Dolia
Estévez.
AMLO ha
tenido una relación de amor y odio con los amos de México. Durante la campaña,
acusó a Germán Larrea de “tráfico de influencias” y de “presuntos actos de
corrupción”. Sin embargo, cuando Larrea envió una carta a sus empleados (Forbes
29/05/2018), exhortándolos a emitir un voto “razonado e inteligente” para
impedir el arribo del “populismo”, López Obrador le mandó decir que no lo
odiaba.
AMLO no
odia a Larrea, pero millones de mexicanos sí. No sabemos a ciencia cierta
cuántas muertes, enfermedades, pérdidas económicas y daños al medio ambiente ha
causado su voraz avaricia. Cuántas vidas de hombres, mujeres, niños y ancianos
ha destruido explotando salvajemente las riquezas naturales del país. No hay
datos duros. Ni el gobierno ni las ONGs lo han cuantificado.
Germán
Larrea es el segundo hombre más rico de México, sólo detrás de Carlos Slim
Helú. Ocupa el lugar 98 en la lista mundial de multimillonarios de Forbes. La
revista calcula su fortuna en 14 mil millones de dólares. Larrea se volvió
multimillonario con la complicidad y complacencia de gobiernos del PRI y PAN.
Grupo
México, del que es socio mayoritario, es dueño de la minera más grande de
México y de las reservas de cobre más cuantiosas del mundo. También es dueño de
ferrocarriles, constructoras y cadenas de cines. Tiene presencia en Perú,
Estados Unidos, Argentina, Chile, Ecuador y España.
En
cualquier otro país, donde las leyes se cumplen y nadie está por encima de
ellas, por más rico que sea, Larrea ya hubiera sida acusado de ecocidio.
Cuestión de ver tres de sus crímenes más emblemáticos.
• En 2000, Grupo
México prestó oídos sordos a reportes sobre serias fallas de seguridad en la
mina Pasta de Conchos, en Coahuila. Seis años después, se registró una mortal
explosión por acumulación de gas que dejó atrapados a 65 mineros. Sólo dos
cuerpos fueron recuperados. En febrero pasado, en el aniversario de la
explosión, AMLO dijo que se reiniciará el rescate de los cuerpos y vaticinó que
Larrea “no va a oponerse, porque es una decisión con dimensión humanitaria”.
Golpe de timón en sus sentimientos. En 2018 acusó a Larrea de tener, “poco
corazón, poco humanismo, no invirtió para desenterrar los cuerpos de los
mineros” (Proceso 29 mayo 2018).
• En 2014, le
tocó a Sonora. Buenavista del Cobre, en Cananea, subsidiaria de Grupo México,
derramó 40,000 metros cúbicos de sulfato de cobre en los ríos Sonora y
Bacanuchi. Sus diáfanas aguas azules se pintaron de rojizo metálico. El
desastre ambiental afectó la salud de 24 mil personas e indirectamente la vida
de 250 mil pobladores de siete municipios que vieron destruidas sus cosechas y
fuentes de trabajo. La catástrofe es considerada la peor en la historia de la
minería. Se teme que el daño a la fauna y la flora sea irreparable.
• Su
último crimen se dio el miércoles pasado, también en Sonora. Metalúrgica de
Cobre de México, propiedad de Grupo México, derramó 3 mil litros de ácido
sulfúrico en el puerto de Guaymas, en el Mar de Cortés en el Golfo de
California. En Twitter, aparecieron imágenes de peces muertos atribuido al
derrame. En el área del accidente habitan pelícanos, lobos marinos, delfines y
una amplia variedad de peces. Grupo México se justificó diciendo que el derrame
“no generó ningún daño a persona alguna”.
Larrea es un
multimillonario enigmático. Cuando hay desastres, como el de Guaymas, no da
la cara. Desprecia los reflectores. Pocas personas fuera de su familia y de la
élite empresarial conocían su aspecto físico.
Eso cambió
en 2014, cuando Presidencia publicó en su página web una foto de Larrea
sonriente, saludando a Enrique Peña Nieto. Es un hombre alto, grueso, con
cabello muy rubio, casi rojizo como el color del sulfato de cobre que derrama
en los ríos. Los datos básicos sobre su biografía siguen siendo un misterio.
Larrea
viaja seguido a Estados Unidos donde es dueño de ASARCO, empresa integral de
minería, fundición y refinería. Explota tres grandes minas en Arizona. No hay
registro de daños al medio ambiente.
También es
dueño de inmuebles de lujo en Chicago y Florida que compró no sin antes
regatear precios. Cree que como Salinas le malbarató la mina de Cananea, el
resto del mundo está obligado a hacer lo mismo. Tiene fama de codo. Quiere
vivir como rey pero sin pagar el costo.
En
México, sus crímenes no tienen consecuencias. Actúa bajo el manto de la
impunidad. El gobierno de Peña Nieto se negó a multarlo o tomar acciones
legales tras el desastre en Sonora. No hay indicios de que habrá cambio.
A principios
de mes, AMLO desestimó la posibilidad de un desencuentro con Grupo México,
argumentando que no pretende “anclarse” al pasado sino “inaugurar una etapa nueva”.
“Qué hacer con el saqueo… con las injusticias, sólo teníamos dos opciones:
meternos a juzgar a los responsables o decir punto final” (Proceso 04/07/2019).
Su respuesta al derrame en Guaymas fue en el mismo tono. No condenó el acto. Se
limitó a decir que la Semarnat iba a intervenir. Cero sentido de urgencia.
Germán
Larrea hace en México lo que quiere porque puede. Tiene cheque en blanco. Es
dueño del subsuelo y opera con derecho de suelo. Es intocable.
Germán
Larrea está por encima de las leyes y de los gobiernos. Sean del partido que sean.
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