Gustavo De
la Rosa.
Ellos
llegaron en medio de la confusión local por entender la situación y presencia
de los migrantes centroamericanos que buscan pedir asilo en El paso Texas para
protegerse de la violencia y circunstancias inhumanas de sus países, pero ellos
no vienen de otra nación, sino de Michoacán y Zacatecas.
Llegaron y
subieron la joroba de los puentes, donde han permanecido, soportando la lluvia,
el frío de la noche y calor del mediodía que caracteriza a esta frontera, y
desde allí insisten en que los reciban las autoridades migratorias de Estados
Unidos para hacer su trámite correspondiente y ejercer su derecho a asilarse en
un país que les brinda la seguridad que el suyo no les garantiza.
Sus
historias personales son tan impresionantes como las de los centroamericanos,
están quienes perdieron a su familia completa por actos de violencia de la
delincuencia organizada que se obstinó en extinguirla, aunque sólo uno de sus
miembros hubiera cometido el pecado de trabajar o auxiliar a agentes enemigos,
y hay quienes presentan lesiones de arma de fuego y cicatrices como si fueran
veteranos de una guerra declarada.
Una de las
migrantes, me afirmó, aún está viva porque alcanzó a tomar el autobús que iba
saliendo de su pueblo antes de que los sicarios la ubicaran y la ejecutaran
como hicieron con el resto de su familia, y me manifestó que el crimen fue de
su esposo, que desató la ira delincuencial al incorporarse a las fuerzas de
autodefensa de su pueblo en Michoacán y enfrentar junto con los demás a los
narcotraficantes que ya los tenían asolados.
Los
migrantes de Zacatecas presentan una variedad de argumentos que remiten al
hostigamiento permanente e impune de los Zetas que se han apoderado del Estado,
pero además de su bajísimo nivel de ingresos y recursos para seguir sobreviviendo
en su propia tierra, la falta de seguridad social y la pobreza generacional los
ha derrotado en la defensa de su terruño y los orilla a buscar opciones de vida
en un país ajeno y extraño.
Los
juarenses discuten en diferentes círculos ¿cuál debe ser la actitud correcta?
Pero es una discusión que no pasa de las palabras; están convencidos de que no
pueden ser discriminatorios contra ellos, pues si no lo hicieron contra los
extranjeros, menos lo pueden hacer contra los mexicanos, pero, hasta algunos
con autoridad, dicen que no podemos ser demasiado generosos, porque se va a
correr la voz entre los mexicanos al sur que en Juárez son bienvenidos todos
ellos, ¿y luego qué hacemos?
Nunca faltan
idiotas como estos por el camino.
Los
mexicanos tienen derecho a transitar y viajar por todo el país, y buscar
mejores opciones de vida en todo el territorio sin mayor limitación que sus
recursos y posibilidades, y si han llegado a Juárez con el sueño de recibir
asilo en Estados Unidos, no tardarán en darse cuenta que es sólo un sueño
imposible, porque con suerte uno de cada 100 será aceptado debido al entramado
de filtros norteamericanos que buscan evitar el ingreso de las personas que no
les son agradables (y actualmente los mexicanos no somos bien vistos por ellos).
De esta
misma manera llegamos a Juárez miles y miles de mexicanos que, cuando
comprobamos que cruzar el río tomaría un largo tiempo, mejor nos acomodamos
aquí y forjamos relaciones, trabajos, y familia; la característica de los
juarenses es que vivimos aquí, pero no nacimos aquí, y cuando somos más de 600
mil “no nativos” los que estamos aquí, mil quinientos, o dos mil más, son
simplemente gotas de agua en una alberca.
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