Julio Astillero.
El
presidente López Obrador ironizó durante su conferencia de prensa de este
martes: “Hay una asociación que se llama Mexicanos por la corrupción… Ah, no;
me equivoqué, Mexicanos en favor de la corrupción. ¿No es así? Que dirigen
Claudio X. González y otros adversarios nuestros que se han dedicado a
sabotearnos legalmente. Son los que promueven amparos contra las obras. No
quieren que hagamos nada; están molestos, quieren que siga el mismo régimen de
corrupción”.
No es la
primera ocasión que, desde esa tribuna de máximo poder institucional, AMLO
se permite la discutible libertad de jugar con las palabras o asestar apodos
(como mencionar que Felipe Calderón Hinojosa tendría un parecido con el
comandante Borolas). El que se ríe, se lleva, suele recordar el refranero
popular.
En el caso
de Claudio X. González Guajardo (hijo del empresario de los dos mismos nombres
y primer apellido) hay una historia de pendencias que ahora tiene como punto
central la presentación de más de una centena de recursos ante la justicia
federal para frenar la construcción de una extensión aeroportuaria capitalina
en terrenos de la actual base aérea de Santa Lucía, en el estado de México.
En ese
litigio político y jurídico se ha puesto ahora de relieve el hecho de que
grandes capitales financien actividades periodísticas que pueden ser muy
valiosas por sí mismas, pero que, a fin de cuentas, se inscriben en el portafolio
de intenciones e intereses políticos de los patrocinadores. La fuerte reducción
del presupuesto gubernamental federal para publicidad en medios de comunicación
ha llevado a la mayoría de éstos a situaciones de insuficiencia económica,
recortes de personal e indisposición pecuniaria para reportajes e
investigaciones especiales.
A contrapelo
de esas restricciones periodísticas generalizadas, organizaciones como MCCI
tienen cartera robusta para contratar buenos periodistas y lanzar buenos
trabajos que la recortada prensa tradicional acoge y difunde, muchas veces a
falta de materiales propios. El periodista Ernesto Ledesma, director de
Rompeviento, televisión por Internet, ha advertido que a través de MCCI y de
sus periodistas y activistas contratados, Claudio X. González Guajardo logró
penetrar en dos sectores políticos claves: las organizaciones de la llamada
sociedad civil y el gremio periodístico, y ha asegurado que tiene tres
empleados estratégicos en la operación expansiva, Amparo Casar, Darío Ramírez y
Salvador Camarena (artículo: https://bit.ly/2Zts6dN; video: Claudio X.
González: el poder a través del dinero, https://bit.ly/2n1TspS).
Aliado de
MCCI en algunos trabajos periodísticos relevantes, el portal de Internet
denominado Animal Político ha sido señalado por Vicente Serrano a causa de que
ejerce una función de verificación de contenidos mexicanos en Facebook, lo cual
le parece un poder censor e inadecuado a Serrano, periodista con larga
experiencia en radio y televisión en Estados Unidos: Al poder validar qué
contenidos son dignos o no de publicarse en Facebook, Animal Político incurre
en un probable conflicto de intereses de competencia que le permitiría
amplificar la publicación de sus contenidos y obstruir otros materiales (https://bit.ly/2mtnwdG).
Además, Serrano,
ahora volcado en su portal Sin Censura, que ha tenido un extraordinario
crecimiento (sus transmisiones en YouTube del Grito y del desfile del pasado 16
tuvieron en total casi cuatro millones de vistas), ha asegurado que el
principal accionista y presidente del directorio de Animal Político, Gerardo
Márquez Camacho, es un empresario que ha tenido fuertes nexos y ha hecho
negocios con personajes priístas de Hidalgo con relieve nacional, como Miguel
Ángel Osorio Chong, ex secretario de Gobernación, y David Penchyna, ex director
del Infonavit.
Y, mientras
hoy asisten todos los gobernadores panistas al informe de Francisco García
Cabeza de Vaca en Ciudad Victoria, unidos tales políticos ante el amago
morenista de intentar la desaparición de poderes en Guanajuato y en Tamaulipas.
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