Ricardo Ravelo.
En el estado de Veracruz siguen las tempestades: Después del
estruendo generado por la tragedia en “El Caballo Blanco”, el prostíbulo de
Coatzacoalcos donde murieron quemadas 30 personas, sobrevino,
intempestivamente, la caída del “Fiscal carnal” –Jorge Winkler–, el empleado de
Miguel Ángel Yunes Linares a quien presuntamente se le vincula con la
delincuencia organizada y ésa, se afirma, habría sido la causa de su
destitución. En resumen, era un estorbo para la sana procuración de justicia
que exigía el Gobernador Cuitláhuac García.
El ex Fiscal alega que el madruguete orquestado en la
Comisión Permanente para destituirlo fue ilegal, pero a juicio de algunos
legisladores veracruzanos el ex funcionario sale ganando si no lo meten a la
cárcel porque tanto la Marina como la Sedena cuentan con un amplio expediente
donde aparece la lista de los presuntos delincuentes que él protegía desde la
Fiscalía del estado.
Pero esto ya es historia.
Ahora, el Congreso local se apresta a nombrar al nuevo
titular del órgano de Fiscalización Superior (ORFIS), el organismo responsable
de vigilar el correcto uso del presupuesto en el estado, que actualmente
preside Lorenzo Antonio Portilla Vázquez, un personaje que está generando
polémica porque se asegura que lo envuelve el ansia imperiosa de reelegirse en
el cargo por otros 7 años a pesar de estar impedido por la ley.
Portilla Vázquez tiene una historia sucia en Veracruz: en
2014 se afilió al PRI y en alguna etapa de su carrera manejó las finanzas de
ese partido, lo que le impedía desempeñarse como titular del ORFIS porque la
ley exige neutralidad y él ha violado ese principio.
Además, desde el 2012, cuando arribó al cargo, se encargó
de proteger el despilfarro de dinero durante el Gobierno de Javier Duarte e
hizo lo propio en el bienio 2016-2018 que encabezó Miguel Ángel Yunes Linares.
En pocas palabras, Portilla Vázquez ha sido la tapadera de dos gobernadores que
se enriquecieron a manos llenas. (Yunes ahora busca apropiarse del control del
PAN en Veracruz –este sábado 7 son las elecciones estatales –con el propósito
de alcanzar el ansiado objetivo de imponer a su hijo como candidato a
Gobernador en el 2024 si es que no se lo impide la Fiscalía General de la
República, donde existen sendos expedientes por lavado de dinero, delincuencia
organizada y enriquecimiento ilícito)
Portilla Vázquez ahora busca afanosamente quedarse otro
periodo de siete años, pero existe una fuerte oposición en su contra: la prensa
veracruzana ha documentado las razones legales por las que no puede reelegirse.
Se afirma que la noche del miércoles 4 habría recapacitado respecto del impulso
de poder que lo atenaza cuando un amigo cercano le pidió prudencia. Y el
funcionario reflexionó y decidió que la mejor decisión es no competir. Y es que
de ser esta la decisión de Portilla Vázquez, se estaría ahorrando muchos
problemas, el principal, sobre todo, no terminar sus días en el penal de Pacho
Viejo por la cauda de anomalías que ha cometido al servir de tapadera de ex
gobernadores y alcaldes que se embolsaron millones entre 2012 y lo que va de
este año. La otra versión que circula es que Portilla continuaría sólo si el
Gobernador así lo decide, así aprovecharía su experiencia de tapadera mostrada
en los últimos siete años.
La fiebre por ocupar la titularidad del ORFIS en Veracruz es
altísima: en la lista había 62 aspirantes, pero ahora sólo quedan 54, de donde
el Gobernador Cuitláhuac García Jiménez elegirá una terna que será enviada al
Congreso del estado este fin de semana para que en unos días más se designe al
nuevo titular del órgano fiscalizador.
Entre los 54 aspirantes –no todos tienen amplia currícula–
existen perfiles que no reúnen los requisitos para ocupar el encargo. Sin
embargo, existen profesionales en la materia que pueden ser una opción
extraordinaria. Es el caso de Sergio Vázquez Jiménez, un personaje con larga
trayectoria. Pertenece al Colegio de Contadores Públicos de Xalapa, tiene
amplia experiencia en garantizar la transparencia en el manejo de los recursos
públicos y así lo ha expresado públicamente. Es un hombre con excelentes credenciales,
pues, que debe ser tomado muy en cuenta ahora que la sociedad exige rigor y
honestidad en el manejo de los dineros púbicos.
Entre sus propuestas destaca la transformación del ORFIS
en un organismo que dé certeza y confianza en momentos en que esta dependencia
ha perdido toda credibilidad con Portilla Vázquez.
En sus promocionales difundidos a través de las redes
sociales, Vázquez Jiménez busca la titularidad del ORFIS porque tiene capacidad
de servicio y desea –dice– trabajar para garantizar que la aplicación de los
recursos públicos se realice con transparencia.
En otras palabras, este aspirante no será tapadera del
Gobernador ni de ningún otro funcionario, que es justamente lo que se necesita
en estos momentos en que la sociedad veracruzana ha dejado de creer en los
funcionarios públicos debido a las frustraciones derivadas de malos ejercicios
en la tarea de gobernar, como fue el caso de los últimos dos gobernadores:
Duarte y Yunes.
Pero con base en la lista que dispone el Gobernador de Veracruz
habría que revisar si lo que realmente quiere es transparencia en el manejo de
los recursos o un incondicional en ese encargo porque aparecen nombres que no
propiamente garantizarían esa sana distancia con el ejecutivo debido a su
cercanía:
Uno de ellos es el ingeniero Alejandro Castellano, quien
además de compartir la misma profesión con Cuitláhuac García tiene una relación
de amistad muy estrecha: esta condición, sin duda, no garantizaría la rigurosa
transparencia que requiere el ORFIS a fin de generar confianza y certeza entre
la gente.
No es todo: en la lista de aspirantes a encabezar el ORFIS
se asegura que hay una mujer a quien consideran “la buena” porque también está
en el ánimo del Gobernador. Se trata de Delia González Cobos. Tiene un amplio curriculum:
es licenciada en derecho y maestra en derecho por la UNAM.
En el sector público trabajó como asesora en la Comisión de
Gobierno de la I Legislatura de la Asamblea Legislativa del Distrito Federal y
como Secretaria Técnica de la Comisión de Equidad y Género de dicho órgano.
Además, en la Secretaría de Hacienda y Crédito Público y
en la Procuraduría Fiscal de la Federación se desempeñó como directora de
legislación y en el SAT –Administración Local Jurídica de Oriente– defendió los
intereses del fisco federal en la Subadministración de Asuntos Especiales.
En el Congreso del estado de Veracruz es considerada como
otra de las cartas especiales del Gobernador Cuitláhuac García, pero también se
afirma que es incondicional del mandatario, lo que daría al traste con la
llamada transparencia porque desde el ORFIS estaría maniatada.
En este caso la responsabilidad será del Congreso. Si los
diputados eligen a uno de los consentidos de Cuitláhuac muy probablemente
estarían obedeciendo a la línea del mandatario y no defenderían los intereses
del pueblo, como ellos suelen presumir. Tienen dos caminos: U optan por la
incondicionalidad al elegir a un fiscalizador a modo, proclive a los intereses
de Cuitláhuac García Jiménez, o bien eligen a un personaje neutral que
garantice el cumplimiento de la ley y no se convierta en otro instrumento del
poder como lo fue Lorenzo Antonio Portilla, quien en siete años se erigió en un
verdadero protector de la corrupción institucional.
Nada fácil será la tarea del nuevo fiscalizador, pues deberá
optar entre la transparencia –que es una exigencia social– o la
incondicionalidad con el Gobernador, quien a fin de cuentas será el que decida.
La discusión en el Congreso se antoja como un mero trámite, como ocurrió la
semana pasada con la decisión de correr a Jorge Winkler por ineficaz. Nadie
duda que el mandatario marcará la línea a seguir a los legisladores
veracruzanos. Así, el nuevo titular del ORFIS, que seguramente será nombrado la
próxima semana, enfrentará todo un desafío.
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