Ricardo
Ravelo.
Nueve
meses después de que asumió el cargo de Procurador General de la República, en
el sexenio de Felipe Calderón, Eduardo Medina Mora se vio envuelto en uno de
los mayores escándalos de narcotráfico que sacudió a la PGR: la infiltración de
la Subprocuraduría de Investigación Especializada en Delincuencia Organizada
(Seido) por parte del Cártel de Sinaloa.
Era el año
2007. La Drug Enforcement Administration (DEA) ya integraba un voluminoso
expediente criminal en contra de varios militares de alto rango, agentes de
Interpol y personal diplomático de la embajada de Estados Unidos en México que
habían sido cooptados por la célula encabezada por los hermanos Beltrán Leyva,
entonces amos y señores del narcotráfico en México.
Con base
en los testimonios de varios testigos protegidos, arropados originalmente por
la DEA como informantes, se comenzó a investigar a los generales Tomás Ángeles
Dauahare, Roberto Dawe González y Ricardo Escorcia Vargas, quienes fueron
posteriormente encarcelados porque, según aquellas indagaciones, brindaron
protección al crimen organizado, en particular, al cártel de Sinaloa.
La
información de estos presuntos vínculos de generales con el narco se conocía
desde antes de que terminara el Gobierno de Vicente Fox. Cuando asumió la
titularidad de la PGR, en diciembre de 2006, Eduardo Medina Mora aparentemente
desconocía los pormenores de este embrollo de corrupción.
Según se
supo, el ex Ministro –actualmente investigado por la Fiscalía General de la
República y la Unidad de Inteligencia Financiera de la Secretaría de Hacienda
por lavado de dinero– se enteró de las infiltraciones del narco en sus oficinas
de la antigua PGR el 19 de septiembre de 2007, cuando asistió a la Conferencia
Nacional de Procuradores celebrada en Juitepec, Morelos. Ese día lo acompañaba
Noé Ramírez Mandujano, entonces titular de la Seido, quien fue acusado de
recibir medio millón de dólares de parte del Cártel de Sinaloa por brindar
información y protección. El ex funcionario estuvo preso en el penal de El
Rincón de Tepic, Nayarit. Luego fue liberado.
En aquella
ocasión, un agente del Buró Federal de Investigación (FBI) que se identificó
como “Juan Jesús” le dijo a Medina Mora que, en coordinación con la DEA,
trabajaba en una investigación que implicaba a funcionarios de la PGR.
También dijo
que tenía contacto con un agente mexicano, que resultó ser el testigo protegido
Jennifer –cuyo nombre real es Roberto López Nájera, un mitómano que fue
utilizado durante la gestión de Medina Mora como Procurador para incriminar a
militares que supuestamente le estorbaban al Gobierno de Felipe Calderón–.
Como parte
de las investigaciones realizadas por Washington, “Juan Jesús” solicitó las
fotografías de los altos funcionarios de la PGR y de los miembros del Grupo
Aeromóvil de Fuerzas Especiales (Gafes) que trabajaban en la Seido. La razón:
El Gobierno norteamericano contaba con informes de que en la PGR “había
filtración” de información al narcotráfico.
Luego de que
se enviaron las fotografías, el testigo de la DEA y del FBI pudo identificar
a los funcionarios que, según él, le aportaban información al Cártel de
Sinaloa. Y mencionó los nombres. Algunos eran militares: Fernando Rivera,
Roberto García y Milton Carlos Cilia Pérez. Dijo el testigo que estos
funcionarios estaban muy bien relacionados con altos mandos de la Secretaría de
la Defensa Nacional. Y como parte de su red también mencionó a Ángeles
Dauahare, Dawe González y Escorcia Vargas. El caso quedó integrado en la
averiguación previa PGR/SIEDO/UEIDCS/0241/2008.
En esta
madeja de complicidades criminales también salió a relucir el nombre del
capitán Mateo Juárez como uno de los militares que le proporcionaba información
al Cártel de Sinaloa sobre las actividades del entonces Presidente Felipe
Calderón dentro y fuera del país desde el interior de a Sedena.
El grupo
de militares, de acuerdo con el expediente, mantenían debidamente informados a
los hermanos Beltrán Leyva sobre los operativos e investigaciones que
realizaban las secciones Segunda y Séptima del Ejército. Y no sólo eso: el
testigo relató que los militares González Rodríguez y Mateo Juárez entrenaban a
los gatilleros de los hermanos Beltrán Leyva, y que les vendían armas
decomisadas por el Ejército a distintos cárteles, principalmente a Los Zetas.
En el
expediente –conocido como “Operación Limpieza”– existen otros testimonios,
datos y evidencias que, por ejemplo, señalan al Mayor Arturo González
Rodríguez, integrante del Cuerpo de Guardias Presidenciales en el Gobierno de
Felipe Calderón, quien comenzó a trabajar para el Cártel de Sinaloa en 2006 a
cambio de un pago de cien mil dólares mensuales.
Cabe
recordar que el general Ángeles Dauahare fue mencionado como uno de los
militares que podía asumir la titularidad de la Sedena, pues gozaba de buena
reputación además de tener impecables credenciales antes de que ser
incriminado. No se descarta que la incrimiación de la que fue objeto fue para
quitarlo de en medio.
Cuando
fue detenido, su hija Adriana Ángeles, dijo que la captura de su padre había
sido por cuestiones políticas. “Hay personas a las que les estorba, se ponen
nerviosas, les pesa mucho mi papá”, dijo.
Presionado
por el Gobierno de Estados Unidos, Medina Mora tuvo que proceder en contra
de los funcionarios que lo acompañaban en la PGR, sobre todo los que operaban
en la Seido –como Noé Ramírez Mandujano, entre otros– quienes fueron
encarcelados.
El ex
titular del Cisen, ex Secretario de Seguridad Pública de Vicente Fox procedió a
integrar los expedientes que daban cuenta de la corrupción institucional. Sin
embargo, echó mano de testigos protegidos que declararon cuanto sabían sobre
los vínculos de militares y civiles con el narcotráfico, pero la mayoría de
ellos mintieron.
Es el caso
del testigo Jennifer, el testigo estrella de la PGR que fue utilizado para
incriminar a varios funcionarios de esa institución; era, a su vez, informante
de la DEA, pero después de una década de que se integró la Operación Limpieza
quedó demostrado que los testigos falsearon información y que las
incriminaciones que realizaron las hicieron sin conocimiento de causa y sólo
por obtener beneficios de parte de los jueces que los procesaron.
La mente
afiebrada de Jennifer construyó historias que implicaron en el narcotráfico,
entre otros funcionarios, a Noé Ramírez Mandujano, quien entonces encabezada
las investigaciones criminales como titular de la Seido. Por falta de pruebas
–el ex funcionario acreditó que los testigos que lo incriminaron mintieron
–salió de prisión en 2013.
Cuando
Ramírez fue absuelto, el juez que llevó su causa le ordenó a la PGR iniciar
investigaciones en contra de los funcionarios que integraron los expedientes en
contra de militares y civiles acusados de vínculos con el narcotráfico. Ello
implicaba, sin duda, a los ex procuradores Eduardo Medina Mora y Marisela
Morales.
Pero la
PGR hizo caso omiso de la solicitud del juez. En cambio, el Gobierno de
Calderón premió a Morales con el consulado en Milán, Italia.
Otro
personaje incriminado fue Javier Herrera Valles, un agente federal que
cuestionó duramente la política fallida de Felipe Calderón contra el
narcotráfico, sobre todo los llamados “Operativos Conjuntos”, implementados por
militares y policías federales en todo el país, que no eran otra cosa más que
rondines y paseos casi turísticos donde los policías no disponían ni
información de inteligencia.
La PGR,
bajo la titularidad de Medina Mora y Marisela Morales, construyeron expedientes
que abollaron la imagen de militares, civiles con carrera en la PGR, pues
mediante historias fantásticas, contadas por los testigos protegidos que
reclutaron, le hicieron creer al Presidente Felipe Calderón que en realidad
estaban limpiando a la institución cuando, en realidad, maquinaron las
acusaciones con fines perversos.
Ahora
Eduardo Medina Mora enfrenta a la justicia, pero no propiamente por sus
desatinos como Procurador General de la República sino porque los gobiernos de
Reino Unido y de Estados Unidos alertaron al de México respecto de varias
triangulaciones de dinero cuyo origen está bajo sospecha.
Lo que ha
documentado la Unidad de Inteligencia Financiera es que Medina Mora ocultó
dichas sumas –que ascienden a unos 102 millones de pesos– en sus declaraciones
al SAT.
Hasta
ahora, el caso es un verdadero misterio: no se sabe de dónde obtuvo el dinero
que trianguló a Inglaterra y Estados Unidos mediante transferencias de
HSBC-México y tampoco él ha explicado los motivos de su renuncia. Aun así, el
Presidente Andrés Manuel López Obrador aceptó su renuncia, la turnó al Senado
de la República donde, sin exigirle explicaciones, le aceptaron la dimisión al
cargo de ministro de la Suprema Corte.
Ya sin
fuero, Medina Mora queda sujeto a investigación de la FGR, la misma
institución donde trabajó con funcionarios infiltrados por el narcotráfico y
donde –además– se fabricaron expedientes con testigos mitómanos.
No hay comentarios.:
Publicar un comentario
Gracias por tu comentario.