Julio
Astillero.
Tatiana
Clouthier se ha jugado su futuro político al encabezar ayer el pronunciamiento
pluripartidista contra las maniobras marrulleras que en Baja California
pretenden extender el ejercicio gubernamental de Jaime Bonilla Valdez por tres
años: si contó con la autorización, o incluso el aliento, del presidente Andrés
Manuel López Obrador, aumentarán sus posibilidades de ser la candidata de
Morena al gobierno de Nuevo León (para sustituir al deplorable Jaime Rodríguez,
fallidamente autodenominado El Bronco); si se fue por la libre, sin consultar
al habitante de Palacio Nacional, acelerará el proceso de rechazo que en el
primer círculo del obradorismo ya se manifestó cuando desde ahí se le pretendió
enfilar a una grisácea subsecretaría de Gobernación en lugar del sitio
legislativo a partir del cual se ha ido afinando como una especie de disidencia
interna del morenismo al que no está afiliada formalmente, pero el cual ha
significado, hasta ahora, su mejor plataforma de posicionamiento público.
Clouthier
apareció en las fotografías congresales junto a una morenista constantemente
disidente, Lorena Villavicencio, a quien algunos de sus compañeros de partido
ven con recelo. Además, la perredista Verónica Juárez, quien coordina la
decreciente bancada del sol azteca en San Lázaro, la integrante de Movimiento
Ciudadano Martha Tagle y el panista Damián Zepeda.
Representación
de cuatro partidos contra el agandalle de Bonilla y algunos de sus
correligionarios. Y, finalmente, la aprobación por parte de los ocho partidos
con bancada legislativa de la propuesta presentada ante la Comisión Permanente
del Congreso de la Unión para expresar un rechazo oficial a la pretensión
bonillista de asignarse tres años más de mando. Además, se demandó al
gobernador panista, Kiko Vega, que no promulgue ese proyecto de modificación
legal.
El dato
llamativo, desde luego, fue la participación de la diputada Clouthier, quien
con toda oportunidad se manifestó en contra de la llamada ley Bonilla. El
orador designado por el partido en el poder, para apoyar la propuesta arriba
reseñada, fue cuidadoso en sus palabras y apoyó la moción sin cargar la tinta
contra el gobernador electo por dos años. Aun cuando podrían faltar pasos
procesales para cumplir con este exhorto de la Permanente, en términos
políticos tal pronunciamiento pluripartidista unánime debería significar el fin
de la aventura continuista del mencionado Bonilla y sus extraños aliados.
Sin embargo,
los reflectores lanzados sobre el futuro gobernador constitucional de Baja
California deberían sostenerse cuando menos durante los dos años de ejercicio
de Bonilla, a quien con demasiada frecuencia se le ha señalado como un político
comprometido con proyectos empresariales lesivos para el interés popular de aquella
entidad. Lo vivido hasta ahora ha confirmado que no le animan a Bonilla los
mismos propósitos que teóricamente debería practicar el morenismo llegado al
poder.
El episodio
bajacaliforniano va significando una derrota más para Yeidckol Polevnsky, la
dirigente formal del partido Morena a la que ya buscan siguiente acomodo (una
de las posibilidades consiste en que le abran un espacio en las
representaciones diplomáticas mexicanas, de entre las cuales la más interesante
sería la embajada en España). Aun cuando en términos declarativos la ex
dirigente de un organismo empresarial sostiene que luchará hasta el final como
candidata a un periodo propio de liderazgo en Morena (hasta ahora, ha sido una
secretaria general en funciones de presidencia), lo cierto es que se enfila con
más viabilidad (es decir, con beneplácito de Palacio Nacional), Bertha Luján
Yáñez, miembro del primer círculo andresino, aunque con la pretensión
participativa del ebrardista Mario Delgado y del monrealista Alejandro Rojas
Díaz-Durán.
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