Martín
Moreno.
– Yo no voy
a contradecir al Presidente…-, ha dicho Claudia Sheinbaum a la hora de tomar
las decisiones claves y de fondo para la Ciudad de México. Cierto: quien decide
lo más importante para la capital del país, se llama Andrés Manuel López
Obrador. Sheinbaum ejerce funciones más parecidas a una encargada del despacho
que a una Jefa de Gobierno.
Ese evidente
vacío de autoridad desde la jefatura de Gobierno, comienza a causar estragos en
la funcionalidad de la CdMx. La falta de personalidad propia de Sheinbaum – de
quien tengo personalmente una buena opinión, pero cuya eficacia no se ha
reflejado para el bien de la ciudad -, se ha manifestado en actitudes frívolas
y con un tufo de irresponsabilidad. Va un ejemplo:
Durante los
días violentos en la CdMx – anarquistas, feministas y diversos grupos de choque
destruyendo inmuebles, atacando de manera abierta a comercios y a empleados,
vandalizando la puerta principal de Palacio Nacional, agrediendo físicamente a
policías y a periodistas y actuando con salvajismo urbano bajo un manto de
impunidad -, Sheinbaum volvió a desaparecer de la escena gubernamental. Sin
liderazgo presente, en ningún momento salió a las calles para realizar
recorridos y lanzar así el mensaje de que la autoridad estaba viva y actuante y
que allí se encontraba para responder. No ocurrió así. Sheinbaum prefirió
tuitear comunicados desde su oficina.
El domingo
pasado, aún con la violencia palpitando en el centro de la CdMx, ante la
emergencia en la Feria de Chapultepec donde fallecieron dos personas y todavía
frescos los desmanes ocurridos en Glorieta de Insurgentes y Paseo de la
Reforma, Sheinbaum optó por el adorno vía TW: invitar a los ciudadanos a un
#ViernesDeKaraoke en el kiosko de la Alameda Central para conmemorar a José
José.
¿En qué
momento perdió Claudia Sheinbaum el control de la CdMx? ¿Qué eventos comprueban
y contribuyen a su cada vez más notorio empequeñecimiento político ante la
agrandada figura de López Obrador?
Echemos un
vistazo a tres momentos en los que Claudia Sheinbaum cedió, en la praxis
política, la jefatura de Gobierno a AMLO y debilitó su propia figura y
trayectoria política:
SIN
PROGRAMAS SOCIALES. Desde el arranque de la mal llamada Cuarta Transformación,
Sheinbaum permitió que AMLO manejara directamente los recursos y beneficios de
los tres programas emblema y puntas de lanza del Gobierno de la CdMx: Pensión
Universal de Adultos Mayores, Becas “Prepa Sí” y Apoyo a Personas con
Discapacidad, que suman un padrón de 815 mil beneficiarios y manejan un
presupuesto global por 9 mil 623 millones de pesos. El Gobierno de Sheinbaum
únicamente manejará Uniformes y Útiles Escolares. Y ya. Debilitada, Sheinbaum
se limita a justificar por qué se dejó arrebatar esos programas y permitió que
AMLO se los apropiara. La explicación de fondo, es una: son recursos que
otorgarán votos electorales para 2021 y los necesita el Presidente para su
proyecto político-ideológico-electoral.
SIN
GRANADEROS. Guste o no reconocer, y más allá del argumento comodino de que “no
somos un Gobierno que reprima” para evitar, así, el desgaste político a la hora
de intentar garantizar la seguridad de comercios y habitantes de la CdMx
durante marchas y manifestaciones, la desaparición del Cuerpo de Granaderos le
ha hecho un agujero negro a la capital en su seguridad, permitiendo que
cualquier grupo violento – llámense anarcos, feministas, de la CNTE u otro más
– haga y deshaga, literalmente, lo que se le pegue la gana con la ciudad, bajo
un ritmo violento e impune. Hoy por hoy, la CdMx está a la deriva en cuestiones
de seguridad. Los granaderos eran el principal dique de contención de grupos
violentos, y hoy ya no están porque Sheinbaum nos vendió el discurso de que los
granaderos “se utilizaban para reprimir”. No, señora. Meter en orden a
violentos y proteger a ciudadanos pacíficos no es “reprimir”, sino garantizar
la obligación constitucional que la autoridad capitalina tiene al respecto.
Desaparecer a los Granaderos fue un error mayúsculo que hoy todos, sin
excepción, estamos pagando.
SIN
LIDERAZGO. Claudia Sheinbaum decidió no incomodar a AMLO y le dejó el control
de la CdMx. Se entiende que le sería poco rentable pelearse con el Presidente.
No es por ahí el asunto. No. Sería suicida políticamente que siquiera lo
intentara. Empero, sí está obligada por ley – más allá de conveniencias y
estrategias políticas-, a garantizar la seguridad de los capitalinos, de
aquellos que votaron y quienes no votaron por ella en julio de 2018. La
política de AMLO en la CdMx es permitir que los vándalos ataquen sin que nadie
los enfrente, por temor a ser calificado de “represor”, y ante ello, Sheinbaum
cierra la boca y agacha la cabeza. Cómo estarán las cosas que López Obrador
pidió a los ciudadanos, el lunes pasado en su mañanera, que este 2 de octubre
integren “cordones ciudadanos de seguridad” (¿?) para enfrentar a los grupos
violentos. Es decir: asúmanse como autodefensas y defiéndanse como puedan. Todo
ello ocurre ante la manifiesta ausencia de liderazgo de Sheinbaum.
Las cifras
reprueban a Sheinbaum en el renglón de seguridad:
Los
secuestros aumentaron en 550 por ciento; las extorsiones, en 127 por ciento, y
los homicidios en 48 por ciento, según Semáforo Delictivo.
La CdMx ha
sido, desde el año 2000, el bastión político de López Obrador, cuando a golpe
de votos ganó la Jefatura de Gobierno, mientras Vicente Fox llegaba a Los
Pinos. Esa hegemonía política se ha mantenido durante 19 años.
Pero el
ejercicio del poder – ya lo sabemos – desgasta y derrota.
AMLO es hoy,
al mismo tiempo, Presidente y Jefe de Gobierno capitalino.
Y Claudia
Sheinbaum así lo ha permitido.
Sin duda.
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