Diego Petersen Farah.
Al salir a la defensa de uno de los empresarios miembros de
su consejo, Ricardo Salinas Pliego, el Presidente dijo que el hecho de que una
acusación se publique en el Wall Street Journal (WSJ) no la hace verdadera. Y
tiene toda la razón, no es el medio en que se publica una información lo que la
hace falsa o verdadera sino la información y los datos que aporta. El historial
de un medio, la forma en que se ha comportado a lo largo de su historia, hace
que sea más o menos confiable. Esto es, todos los medios se equivocan en algún
momento en alguna nota, en algún dato, pero hay unos que lo hacen con más
frecuencia e incluso con dolo. Por eso la cabecera importa, por eso unos tienen
más credibilidad que otros.
La credibilidad no es otra cosa que la confianza, una especie
de contrato fiduciario (fides significa fe, confianza, lealtad) en el que el
lector o usuario pone su lealtad en un medio porque confía que detrás de cada
palabra escrita hay una serie de valores asociados a la veracidad de la
información: ética, profesionalismo, verificación de datos, etcétera. Para
desgracia del Presidente, WSJ está entre los medios con mayor credibilidad,
pero aun así tiene razón: no por ello la información es cierta.
La información es cierta o falsa por lo que dice y eso es lo
que deberíamos de discutir. Todos los políticos tienden a desestimar o a
apreciar una información en función de cómo le cae el medio donde se publica.
¿Para qué matar al mensajero que trae las malas noticias si se le puede
simplemente difamarlo, desacreditarlo, ningunearlo desde el poder? Así como lo
odioso de las comparaciones es en realidad el resultado de estas, lo odioso de
los medios no es su existencia sino lo que publican. Los políticos celebran la
existencia de los medios cuando son su caja de resonancia, los amplificadores
de su voz, sus ideas, sus ocurrencias y hasta de sus chistes. López Obrador es
feliz frente a los medios todos los días, a veces hasta le gustaría que
aplaudieran, pero no importa, se da con que están ahí todos los días para
llegar hasta al último rincón del país con su palabra. Tienen derecho a
preguntar, pero no a cuestionar ni a poner en duda la honorabilidad de los
suyos. Bartlett puede tener muchas casas porque es un hombre arrepentido;
Lozoya es un criminal, aunque también haya comprado las casas “cuando no era
funcionario” (PLOP! Secretaria Sandoval). Cuitláhuac García, el Gobernador de
Veracruz, tiene derecho a ser un inútil, porque se lo ganó con horas de sol en
mítines y concentraciones, levantando los ánimos de los agotados ciudadanos que
acudían a escuchar al entonces candidato eterno; los gobernadores de oposición
ellos sí son responsables de la inseguridad.
Una verdadera transformación sería dejar de desacreditar a
los medios y concentrarnos en la veracidad de la información; discutir la
eficiencia y pertinencia de las políticas públicas sin importar quién la
propone o propuso; impedir y castigar los negocios que se hacen desde el poder
y con el poder y no la filiación política de quienes los hacen. Pero nada, es
solo una ocurrencia.
Tres Patadas se va de vacaciones. Nos vemos (leemos) el 27 de
septiembre.
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