Por Arturo
Rodríguez García.
Cuando
Angélica Rivera apareció en las pantallas de televisión en noviembre de 2014
para justificar la compra de la “casa blanca de Las Lomas” con su salario de
Televisa –a fin de defender a su entonces marido y presidente Enrique Peña
Nieto de los señalamientos de corrupción–, lo hizo mediante un video grabado en
una construcción hasta entonces desconocida de la residencia oficial de Los
Pinos.
Ésta sólo
se conoció cuando el presidente López Obrador ordenó convertir la antigua
mansión presidencial en un complejo cultural y los arquitectos encargados del
inventario averiguaron que allí vivió y tuvo sus oficinas La Gaviota.
Las
dimensiones de esta nueva “casa blanca” y sus lujos comienzan a generar
preguntas sobre su costo, así como el destino del mobiliario y los ornamentos
que debió lucir cuando la habitó la actriz.
En una casa
blanca, en el extremo norte del perímetro de la residencia oficial de Los
Pinos, Angélica Rivera, La Gaviota, quien durante el sexenio anterior fue
esposa del presidente Enrique Peña Nieto, grabó un video en “defensa de su
honor” a fin de evitar que siguiera “siendo un pretexto para ofender y difamar”
a su familia, con motivo del reportaje realizado por el equipo de Aristegui
Noticias y conocido como “La casa blanca de Enrique Peña Nieto”.
Fue ahí, en
la habitación principal de la casa blanca de Los Pinos, donde se produjo aquel
video en el que Rivera leyó un escueto informe, con un tono que por momentos
parecía de regaño al público.
Desde
hace cuatro meses un grupo de arquitectos documenta inmuebles, acabados y
dimensiones de las 79 edificaciones que hay en el perímetro de lo que fue el
predio presidencial que unió al antiguo rancho de La Hormiga con el aún más
antiguo Molino del Rey: 56 mil metros cuadrados, según la información oficial.
El director
administrativo del Centro Cultural Los Pinos, Homero Fernández Pedroza,
explica en entrevista con Proceso que el inventario se realiza sin ayuda de
documentos, pues no hay planos, informes de gastos, facturas ni datos que
revelen el destino de lo que ahí se encontraba, sus dimensiones, los muebles
que se albergaron… nada.
Desde
diciembre, cuando Fernández –quien antes de integrarse a la Secretaría de
Cultura encabezó propuestas de integración política y social arquitectónicas
centradas en la crítica a las estructuras de poder– asumió la dirección
administrativa del complejo, envió oficios a todas las dependencias y áreas
que pudieran contar con la información, pero no obtuvo respuesta positiva. Y es
que, con el argumento de la seguridad nacional, no podía transparentarse lo que
se construía en Los Pinos.
La casa,
identificada en el inventario sólo como Cabaña II, es una residencia de estilo
clásico, semioculta entre árboles y bardas infranqueables hasta el pasado 1 de
diciembre. Según Fernández, fue construida al iniciar el gobierno peñanietista
y, por la información obtenida entre personal del extinto Estado Mayor
Presidencial, supo que ahí se grabó el mencionado video y del uso que se dio al
inmueble: vivienda y oficinas de la primera dama de 2013 a 2018.
(Fragmento
del reportaje especial publicado en Proceso 2238, ya en circulación)
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