Salvador
Camarena.
Hay que
felicitar a Fundar por haber logrado que se hagan públicas las condonaciones de
adeudos fiscales que van de enero de 2007 a mayo de 2015.
Como se
sabe, esa organización de la sociedad civil dio una batalla de cuatro años para
lograr que el Servicio de Administración Tributaria le entregara información
que involucra a siete mil 885 personas y empresas, que en total fueran
beneficiadas con 172 mil 335 millones de pesos.
Y también
como es sabido, hay todavía un juicio pendiente para que la autoridad revele
los detalles de 201 contribuyentes que se ampararon en su afán de que no sean
divulgados sus datos como beneficiarios de las condonaciones que el presidente
López Obrador quiere que no existan más. Como señaló este martes Fundar, los
amparados representan el 37 por ciento de todos los impuestos que el Estado
mexicano dejó de recibir en ese periodo.
Se ha
explicado que las condonaciones no son forzosamente indebidas. Y menos
ilegales. Pero es igualmente cierto que la gente tiene derecho a saber quién
fue beneficiado, y a cuestionar por qué esas personas, físicas y morales,
recibieron tal prerrogativa. Igualmente, a cuestionar a las autoridades de
entonces –financieras y políticas– sobre las razones para dar esas concesiones.
Digno es de
mencionar que el INAI, tantas veces denostado por la presente administración,
jugó un papel clave para que el juez Octavo de Distrito en Materia
Administrativa de Ciudad de México ordenara la divulgación de los datos que hoy
conocemos.
El juez
ordenó tal cosa luego de que el Instituto Nacional de Transparencia, Acceso a
la Información y Protección de Datos Personales (INAI) ordenara, en el marco de
la ley, entregar a Fundar los datos de esos contribuyentes, entre los que se
encuentran renombrados (que no reconocidos) políticos que desde ayer hacen
malabares para tratar de explicar su calidad (es un decir) de beneficiarios.
Una vez más,
bravo para Fundar.
Dicho lo
anterior, ojalá que en breve se logre conocer, por la vía legal, la identidad
de los beneficiarios que pretenden mantenerse en la opacidad. Y que expliquen
cada uno de ellos su proceder. Pero también conviene tener en mente que la
condonación es solo uno de los mecanismos que utilizaron discrecionalmente las
pasadas administraciones.
Se sabe
públicamente de al menos dos casos en los que el gobierno (es otro decir) de
Enrique Peña Nieto decidió no llevar hasta las últimas consecuencias las
pesquisas para hacer que quienes le escamotearon impuestos cubrieran la
totalidad de estos, y de paso se las vieran con otras consecuencias previstas
por la ley.
Está el caso
de Eustaquio de Nicolás, ex hombre fuerte de la viviendera Homex, a quien en
2013 la Procuraduría Fiscal de la Federación le abrió tres denuncias por
defraudación fiscal, cargos que podrían haberle acarreado nueve años de cárcel.
Sin embargo, a De Eustaquio, amigo de Peña Nieto, la Procuraduría General de la
República terminaría por perdonarlo. ¿Por qué?
Y está el
caso del empresario (es oootro decir) intermediario en la compra del equipo
espía Pegasus, Rodrigo Ruiz de Teresa, que también supo de benevolencias por
parte del SAT, al que le debía más de un millón de pesos. ¿Por qué Peña Nieto
trató así a ese 'empresario'? Como dicen en mi tierra: sabe.
Como
reportaron en su momento Zorayda Gallegos y Daniel Lizárraga, con EPN hubo al
menos cinco perdones fiscales. ¿Quiénes más están en esa lista además de Ruiz
de Teresa y el sinaloense De Eustaquio? ¿Será que está también un exgobernador
(reciente y vivo) de Puebla? ¿Y el de una influente jefa de Oficina en Los
Pinos? ¿Y un diputado panista mexiquense? ¿Y el de un líder sindical? ¿Y el de
un exmandatario de Aguascalientes? ¿Será? ¿Será que saldrán las otras listas?
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