Alejandro Calvillo.
Las grandes corporaciones de alimentos, bebidas azucaradas y
alcohol siguen las mismas prácticas criminales de la industria del tabaco.
Estas prácticas, de bloquear por todos los medios posibles las políticas de
salud pública dirigidas a reducir el consumo de sus productos, se consideran
criminales porque al final son causantes de enfermedades y muertes que podrían
evitarse. Las prácticas de las grandes corporaciones de alimentos, bebidas
azucaradas, alcohol y tabaco, a través de su interferencia en las políticas de
salud pública, son una de las principales causas de enfermedad y muerte entre
los mexicanos.
Los logros que se han tenido a escala internacional y en
varias naciones frente al tabaquismo muestran que las políticas de salud
pública recomendadas por la Organización Mundial de Salud, que las grandes
tabacaleras combaten, pueden prevenir millones de muertes. Lo mismo ocurre con
el consumo de alcohol y la comida chatarra. Las políticas regulatorias son
similares para todos estos productos: regulación de su publicidad,
restricciones a su venta, etiquetados de advertencia y medidas fiscales.
El gran reto en salud para la 4T, además de enfocarse en la
atención primaria, una estrategia muy necesaria, está en no ser cooptada por
las grandes corporaciones, como lo fueron las administraciones pasadas. La
preocupación es que existen miembros de la 4T que muestran su contubernio con
estas industrias.
Por un lado, el país carece de un Pan Nacional sobre Alcohol
y el consumo de estas bebidas está presentándose cada vez a más temprana edad
con un aumento en los episodios de alto consumo, especialmente, entre las
niñas. Por otro, el consumo de tabaco se está presentando, también, a menor
edad. Los cigarrillos electrónicos y los no regulados “vapers” están penetrando
como nunca lo habían hecho los cigarrillos tradicionales entre los niños,
atrayéndolos con sabores y la novedad de fumar a través de un aparato
electrónico. Sobre la comida chatarra y las bebidas azucaradas no hay más que
decir que los mexicanos ocupamos los primeros lugares en el consumo de estos
productos, lo que nos ha llevado a uno de los mayores índices de obesidad y
diabetes en el mundo.
Si no se baja el consumo de estos productos, como ya se ha
logrado en otras naciones, la cascada de enfermos y defunciones no parará, sólo
aumentará. No hay sistema de atención que pueda ser un dique a esta cascada de
cuerpos enfermos que en cientos de miles cae por el impacto en salud que genera
el consumo de tabaco, el alto consumo de alcohol y las enfermedades ligadas a
la epidemia de obesidad y diabetes que vivimos por el alto consumo de bebidas
azucaradas y comida chatarra.
En la historia de la humanidad muy diversas culturas han
consumido bebidas alcohólicas, unas menos numerosas han fumado tabaco, y
ninguna había consumido refrescos y comida chatarra. En las sociedades
tradicionales, el consumo de alcohol y de tabaco se daba solamente en ocasiones
determinadas, durante las festividades o encuentros especiales.
Convertidos estos productos en las mercancías de grandes
corporaciones globales su consumo se ha generalizado e intensificado. Estas
corporaciones tienen como objetivo expandir sus mercados con el fin de mostrar
ganancias crecientes en las bolsas de valores, no tienen otra lógica que lograr
nuevos consumidores y que sus consumidores consuman mucho. La penetración de
estos productos en la vida diaria de la población alrededor del mundo -de
comida chatarra, de alcohol y de tabaco- ha pasado a convertirse en la
principal causa de las llamadas Enfermedades Crónicas No Transmisibles (ECNTs)
que, en gran parte del planeta, son ya la principal causa de enfermedad y
muerte.
La Dra. Margaret Chan, durante su mandato al frente de la
Organización Mundial de Salud, señaló: “Los esfuerzos para prevenir las
enfermedades no transmisibles van en contra de los intereses comerciales de los
poderosos operadores económicos. En mi opinión, este es uno de los mayores
desafíos que enfrenta la promoción de la salud…Ya no son solo las grandes
empresas de tabaco. La salud pública también debe competir contra las empresas
grandes de alimentos, bebidas y alcohol. Todas estas industrias temen la
regulación y se protegen utilizando las mismas tácticas”.
La Diputada Tatiana Clouthier actuó, como parte de la estrategia
de estas grandes corporaciones de alimentos y bebidas, para bloquear la
iniciativa de ley para establecer un etiquetado frontal de advertencia en la
comida chatarra y las bebidas azucaradas. Promovió un transitorio con el
propósito de entregarle el diseño de este etiquetado a la propia industria. El
diputado Javier Hidalgo la acompañó en la estrategia y boicoteó una reunión de
la Comisión de Salud en que se aprobaría esa iniciativa negando su firma para
evitar que se lograra el quorum necesario. Y el llamado “poll” del diputado
Mario Delgado presionó a otros diputados de Morena en el mismo sentido. Se dice
que las instrucciones venían de Alfonso Romo.
Es así que un grupo de la 4T se está oponiendo a lo que 15
diputados de Morena y otros partidos ya habían aprobado en la mesa directiva.
Bloquean, al servicio de FEMSA, una política exitosa recomendada por la
OPS/OMS, FAO, UNICEF, el Instituto Nacional de Salud Pública, la sociedad civil
y a un grupo de destacados académicos, entre ellos directores de institutos de
salud.
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