Ricardo Ravelo.
Mario Villanueva Madrid, exgobernador de Quintana Roo, tiene
derecho a terminar de compurgar su condena en su domicilio, según ha dicho la
secretaria de Gobernación, Olga Sánchez Cordero.
Surtió efecto la carta que Villanueva envió al presidente de
la República, Andrés Manuel López Obrador, en la que le pide el indulto –o
terminar de compurgar su pena en su domicilio –por su injusto encarcelamiento,
pues de seguir preso saldría libre en 20 años más, si es que llega, es decir, a
los 91 años.
Larga y plagada de injusticias es la historia de Mario
Villanueva: fue acusado de servir al narcotráfico como gobernador de Quintana
Roo; de lavar dinero sucio; de vincularse con el cártel de Juárez y con capos
de la talla de Albino Quintero Meraz –Don Beto –y Alcides Ramón Magaña –El
Metro –quienes ya están libres a pesar de sus múltiples fechorías en el mundo
del hampa.
No hace falta contar la historia real de la desgracia
política y personal de Mario Villanueva: él mismo la escribió cuando estaba
recluido en el penal de La Palma en diversas cartas escritas a mano durante sus
largas horas de soledad como presidiario en la cárcel de máxima seguridad del
Altiplano.
En sus escritos, Villanueva asegura que su encarcelamiento
se ordenó desde la presidencia de la República, en 1998, por parte de Ernesto
Zedillo, quien para lograr su cometido involucró al secretario de Gobernación
–Francisco Labastida Ochoa – y al director del Centro de Investigación y
Seguridad Nacional –Jorge Tello Peón –para que integraran un expediente en su
contra a fin de que se filtrara a los medios de comunicación sus vínculos con
el narcotráfico y su adicción a la cocaína, una falsedad, según el
exgobernador.
El objetivo central de esa maquinación –escribió Villanueva
–era acusarlo de narcotráfico y de trece delitos más, todos vinculados con la
delincuencia organizada.
En sus diversos escritos, Villanueva Madrid pudo armar el
rompecabezas político y criminal que, según él, derivó en su encarcelamiento y
desgracia política. Y entre los principales artífices señala a Rodolfo Zedillo,
hermano del expresidente Ernesto Zedillo, así como al primo de éste, Fernando
Zedillo, de ejercer presiones políticas en su contra para obtener obras
millonarias en Quintana Roo, lo que Villanueva asegura que impidió.
Según el exgobernador, esto trajo como consecuencia una
pugna entre él y el entonces presidente Ernesto Zedillo, la cual creció –dice
Villanueva en sus cartas –por la intervención de Roberto Hernández, el banquero
accionista de Banamex, pues le dijo al presidente que Villanueva estaba detrás
de la campaña calumniosa que había desatado en su contra el periódico “Por
Esto”.
En sus escritos –una suerte de memorias de su desgracia
personal y política –Mario Villanueva admite como un error haberle sugerido
al presidente “que le diera un rostro humano” a su política económica, que
democratizara al PRI y empeñarme en promover personalmente a Roberto Madrazo y
a Manuel Bartlet como posibles aspirantes a la candidatura del PRI a la
presidencia de la República.
“Esto me trajo un enfrentamiento frontal con el PRI y empeoró
las cosas con el presidente” –dice Villanueva en sus relatos, pues el PRI,
escribió, estaba sujeto a sus propias decisiones y mis actitudes eran
contrarias a ellas.
El conflicto político entre Villanueva y Zedillo fue
creciendo. En 1998, recuerda Villanueva, se enderezó una campaña
periodística en su contra mediante reportajes y notas que lo vinculaban con el
narcotráfico.
Según el testimonio de Villanueva, las publicaciones
afirmaban “que yo era adicto a la cocaína” y que tenía relación con los
principales capos del país. Todo esto, dijo, surgía del expediente que había
integrado el Cisen, según él, con información falsa y dolosa. Y a través de un
subsecretario de Gobernación de entonces, cuyo nombre no cita en sus escritos,
la información fue filtrada a los medios de comunicación para abollar su
imagen.
“Me enteré de esto –dice Villanueva en sus cartas –a través
de un amigo mío, dueño de unos periódicos nacionales, quien me entregó el
expediente no sin antes decirme que esto procedía directamente del presidente
porque había orden de “darme en la madre”.
Villanueva también contó en sus cartas que con una copia
de ese expediente se reunió con funcionarios del Cisen, Con Wilfrido Robledo
Madrid –“primo mío”, escribió –y con Jorge Tello Peón, quienes reconocieron el
documento como propio de los que se arman en el Cisen.
Después se entrevistó con Francisco Labastida, entonces
secretario de Gobernación, a quien reclamó, dijo, por qué el gobierno le daba
ese trato. Labastida, a la postre candidato fallido del PRI en el 2000, le dijo
que él no había participado en la elaboración del expediente y se comprometió a
frenar la publicación del mismo en los medios.
Sin embargo, la campaña continuó, dijo Villanueva, por lo
que le volvió a reclamar a Labastida. Éste, aparentemente preocupado, le dijo
que aclararían la nota. Se hizo. Y el director del medio se enojó, según
Villanueva, argumentando por qué Gobernación le mandaba información y luego se
la desmentía.
Villanueva expuso tanto en sus escritos como en
declaraciones ministeriales posteriores que supo que la investigación de la PGR
iba en serio por la visita de Samuel González –entonces titular de la Unidad
Especializada en Delincuencia Organizada –, quien seguía algunas pistas sobre
el cártel de Juárez en Quintana Roo
Narra Villanueva:
“Traté de comunicarme de inmediato con el procurador Jorge
Madrazo, pero no hubo respuesta. De hecho, no me volvió a contestar ninguna de
mis insistentes llamadas ni a darme la audiencia que le solicitaba, excepto a
finales de diciembre de 1998 por intervención del secretario particular del presidente,
Liébano Sáenz, y del Secretario de Gobernación, Francisco Labastida.
“Me preocupé por conocer el expediente y aclarar cualquier
imputación que se me hiciera. Por ello continué insistiendo en la oficina del
procurador, pero no me respondió. Traté de entrevistarme con el presidente
Zedillo y éste ya no quiso recibirme y desde los últimos meses de mi
administración hasta el término de ella no pude tener contacto con él”.
No hubo poder humano que le abriera las puertas de Los Pinos
para aclarar su caso ante Zedillo.
Lo que siguió después fue una propuesta de Villanueva,
planteada a través de Liévano Sáenz –secretario particular de Zedillo –y de
Labastida: salir del país, entregar sus bienes y si algunos no podían ser
demostrados aceptaba el decomiso. Regresaría del país cuando terminara el
gobierno de Zedillo.
Esto lo planteó Villanueva porque, según expuso en sus
escritos, amigos suyos, abogados y algunos funcionarios de “alto nivel” le
dijeron que su caso era político y que el presidente (Ernesto Zedillo” lo
quería encarcelar. A través de Labastida y Sáenz Villanueva pidió disculpas si
había ofendido al presidente por sugerirle una política económica humana y la
democracia del PRI. Sáenz le dijo que le parecía exagerada la propuesta, se
comprometió a dialogar con el presidente, pero nunca hubo respuesta. Después
“no me contestó las llamadas”.
Días antes del cambio de gobierno, Villanueva se reunió
con Víctor Cervera Pacheco, entonces gobernador de Yucatán. Cuando se hizo el
cambio de gobierno en Quintana Roo, dice, me escondí en la casa de un amigo
–aunque se dijo que Cervera lo protegió –y desde ahí observó, dijo, cómo la PGR
había sitiado la ciudad de Chetumal.
Mario Villanueva desapareció de la escena pública y entró
en comunicación con el nuevo gobierno, encabezado a partir de diciembre del
2000 por Vicente Fox. Le escribió al procurador Rafael Macedo y al presidente.
Le dijeron que tuviera confianza, que le garantizaban un juicio justo. “Me
engañaron”, dice Villanueva.
–¿Qué negocios le plantearon Rodolfo y Fernando Zedillo y el
padre del entonces presidente Ernesto Zedillo a Mario Villanueva?
Villanueva lo responde en sus testimonios escritos: dice
que primero “engancharon a mi hijo” para que yo accediera a recibirlos. Así lo
hice. El padre y el hermano del presidente propusieron actuar como gestores
para promover proyectos en Quintana Roo, ellos obtendrían el financiamiento y
las obras se harían por empresas de su propiedad o de otros parientes y amigos
de ellos.
Las ganancias se obtendrían, según detalló Villanueva, por la
ejecución de las obras y por comisiones tanto por la asignación de contratos a
otras empresas como en la obtención de los financiamientos y de las ganancias
se me proporcionaría una parte. El gobierno del estado debería participar
asignándoles obras de su propio presupuesto, aceptando y avalando los proyectos
que ellos propusieran.
De acuerdo con Villanueva, los proyectos eran la
construcción de un hospital en Cancún, una planta de tratamientos de aguas
residuales en Cancún y Chetumal; modernización de la carretera Cancún-Tulum; la
asignación directa para ellos del Centro de Convenciones de Cancún, la torre
inconclusa del anexo inmediato del Centro de Convenciones, para lo cual ellos
ya traían un crédito de doce millones de dólares autorizados por la Línea del
Rey. Todas las obras estarían a cargo del arquitecto Luis Zedillo, tío del
presidente, y el gobierno debería asumir el crédito con cargo a la deuda
pública.
Asegura Villanueva que rechazó todos los ofrecimientos, a
pesar de ser los familiares del presidente, porque le pareció deshonesta tal
actitud y porque aun estaba fresco el escándalo que había causado Raúl Salinas
durante el sexenio de su hermano Carlos, donde se convirtió en el principal
negociador.
Los conflictos políticos no sólo continuaron, sino que
empeoraron, pues nadie pudo detener la investigación de la PGR ni evitar su
fuga. Villanueva se entregó en el gobierno de Vicente Fox porque le
garantizaron, dice, un juicio justo, pero “me engañaron”, dice.
Dieciocho años después –cuando ya pasó por cárceles de máxima
seguridad tanto de México como de Estados Unidos –Mario Villanueva la pidió al
presidente Andrés Manuel López Obrador terminar de compurgar su condena en su
casa.
Argumenta estar enfermo de los pulmones y del corazón, razón
por la que ahora pasa unos días hospitalizado en Chetumal. Aduce tener los mismos
derechos que la profesora Elba Esther Gordillo y que el exgobernador de
Tabasco, Andrés Granier Melo, ambos acusados de corrupción, quienes ahora
enfrentan prisión domiciliaria.
Atrás, muy atrás, quedaron las acusaciones por narcotráfico y
lavado de dinero enderezadas en el gobierno de Ernesto Zedillo, cuyo sexenio
estuvo marcado por la corrupción, la protección al crimen y la impunidad.
Abogados del Ayuntamiento de Veracruz, defensores de Winckler.
Luego de su destitución como Fiscal General del estado de
Veracruz “por ineficiente”, Jorge Winckler Ortiz presentó una demanda de amparo
el pasado 4 de septiembre, lo que dio lugar al expediente 822/2019, pero le fue
rechazado el recurso.
El exfuncionario, sin embargo, presentó el recurso de queja
el día 9 de los corrientes, el cual le fue aceptado –número 184/2019 –, pero en
todo este ajetreado papeleo que realiza el acelerado Jorge Winckler para evitar
ser detenido salieron a flote los nombres de sus abogados:
Se trata de Carlos Alberto Hermida Cazarín y Justiniano
Próspero Zeferino, quienes curiosamente aparecen en la nómina del Ayuntamiento
de Veracruz –se desempeñan como auxiliares en el DIF municipal Veracruz –donde
despacha como presidente municipal Fernando Yunes Márquez, hijo del
exgobernador Miguel Ángel Yunes Linares.
Además de ser violatorio de la ley que el Ayuntamiento de
Veracruz le asigne abogados al defenestrado Jorge Winckler, al menos deberían
de cuidar las formas, pues en la lista actualizada los abogados de Winckler
aparecen en la nómina oficial.
A Winckler le urge el amparo, pues la Fiscalía veracruzana
ya integra un voluminoso expediente que lo liga con la presunta protección de
criminales en el estado, señalamientos que le fueron hechos en varias ocasiones
por los militares que acuden a las reuniones de seguridad. Se le atribuye
también la protección de su patrón, Miguel Ángel Yunes, de quien se afirma que
está por salir del estado al extranjero.
Quizá Winckler le siga los pasos ahora que la FGR le ha
puesto la mira al clan Yunes por presuntos delitos de enriquecimiento ilícito,
peculado, fraude y lavado de dinero.
Así da vueltas la vida.
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