Javier Risco.
¿Soy al
único que le preocupa una cámara escondida en una de las oficinas donde el
Presidente tiene reuniones privadas con su gabinete e invitados especiales?
¿Por qué no es un escándalo que ayer el Ejecutivo haya presentado durante su
conferencia matutina la cámara espía y haya dado minuciosos detalles de su
operación?
Entiendo la
transparencia de su gobierno, que no tenga nada que ocultar en ninguna
conversación; también admiro la serenidad con lo que lo comunica y su
desinterés al querer investigar el caso. Sin embargo, no es cosa menor que se
vulnere en ese grado la seguridad del Presidente. Su lectura no puede quedarse
en lo que significa que haya sido grabada alguna conversación, la investigación
debería escalar a quién tiene acceso a esa oficina, cómo fue instalada, desde
qué día la instalaron, qué información proporcionada no sólo por él, sino por
sus invitados es de carácter privado.
¿Qué sabemos
de este incidente mayor –porque creo que así lo debemos de nombrar– de
seguridad?
-Que, a
palabras del propio Presidente, “lo más importante es no tener nada que
ocultar, hacer la vida pública cada vez más pública, aquí hablamos sin censura,
sin cortapisas y así son nuestras reuniones y los actos en el gobierno”.
-Que el
Ejecutivo ha decidido no darle importancia. “Tenemos la reunión diaria del
Gabinete de Seguridad, hablamos sobre todos los temas, pero no hay nada
secreto, no se esconde nada, por eso no le damos mucha importancia a estas
acciones”.
-Que la
cámara sí estaba funcionando en una de las salas de Palacio Nacional cuando fue
descubierta. “Estaba donde asisten personas que hacen planteamientos de todo
tipo y nosotros no aceptamos que hagan propuestas indecorosas de todo tipo, se
quedaron en el almanaque”.
-Que la
cámara debía ser recogida cada determinado tiempo para que lo grabado fuera
descargado en un aparato externo.
-Que no
saben desde cuándo se instaló.
-Que no van
a iniciar ninguna investigación. “Yo estoy muy atareado, tengo mucho trabajo y
quienes me ayudan, lo mismo; no vamos a distraernos, tenemos que sentar las
bases para transformar el país”.
Estamos ante
el segundo escándalo donde se vulnera la seguridad de un político de alto nivel
en el gobierno de Andrés Manuel López Obrador. El primero fue el ataque con un
libro-bomba contra la senadora de Morena Citlalli Hernández Mora, en su oficina
de la Cámara alta. Urge que la Fiscalía General de la República informe sobre
este caso que atentó contra la vida de una legisladora y que no se quede en el
olvido o en una ocurrencia que normalice la violencia política.
Estamos ante
lo que podría ser la primera falla monumental del primer círculo de seguridad
del Presidente de la República; la necesidad de un órgano de inteligencia queda
expuesta ante una cámara a la que no se le ha dado importancia. ¿Qué sigue?
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