Julio
Astillero.
Resulta
irónico que haya sido la propia administración de Andrés Manuel López Obrador
la que puso un escalón para que Felipe Calderón Hinojosa retomara aire político
y se trepara al foro de primer nivel de la escena pública, con lo cual avanza
el ex panista en su intento de constituirse en la figura central de una
oposición que hasta ahora no ha logrado asentarse.
El conflicto
de la Policía Federal (PF) creció ayer hasta alcanzar los micrófonos del
presidente López Obrador y del secretario de Seguridad, Alfonso Durazo Montaño.
En conferencia de prensa, el sonorense encargado de la protección ciudadana
llegó a decir: No es casual y no requiere mayor explicación que uno de los
integrantes del grupo de los elementos de la PF que están inconformes con su
integración a la Guardia Nacional haya considerado que el ex presidente Felipe
Calderón sea uno de sus representantes sindicales. AMLO había dicho antes que
en el movimiento de los policías había mano negra y su narrativa se desenvuelve
en el sentido de que hay factores oscuros.
Sea porque
ciertamente él ha estado detrás de este conflicto o porque así le fue entregado
un involuntario regalo político, Calderón Hinojosa aprovechó la oportunidad y
confrontó al Presidente de la República con un argumento muy apreciado en el
antiobradorismo: “Deje de descalificarnos, con calificativos, a quienes no
pensamos como usted (…) Yo le pido respetuosamente que deje de dividir a
México”.
Luego negó
cualquier forma de autoría en el problema con los policías, aunque en los
hechos se colocó abiertamente del lado de ellos y aprovechó para hacer un guiño
solidario a soldados, marinos y policías. Así, de un golpe, el político
michoacano abiertamente ganó para su bando una porción de la masa policiaca en
pugna y se adjudicó el rol de interlocutor directo, por alusiones personales de
Durazo, del Presidente de la República.
El video de
casi siete minutos constituye la mayor promoción hecha hasta hoy al proyecto
del citado Calderón y su esposa, Margarita Zavala, quienes han intentado varias
vías para regresar al poder, tanto con la precandidatura presidencial sin
partido que ella intentó, sin éxito, hasta la actual pretensión de construir un
partido político propio, que no ha podido avanzar. El asomo videográfico de
Calderón reportará, además, a los opositores a la llamada Cuarta
Transformación, un provisional tanque de oxígeno luego de las marchas de
protesta que han organizado y no han tenido buenos resultados ni en lo numérico
ni en lo organizativo.
Un punto
delicado de lo sucedido ayer (a lo que habría de sumarse lo que pueda decir en
similar tono duro el Presidente en su conferencia mañanera de hoy) es que este
litigio se está librando con fuerzas armadas federales como piezas de un
tablero de ajedrez político, lo cual no había sucedido con tales dimensiones y
claridad desde la asonada que desembocó en la instalación del golpista
Victoriano Huerta en la Presidencia de la República.
De esa
manera, resulta muy peligroso confrontar y dividir desde posicionamientos
políticos a fuerzas que por su naturaleza portan armas y, en este caso concreto
de la historia nacional, que han sostenido una fuerte relación con intereses
sumamente densos. Los cuerpos policiacos han sido sostén y brazo ejecutor de
los gobiernos que durante décadas han ido hundiendo al país. Su historial está
repleto de sistemáticos actos delictivos, salvajes violaciones a los derechos
humanos y una muy conocida (con sus excepciones, diría algún tabasqueño)
relación de complicidad con eso que llaman crimen organizado, que en el fondo
es un crimen compartido entre delincuentes explícitos, policías y otros cuerpos
similares y políticos.
En ese
contexto, Calderón trata de acaudillar lo peor de ese espectro policial, con la
expectativa de sumar fuerzas y circunstancias que ayuden a su causa política
grupal y familiar y al proyecto multifactorial más amplio, que busca deponer o
cuando menos limitar fuertemente al actual presidente de la República.
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