Javier Risco.
Se llama
Laura, en estos tiempos es mejor el anonimato ante cualquier dicho que podría
considerarse como una provocación; también digamos que tiene entre 20 y 25
años. Lo que sí puedo publicar es que nació y actualmente vive en
Coatzacoalcos, y el jueves pasado me escribió un correo electrónico sobre su
vida, sus miedos, sus sueños y de cómo cambió la vida de su comunidad después
de que asesinaran a 28 personas en un bar. Su voz debe ser escuchada, su carta
debe ser leída.
Tengo 24
años, y todos estos años los he vivido aquí. Puedo decirte con seguridad que
Coatzacoalcos es un ciudad con gente muy buena y se logró ver cuando fue la
explosión de Clorados, cuando la ayuda, tanto física como material sobró, es
más, se decía que ya no se mandara más comida porque era demasiada y no querían
que se echara a perder; también puedo decirte que había suficiente mano de obra
y que agradecían a los taxistas, por los servicios gratuitos que dieron, la
gente que vivía cerca de los hospitales dejaron libre el Internet de su casa, e
incluso abrieron sus puertas para que los familiares de los accidentados
pudieran descansar y utilizaran sus teléfonos fijos para comunicarse con sus
familiares.
La misma
gente, maestros o estudiantes, se organizan para recolectar alimentos para el
refugio para perros (te comento esto porque el refugio se supone que debe de
recibir ayuda por parte del municipio y así lo reporta en sus egresos el mismo
municipio, y nunca ha llegado el apoyo).
Hay muchos
movimientos que hacemos los mismos ciudadanos para fomentar la cultura, y
pertenezco a uno de ellos “Yo Intercambio Libros”, y con gran satisfacción
puedo decirte que hemos logrado traer a los grandiosos Cojolites.
Lo que trato
de decirte es que la gente de aquí siempre se ha movido sola, siempre hemos logrado
todo por nosotros, como debe de ser ¿no?
Pero siento
que Coatza está cada día más olvidado, más echado a su suerte y ¿cómo es que
una de las ciudades más importantes de Veracruz se encuentra en un estado tan
deplorable? Somos una ciudad petrolera, y nos venden siempre al mejor postor;
es muy triste pasar por el malecón y ver más de 10 locales cerrados, abren un
antro este fin y el próximo mes ya no está.
Una tienda
de comida cierra diario porque piden cuota, la señora de la tiendita está
asustada porque no quiso y no sabe de dónde va a pagar la cuota porque
simplemente no le da. Mis padres viven siempre con el miedo de no saber si
regresaré con bien en la noche; al papá de mi novio que vive en Minatitlán le
robaron su carro y su mercancía en la puerta de su casa tres hombres
fuertemente armados.
La señora
que me corta el cabello me contó llorando ayer que cerrará porque le pidieron
cuota; hace 3 meses mataron a una persona en la gasolinera que está junto a mi
trabajo, y antier mataron a otra en la gasolinera de enfrente ¿sabes qué es lo
peor? Que es una plática muy común, cada día nos preguntamos ¿hoy que pasará?
Después de
lo de Caballo Blanco, el día de ayer hubo una balacera enfrente de una
preparatoria, y ¿qué hace nuestro presidente municipal Víctor Carranza? NADA,
sólo poner a la banda municipal a tocar en el parque haciéndonos pensar que no
pasa nada. Se han hecho más de seis marchas desde que él entró pidiendo la paz,
pidiendo que se detenga este miedo de vivir aquí, todos queremos que deje de
esconderse.
Queremos
vivir con dignidad, nosotros los jóvenes queremos un Coatza en el que podamos
realizar nuestros sueños, nuestros proyectos, nuestros negocios, sin que nos
“pidan la cuota”. No quiero llegar un día a casa y que mis papás me digan
“Cerraremos el negocio” (tenemos un local de café de grano en un mercado).
Quiero un
Coatza en el que vea a mis amigos triunfar en lo que más aman, ¡Coatza! En el que
mi familia pueda vivir en paz. ¿Crees que se logre?
Qué le
responderían a una joven mexicana que no se cansa de mejorar su municipio, que
no huye de este país, que les exige a las autoridades, pero ve un futuro con
desesperanza. A ellos les tendría que hablar el Presidente cuando rinde
cuentas, a ella le debería de contestar.
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