Julio
Astillero.
Ala hora de
redactar la presente columna no había suficiente esclarecimiento de lo sucedido
en un establecimiento de comida rápida en una plaza comercial de Zapopan, en la
zona metropolitana que tiene a Guadalajara como denominador común.
Un
comunicado oficial del gobierno de Nayarit estableció en primera instancia que
María Luisa Aguirre de Echevarría y sus dos menores hijos se encontraban en un
restaurante cuando unos hombres entraron al lugar y dispararon contra uno de
los comensales que no tenía relación alguna con la familia del gobernador. En
medio de la confusión, el personal de seguridad de la familia del gobernador
enfrentó a los agresores para salvaguardar la integridad de todas las personas
que se encontraban en el sitio y abatieron a dos de los tiradores.
A reserva de
las precisiones del caso, lo sucedido confirma la grave situación de
inseguridad que se vive en todo el país, a tal grado que se produzca una
balacera en una plaza comercial sumamente concurrida (ayer era el último día de
barata de verano de la principal tienda departamental de ese conjunto
comercial: estacionamientos repletos, gangas en otras tiendas, muchos
visitantes, acompañados de sus familias) y a plena luz del día (alrededor de
las cuatro de la tarde).
Ya las
indagaciones oficiales habrán de puntualizar lo acontecido en ese lugar, pero
no está de más recordar que Nayarit ha sido una plaza menos mencionada que
otras en cuanto al dominio de cárteles del crimen organizado. Pero la densidad
delictiva concentrada en esa entidad es similar a la de los peores focos rojos
en el mapa criminal del país. Basta recordar que durante el gobierno del
priísta Roberto Sandoval, quien mantuvo una muy buena relación con el también
priísta Aristóteles Sandoval, quien fue gobernador de Jalisco, el fiscal
general del rstado fue Édgar Veytia, apodado no sin justa razón como El Diablo.
Dicho fiscal
se convirtió en el principal protector y beneficiario de redes de producción,
importación y distribución de drogas (mariguana, cocaína, heroína y
anfetaminas), hasta que policías de Estados Unidos lo detuvieron en marzo de
2017, antes de que cruzara la frontera, de regreso a México. Veytia instauró en
Nayarit un auténtico imperio del mal, utilizando la estructura de la fiscalía
para obligar a ciudadanos a ceder ante imposiciones diversas y convirtiéndose
él mismo en el principal narcotraficante de la región, hasta que Estados Unidos
lo detuvo, procesó y sentenció a varios años de cárcel.
La histórica
hegemonía priísta en esa entidad fue rota en 1999 por Antonio Echevarría
Domínguez, el hombre rico del estado, quien fue postulado por los partidos de
la Revolución Democrática, del Trabajo, de la Revolución Socialista (de
Nayarit) y, en realidad y sustancialmente, Acción Nacional. Un hijo de este muy
próspero empresario, que gobernó de 1999 a 2005, ocupa actualmente el mando
estatal: Antonio Echevarría García (también a nombre de una coalición partidista
aunque, en realidad, de sello panista), cuya esposa e hijos estuvieron en el
centro de los sucesos de este miércoles en la tarde en Zapopan, Jalisco.
Por fortuna
no hubo ningún hecho de sangre relacionado con la familia de un gobernador,
pues una tragedia así habría sido noticia de difusión internacional. Es posible
que, como se ha planteado en versiones oficiales preliminares, la irrupción
armada no tuviera nada que ver con la familia Echevarría Aguirre. Es necesario
esperar más información para que quede claro este inusual ataque.
No podría
ser de otra manera con Laura Bozzo, la polémica presentadora de programas,
llamados basura, en la televisión mexicana y de otros países latinoamericanos:
recibió un doctorado honoris causa por parte de tres empresas educativas cuyos
nombres difícilmente serían mencionados en los medios de comunicación a no ser
por un episodio grotesco como el escenificado en un salón del Congreso de la
Ciudad de México donde la mencionada Laura Cecilia Bozzo Rotondo asumió su muy discutible
grado honorario de excelencia.
No hay comentarios.:
Publicar un comentario
Gracias por tu comentario.