Javier Risco.
Es un primer aviso, un foco rojo, o una llamada de atención,
como usted lo quiera ver. Nadie quiere que fracase este gobierno y mucho menos
que el futuro de cientos de miles de jóvenes sea afectado. Dicho esto, el
reportaje de la periodista Karina Suárez, en el diario El País es por lo menos
preocupante. En el trabajo periodístico se señala que a menos de seis meses de
su puesta en marcha, el programa laboral “Jóvenes construyendo el futuro”, del
gobierno en curso, acumula al menos cinco mil quejas ante la Secretaría del
Trabajo. Así es como la estrategia que promueve el inicio de una vida laboral
para jóvenes entre 18 y 29 años a cambio de una beca mensual de 3 mil 600
pesos, empieza a tener grietas e historias que no están llegando a buen fin,
experiencias que en menos de 90 días han sido un fracaso.
En el reportaje publicado ayer se rescatan voces como la de
Denisse Vásquez, de 27 años, la cual entró a una consultora de seguridad con la
promesa de una “tutoría de excelencia”; esta “tutoría” se convirtió en cursos
que le cuestan a ella 800 pesos y que no incluyen materiales; la joven concluye
con una simple frase: “hay mucha corrupción”. También está la historia de
Michel Chávez, quien entró a una compañía a dar cursos de finanzas e idiomas,
pero era tal la precariedad de la empresa, que no tuvo nunca un lugar de
trabajo ni equipo para enseñar, y ahora se encuentra buscando otro trabajo. Hay
otros casos donde las empresas presentan un atraso de pago de beca, tres meses
con puras promesas.
En el gobierno no han sido omisos a todas estas quejas, saben
de la falta de responsabilidad de algunos de los más de 157 mil centros de
trabajo vinculados y, hasta el momento, la dependencia federal ha separado a
más de 300 empresas que no cumplieron con las reglas del proyecto de gobierno.
¿Ha sido suficiente?, si hay cinco mil quejas hasta el momento, yo creo que no.
En las próximas semanas se tiene planeado visitar dos mil compañías adscritas
al programa, ¿es suficiente?, del universo total de casi 160 mil, parece que el
gobierno otra vez se queda corto.
Aún en esta etapa en la que se le concede el desarrollo y
aplicación del programa, el gobierno está a tiempo de solucionar estos
problemas que muestran una estrategia improvisada. Será hasta enero, cuando
salga la primera generación de jóvenes construyendo el futuro, donde sabremos
si realmente están preparados para dar el salto al mundo laboral o si
encontramos más decepcionados que jóvenes motivados. La apuesta más importante
del proyecto obradorista en su visión de futuro empieza a dar dolores de
cabeza. Que ésta se convierta en una primera llamada para corregir el abuso de
empresas, la poca capacitación de los tutores, y una cercanía mayor con los 2
millones 300 mil jóvenes que sostendrán el futuro político del Presidente.
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