias
naciones europeas, particularmente Francia.
Las cajas
populares se rigen conforme a los principios básicos del cooperativismo y son
una alternativa sencilla de acceso al ahorro y crédito con condiciones más
viables y favorables. Ofrecen tasas de interés competitivas con respecto a las
de otras instituciones financieras. Algunas brindan además educación y
formación a la gente (programas culturales de ahorro y crédito) y su presencia
en zonas rurales, además de combatir a los agiotistas, permiten depositar
montos pequeños y otorgan préstamos más chicos que la banca tradicional. Los
socios participan de las utilidades generadas por los intereses que se pagan
sobre los créditos otorgados.
Fruto del
rápido crecimiento de las cooperativas, en 1964 se constituyó en la Ciudad de
México la Confederación Mexicana de Cajas Populares, encabezada por Florencio
Eguía Villaseñor (en un encuentro al que asistí por cierto como integrante
voluntario del equipo organizador del evento).
Al fallecer
el padre Pedro en diciembre de 1968, Manuel asumió la dirección del SSM que
ejerce hasta la fecha. En abril de 2013, el sacerdote recibió de la Cámara de
Diputados la Medalla al Mérito Cooperativista y la Economía Social, en una
particularmente emotiva ceremonia.
La promoción
de las cajas populares y la fundación de la CMCP, sin embargo, fue sólo una de
las más de 20 instituciones importantes creadas por el Secretariado Social en
los años sesenta y setenta del siglo pasado. Entre otras estuvieron el Frente
Auténtico del Trabajo (FAT), la Juventud Agrícola Mexicana (JAM), el Instituto
Mexicano de Estadios Sociales (IMES), la Unión Social de Empresarios Mexicanos
(USEM), el Centro Nacional de Comunicación Social (Cencos), Promoción del
Desarrollo Popular (PPD), el Centro Operacional de Vivienda y Poblamiento
(Copevi), la Unión de Empresarios Católicos (UEC), la Federación Campesina
Latinoamericana (FCL), la Unión Mexicana de Trabajadoras Sociales (UTS) y la
Central de Servicios Populares (CSP).
Esas y otras
instituciones, la mayoría de las cuales subsisten hasta la fecha, adquirieron
plena economía cuando a su vez la obtuvo del propio Secretariado Social con
respecto al Episcopado, al optar el padre Manuel por asumir como guías de su
quehacer la Teología de la Liberación y la opción preferencial por los pobres.
En ese
marco, pienso, es justo e importante deslindar claramente a una institución tan
respetable como las cajas populares de una sociedad financiera particular que
hoy es objeto de una investigación judicial.
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