Javier Risco.
¿Soy al
único que le parecen fascinantes los alcances de lo ridículo en el caso de Baja
California? Cada día que pasa se superan en tratar de justificar lo increíble
que suena, tan sólo sugerir, quedarse en el poder tres años más de los que
votaron millones de bajacalifornianos. Sinceramente nadie se había atrevido a
tanto en varias décadas de la vida democrática de este país y eso creo que hay
que documentarlo con el paso de los días. Al gobernador electo Jaime Bonilla no
le ha importado la voz de nadie, ni la opinión de ninguna institución, cuando
tuve la oportunidad de entrevistarlo y le pregunté si había escuchado las
declaraciones del consejero presidente del Instituto Nacional Electoral,
Lorenzo Córdova, me dijo que sus declaraciones eran de alguien que hablaba “con
desconocimiento de la ley”, le repetí que se trataba de la máxima autoridad
electoral e insistió que eso no significaba que Córdova conociera la ley
electoral de Baja California... ¡qué maravilla de respuesta!
Insisto,
este caso está plagado de joyas y disparates que con el paso del tiempo
entrarán en un libro, aún no escrito, de tragicomedia política mexicana.
La más
reciente ocurrencia ha sido una “consulta” no vinculante y sin ningún rigor
metodológico, con una pregunta que parece sacada de un sketch de Los Polivoces,
como cuando el Mostachón le quería ver la cara al Washandwear, “¿Cuál piensa
que es la mejor opción para nuestro estado? A) Proyecto 5 Mantener la reforma
aprobada para que se mantenga un proyecto de gobierno de 5 años de gobierno B)
llevar a cabo una contrarreforma para limitar el periodo de gobierno a 2 años”,
en realidad a nadie le importa el resultado de la “consulta”, pero suena
sumamente atractiva tener la carta de la “voluntad del pueblo” para ser
utilizada en un futuro no muy lejano.
El
Presidente ha dicho que él no se mete en asuntos estatales –aunque lo haga todo
el tiempo a través de sus videos publicados en redes sociales– y que los
encargados de resolver el asunto serán los ministros de la Suprema Corte de la
Nación.
¿Qué hacer
en esta discusión donde la razón ha pasado a tercer o cuarto plano? Qué hacer
cuando TODAS las voces se unen para decir que la “Ley Bonilla” es un atropello
y simplemente avanza caminando y sin preocupaciones a lo largo de las semanas
hasta la fecha prometida, el próximo 1 de noviembre.
Creo que lo
mejor será documentar el abuso, ir escribiendo una obra de teatro –que en breve
será un éxito taquillero–, ver los alcances que el gobierno de Morena, bajo el
amparo del Ejecutivo (porque callar ante esta idea que derrumba cualquier orden
electoral y constitucional es aprobarlo) y un Congreso local sin vergüenza,
puede tener; y por último, ser testigos del día en que un gobernador y su
Congreso cambiaron el periodo de gobierno y vivieron felices para siempre… o al
menos cinco años más.
Muchos se
preocupan de que Baja California se convierta en un precedente peligroso para
tentar a otros gobiernos estatales, el fin de la democracia moderna mexicana
como la conocemos hasta el momento y un precursor de la ilegalidad en materia
electoral. Yo creo que se trata de un capítulo vergonzoso que no se replicará.
Ojalá que en la Suprema Corte se vayan preparando para ocupar la portada de
todos los medios nacionales, cualquiera que sea su decisión, ellos son los
verdaderos actores principales.
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