martes, 24 de septiembre de 2019

Corrupción: las ganas de creer.


Salvador Camarena.

No todos los días se topa uno con la palabra histórico en un boletín de un gobierno. Ni siquiera pasa en la actual administración federal, tan dada al autobombo. Pero en su comunicado de ayer, que lanza un par de veces por los aires la palabra “Histórico”, y que detalla los resultados del Barómetro Global de la Corrupción 2019 (BCG), a la Secretaría de la Función Pública le faltaron, por así decirlo, otros datos.

“Histórico salto de la confianza ciudadana en la lucha contra la corrupción con el gobierno de AMLO”, dice el título del boletín de la SFP. Y se refiere a que “61% de los mexicanos valora positivamente la estrategia anticorrupción del Gobierno Federal”, en ese estudio “elaborado por Transparencia Internacional, con sede en Berlín, lo que claramente contrasta con el 24% registrado en la edición de 2017”.

El boletín no escatima esfuerzo en poner como lazo de cochino a la administración anterior, dueña de un triste récord donde en 2017 “el 61% de los mexicanos reprobó la labor del gobierno de Enrique Peña Nieto en esta materia”, mientras que hoy “ese número llega apenas a 36%”.

Pero hay otras cifras que el boletín de la Función Pública no destaca. Y que son graves. Si se revisa con más detalle el reporte de Transparencia Internacional tenemos como país, a nivel latinoamericano, varios nada honrosos primeros lugares en corrupción.

Quitando a Venezuela, México registra el porcentaje más alto de respuestas en cuanto a gente que reporta haber sido víctima de extorsión en algún trámite o servicio: 34%.

De igual forma, salvo los venezolanos, el mexicano es campeón latinoamericano en interacciones con la policía que implican dar mordida: 52%. Si quieren saber lo lejos que estamos de tener una policía como la chilena, valoren que el chileno promedio sólo reporta ese problema de corrupción policial en el 5% de los casos. Diez a uno.

Y donde las alternancias son igual de malas que el PRI es en cuanto a corrupción electoral, de la que México es número uno latinoamericano: “una de cada dos personas recibió un soborno a cambio de su voto, y una de cada cuatro personas fue amenazada con represalias”. Nomás.

Finalmente, México está peor en el índice de extorsiones sexuales que Argentina, Chile, Colombia, Panamá, Costa Rica, Trinidad y Tobago, El Salvador y República Dominicana.

Pero aun si le bajamos dos rayitas al entusiasmo oficialista tenemos, sin duda, buenas noticias. Los mexicanos, mayoritariamente, tienen ganas de creer que su gobierno está haciendo bien o muy bien la lucha contra la corrupción. Porque mientras que en 2017 sólo 6% dijo que percibía que la corrupción había disminuido en los últimos doce meses, ahora contestó así el 21%. Un montón más, sin duda, y eso que la encuesta de la que surge el estudio se hizo en febrero y marzo, cuando el gobierno de AMLO no ponía gran cosa en el asador.

Sin duda los resultados del BCG suenan consistentes con el ánimo positivo de la sociedad al ver que Rosario Robles, Juan Collado y Emilio Lozoya están siendo enjuiciados. Pero si tales juicios no se traducen en procedimientos claros y exhaustivos (donde se acrediten con hechos la culpabilidad o inocencia de cada caso), si esos personajes terminan como chivos expiatorios volveremos a lo de cada sexenio: gran, y estéril, expectación.

Hay que guardar, en efecto, este boletín “histórico”, porque constituye una de las varas más altas con que ha de ser medida la administración del presidente López Obrador. La vara de gente que quiere creer en un cambio verdadero.

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