Por Efrén Flores.
Sanciones administrativas y despidos injustificados; techos
laborales, manipulación de plazas y recorte de prestaciones; discriminación y
negligencia, además de amenazas verbales y corrupción, constituyen estrategias
de violencia sindical para evitar que los trabajadores ejerzan su derecho a
disidir u organizarse de manera independiente a los sindicatos mayoritarios,
dijeron empleados disidentes a este medio digital.
Para algunos trabajadores de base de Correos de México, del
Sistema de Transporte Colectivo, del Seguro Social y del Monte de Piedad, la
democracia sindical de la “Cuarta Transformación” no es una realidad, porque
subsisten líderes sindicales que dan “el charrazo” (o traicionan a su base
laboral) pese a la Reforma Laboral (2019) y los anuncios del Gobierno federal.
De acuerdo con el Presidente Andrés Manuel López Obrador, el
sindicalismo charro ya “se acabó” en México.
A principios de agosto, el político tabasqueño aseguró que su
administración no “auspicia a sindicatos blancos” (que simulan vida sindical) y
que no hay “sindicatos predilectos del gobierno”. Tres meses antes, AMLO
garantizó que habría democracia sindical a partir de la publicación (1 de mayo
de 2019) de la Reforma Laboral en el Diario Oficial de la Federación.
Entre las razones del Presidente para señalar que ya no hay
sindicalismo charro están las modificaciones legales, máxime aquellas que
sustituyen a las juntas de conciliación por tribunales laborales del Poder
Judicial de la Federación; la creación de un Centro Federal de Conciliación y
Registro laboral; el reconocimiento de la libertad sindical y de la libre
sindicalización con procedimientos de elección “personal, directa, libre y
secreta”; la pérdida de registro sindical para quienes incurran en actos de
extorsión y corrupción, así como la posibilidad de los obreros para organizarse
en agrupaciones independientes a los sindicatos mayoritarios.
Aunque la democratización del gremio sindical requiere de
cambios legales, su consolidación depende de las acciones de los propios
trabajadores organizados, “en un contexto particularmente difícil para el
movimiento sindical independiente como lo es el actual”, refiere un análisis
del Centro de Estudios Sociales y de Opinión Pública (CESOP) de la Cámara de
Diputados.
Sin embargo, en la medida en que el Estado deje de usar a
los sindicatos y sus líderes como instrumentos de un “pacto corporativo” para
el mantenimiento de una estructura de poder, y en cambio refuerce el papel de
los sindicatos como elementos “de equilibrio entre las fuerzas productivas” del
país, podrá consolidarse el papel de los sindicatos como “representantes
legítimos de los trabajadores”, con liderazgos democráticos, esquemas
transparentes y una “participación auténtica del trabajador en la gestión de
mejora de sus condiciones laborales”, se lee en el documento “Sindicalización y
precariedad laboral en México”, del doctor Jesús Rubio Campos,
profesor-investigador del Colegio de la Frontera Norte.
AGRESIONES CONTINUAS.
Integrantes de la Coalición Postal por una Democracia
Sindical y de los sindicatos Nacional Democrático de Trabajadores del Seguro
Social, Independiente del Metro e Independiente del Monte de Piedad acusaron
la existencia de contubernios entre los sindicatos mayoritarios y la
institución de su adscripción, para celebrar acuerdos más allá de los contratos
colectivos y convenios, que en muchas ocasiones generan conflictos laborales
que terminan con “juicios sumarios” y “actos de represión” en contra de la base
obrera.
Entre los representantes sindicales e institucionales
acusados de contubernio estuvieron el priista Manuel Fermín Acevedo González de
Correos de México, el panista Valdemar Gutiérrez Fragoso (q.e.p.d.) del
Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS), el ecologista Fernando Espino
Arévalo y Florencia Serranía Soto del Sistema de Transporte Colectivo (STC),
además de Mauro Arturo Zayún del Monte de Piedad.
“Valdemar Gutiérrez Fragoso llegó con una política de
represión hacia toda la base trabajadora a nivel nacional, sancionando
trabajadores, quitándonos los derechos sindicales por el simple hecho de
disentir de la política que él estaba llevando” en el IMSS, dijo Martha Medina Gómez, una
enfermera con 27 años de servicio y trabajadora disidente desde hace 15 años.
Medina vivió en carne propia la injusticia sindical. Hace
unos años fue despedida por quejarse, por alzar la voz y exigir mejores
condiciones de trabajo. La enfermera –que ganó un laudo (2019) que tendría que
devolverle sus derechos sindicales y laborales– explicó a SinEmbargo que las
violaciones a los derechos de los trabajadores, aunque empiezan con castigos
desproporcionados como en el caso de las suspensiones de derechos sindicales de
por vida, generan una serie de atropellos que minan la vida de las personas.
“Tenemos miles de trabajadores a lo largo y ancho del país
que les han retirado sus derechos sindicales de 2006 a la fecha. Algunos de por
vida, otros por 10 años, cinco años… lo que a ellos se les antoja en
contubernio, por supuesto, con el Instituto [Mexicano del Seguro Social]”.
El problema radica en que “una vez que nos retiran nuestros
derechos sindicales, somos presa fácil para que los representantes del
Instituto nos generen acoso laboral y nos envíen a relaciones laborales con el
único objetivo de rescindir nuestro contrato, de tal forma que hasta el año
2012-2013 nosotros teníamos un padrón de sancionados y rescindidos de más de 50
mil trabajadores, de un total de 320 mil trabajadores en todo el país”.
SINDICATO-IMSS.
De acuerdo con la enfermera y disidente sindical, los
trabajadores tienen miedo de enfrentarse a los líderes sindicales por estas
razones: Porque los privan de sus beneficios sociales, les quitan la fuente de
su patrimonio e inclusive los hostigan por la vía legal.
Alberto Orozco, integrante de la Coalición Postal, coincidió
con Martha Medina. El ex cartero, también rescindido por quejoso, mencionó que
en Correos de México “hay que trabajar mucho en el miedo de todos los
compañeros a ser despedidos”.
El disidente sindical recordó que “apenas en 2016″, hubo 2
mil 300 rescisiones “selectivas” para mandar un mensaje claro: “Si se organizan
para quitar al Sindicato [mayoritario] los vamos a despedir”.
La coerción en Correos de México también se cierne sobre
todos aquellos que quieren ejercer un derecho democrático sindical, como en el
caso de Abelardo, un cartero que quiso contender (2019) con una planilla, para
convertirse en representante local de la base del Sindicato Nacional de
Trabajadores del Servicio Postal Mexicano (SNTSepomex) en Oaxaca.
Al principio no lo dejaron registrar su planilla. Le dijeron
que todo sus papeles estaban en orden, pero que el “único inconveniente” para
dejarlo participar en las elecciones era su tendencia a dividir e incitar a la
gente a unirse a un sindicato independiente. Pese a las acusaciones en su
contra, Abelardo nunca pudo tener acceso a los documentos que justificaban las
“mentiras” del sindicato mayoritario.
“Lo que están haciendo aquí en el estado de Oaxaca es puras
artimañas, y siguen queriendo tener el poder a base de lo que sea, a base de
corrupción, a base de todo. Entonces el señor que es secretario general ahorita
en el estado de Oaxaca, el señor Rafael Marcial Méndez, lleva 24 años
aproximadamente al cargo, y el día de hoy, vuelve a contender nuevamente por
otros seis años. La única planilla que iba a estar en contra de este señor era
la mía, la que yo iba a registrar y la cual no me dejaron registrar, dándole
ventaja y ellos actuando con esa alevosía que siempre es muy caracterizada por
ellos”, explicó
Abelardo.
Para el empleado postal, los trabajadores de Oaxaca han
“vivido la violencia en carne propia” a la hora de manifestarse
democráticamente. Todavía no pueden comprobar la corrupción y los atropellos; y
aunque pudieran hacerlo, el sindicato “se hace de la vista gorda” y “buscan el
desquite porque no se les ha apoyado”.
Cuando Abelardo siguió insistiendo, los representantes
locales apretaron la tuerca para ejercer más presión: Comenzaron a quitar
prestaciones de ley, además de limitar bonos y beneficios económicos de cajón,
a él y sus simpatizantes.
DE LA REPRESIÓN AL OLVIDO.
En el Sistema de Transporte Metro hay cuando menos 500
trabajadores disidentes que son vistos como la “piedra en el zapato” del
secretario general del sindicato mayoritario, Fernando Espino Arévalo.
El año pasado, los trabajadores del sindicato
independiente sufrieron lo que hoy consideran un “logro”, pero que en su
momento fue un “acto de discriminación total”.
En diciembre de 2017, el sindicato mayoritario firmó un
convenio para “retabular” 1 mil 680 plazas. Lo anterior implicó ajustes
salariales retroactivos para cumplir con el convenio que entró en vigor en
enero de 2018. Sin embargo, los trabajadores independientes y no sindicalizados
habrían sido privados del pago correspondiente a los ajustes atrasados de enero
a la fecha, por un monto cercano a 35 mil pesos en total por cabeza, mientras
que en el caso de los trabajadores adscritos al sindicato mayoritario no hubo
atrasos o adeudos pendientes de pago.
Por esas fechas también se abrió la posibilidad de los
trabajadores para concursar por una plaza de mayor categoría. Pero los
integrantes del Sindicato Independiente del Metro fueron “excluidos” de la
repartición de plazas, ya que los puestos de trabajo en el STC, aunque “se
designan por concurso, en realidad se dan por dedazos”. Lo mismo sucedió con
algunas primas o bonos que tenían que serles conferidas, o en el caso de la partida
presupuestal para deportes, que hasta agosto de este año no se la habían dado
al sindicato disidente, pero sí al mayoritario.
“Todas las fallas que tiene el Sistema de Transporte
Colectivo son por eso: Porque a la gente que realmente tiene la capacidad, la
antigüedad y el conocimiento la han ido rezagando por darle cabida a gente
externa que no tiene los conocimientos”, dijeron empleados anónimos que,
asimismo, acusaron que los atropellos cometidos en su contra no se limitan a
techos laborales y reducción de beneficios sociales. También implicaron
“manipulación de plazas” que además de comprometer el servicio, pone (y puso)
en riesgo a los usuarios del transporte público.
SINDICATO-METRO.
A María y Jazmín les sucedieron cosas similares. A la primera
mientras trabajaba en las oficinas de Correos de México en Guadalajara,
Jalisco, y a la segunda como empleada del Monte de Piedad en Cancún, Quintana
Roo.
María ya tenía 20 años trabajando para Correos de México
cuando denunció a una compañera que le robó la quincena. Cuatro años antes al
incidente, dicha persona fue despedida y sancionada con un proceso penal por
robar en ventanilla. Sin embargo, María aseguró que su compañera fue reinstalada
por el sindicato ya que “la tienen super protegida” por ser allegada de un
administrador de Correos de México.
Después de la denuncia de María, comenzaron los acosos y el
hostigamiento. La empleada de Correos de México no sabe qué pensar, pero está
segura de ser castigada por ser “soplona”, como le han dicho sus compañeros. Ha
sufrido sanciones, privaciones de bonos, e inclusive, la han mandado “a chingar
a su madre”.
Según María, “el sindicato no hace nada y espera a que la
coordinación tome cartas en el asunto”. Y el administrador que protege a la
mujer que le robó, no sólo hace lo que quiere, cuando quiere y como quiera.
También, al igual que el sindicato mayoritario, la tienen olvidada por
“traicionera”; por hablar mal de gente que podría estar protegida por el gremio
sindical, y por meterse con alguien apegada a una autoridad dentro de la
institución.
En el caso de Jazmín, la situación es apretada para su
bolsillo. A ella, por “voltearse” o “traicionar” al sindicato mayoritario del
Monte de Piedad, le limitan las horas de trabajo adicionales.
En su opinión, “nuestros compañeros de la sucursal no
están de acuerdo a cómo se manejan las cosas; pero se sienten presionados por
el secretario de aquí. Presionados que porque el líder dice que no, que si lo hacen
hay represalias y cosas”.
Una de las formas en que los líderes sindicales de Cancún
condicionan a los trabajadores es con prohibiciones “discrecionales” para
cubrir dobles turnos. El chiste es castigar al infractor, y quien está en
contra del sindicato, infringe un acuerdo tácito de poder y la consecuencia es
la pérdida de horas de trabajo.
A Jazmín y a sus compañeros les ha pasado. Ella contó que
“una vez”, una de sus compañeras no pudo trabajar porque el gerente “no la dejó
entrar a su horario de trabajo con la excusa de que […] estaban remodelado”.
Pero en esa ocasión, la compañera de Jazmín fue la única que no pudo laborar.
Todo eso sucedió poco después de un reclamo u queja en contra de “los
patrones”, y por ello la acusaron de “traicionera” y “mal agradecida”.
“Desafortunadamente en el sindicato mayoritario siempre hay
favoritismo, siempre en todos los aspectos”, lamentó Jazmín. Para ella, así es
como suceden abusos, hostigamientos y venta de cláusulas del contrato
colectivo, en que a cambio de poder, el secretario general Mauro Arturo Zayún
negocia con el Monte de Piedad el ahorro de dinero, a costa de los empleados. Y
de esa forma, hoy en día, los trabajadores de nuevo ingreso ya no tienen
prestaciones como la de medicinas y servicio médico inmediato. Tampoco hay,
desde 2004, cláusula de jubilación por 25 años de servicio.
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