Ricardo
Ravelo.
Después
de poco más de un siglo de lucha contra el narcotráfico por la vía de la
represión y con medidas prohibicionistas –que fallaron rotundamente– el
Gobierno de México se apresta a regular, para empezar, la venta de la mariguana
con fines recreativos.
En realidad,
se trata de regular lo que de facto ya ocurre: miles de personas en México
compran y consumen mariguana o cualquier otra droga sin enfrentar problemas
legales: la adquieren en la calle, la consumen en la vía pública o en lugares
cerrados, en la clandestinidad más absoluta, a veces.
Se oferta
en bares, restaurantes o en los llamados Table Dance donde la prostitución se
combina con el consumo de enervantes, siempre con la complicidad de las
autoridades que, previo pago, terminan por tolerarlo todo, absolutamente todo.
La iniciativa
para liberar el consumo de mariguana es del Diputado federal Mario Delgado,
coordinador de la bancada de Morena, quien propone que sea el Estado el que
regule el mercado ilegal que existe hasta ahora. Además, Delgado plantea que a
través de una empresa estatal –Connsalud– el Gobierno se encargue de comprar y
vender la droga al público consumidor sin ningún tipo de prohibición.
Aunque no
lo dice la iniciativa, se entiende que la venta de mariguana se haría en
farmacias autorizadas, quizá en Oxxo, que cuenta con más de 12 mil tiendas en
el país o en expendios especiales que el Gobierno autorice para la venta del
enervante.
Con esta
iniciativa se da como un hecho que la mariguana como droga es inocua, aunque
respecto de sus efectos nocivos todavía el debate no está agotado: los
partidarios de la corriente liberal sostienen que la mariguana no causa la
muerte y descansan su argumento en el hecho de que hay más decesos por consumo
de alcohol que por mariguana; sin embargo, la corriente conservadora, que insiste
en mantener la política prohibicionista, plantea que el consumo de mariguana
es, en realidad, la puerta de entrada al mundo de las drogas y que sí causa
efectos severos a la salud con el uso prolongado.
Entre sus
efectos nocivos está la adicción, el adormecimiento de la voluntad, pérdida de
la memoria, distorsión de la conducta y, además, es el puente o pase automático
para el consumo de otras drogas, incluso duras, como la cocaína o incluso la
heroína.
Pero el
Diputado de Mario Delgado no se adentra en esta discusión: él observa que
liberar el consumo de mariguana significaría para el Gobierno un gran negocio,
como ya lo es en Estados Unidos.
Para motivar
su propuesta, el Diputado de Morena sostiene que, tan sólo en el estado de
Colorado, en Estados Unidos, la liberación de la mariguana dejó ganancias de
500 millones de dólares en un año.
En el
caso de México, explicó que se tiene contemplado un impuesto especial a la
venta de mariguana, así como otra cuota de dos pesos por cada gramo que se
venda. Desde su punto de vista, es mejor tener un mercado de cannabis regulado,
con lo que se terminaría con el modelo prohibicionista que, como se sabe, no
frenó el flagelo del narcotráfico ni la violencia de alto impacto que acompaña
a esta actividad ilegal.
La
propuesta de Delgado –que por ahora es a título personal, pero que se espera
que Morena la respalde para ser discutida y aprobada en el Congreso– es que el
Estado sea el responsable de vender la droga al consumidor; el producto podría
adquirirse en farmacias autorizadas y su venta sería completamente legal.
Esta
iniciativa permite recordar lo que pasó en el siglo XVIII, sobre todo al final
de esa centuria, cuando las drogas se podían consumir libremente en todo el
mundo. La cocaína, una droga de moda en ese tiempo, fácilmente se podía comprar
en las farmacias. Los médicos de entonces la recetaban para curar a los adictos
a la morfina. Sigmund Freud, el padre del psicoanálisis, la recetaba a sus
pacientes para combatir los trastornos emocionales, entre otros, la depresión,
en aquellos años conocida como melancolía.
Incluso el
propio Freud era consumidor habitual de cocaína en Viena, Austria, donde radicaba,
y fue un gran promotor de esa sustancia. Incluso, gracias a los estudios de
Freud otros médicos descubrieron que dicha droga (en aquel tiempo era vista
como una sustancia casi milagrosa) servía como anestésico y así fue como se
descubrió la anestesia local, sustituida después por la anestesia sintética, la
cual sirvió en las cirugías oculares.
En Estados
Unidos se podía comprar cocaína en farmacias, incluso sin receta; la Coca-Cola
–La chispa de la vida, según reza su eslogan– contenía cocaína, era parte de su
fórmula, aunque después, cuando Estados Unidos prohibió su consumo, tuvo que
sustituirla por cafeína.
Freud
resaltó las bondades de la cocaína en su magnífico estudio titulado “Über Coca”
–sobre la coca–, publicado en 1884, en el que describe el origen de la planta,
sus características y, en otros puntos, destaca las ventajas para la
terapéutica; el propio Freud era consumidor de cocaína, según él mismo lo
admitió en varias cartas escritas a su novia; la recetaba a sus pacientes para
curar la melancolía y trastornos depresivos del sistema nervioso.
Más tarde,
Freud fue duramente criticado en el mundo, sobre todo cuando se descubrió que
la cocaína en realidad era una droga nociva y por haberla recomendado se dijo
que Freud le había abierto la puerta al tercer demonio de la humanidad, ya que
mucha gente en el mundo padecía severos estragos con el consumo de alcohol y
morfina.
Pero
volvamos al tema de la mariguana. En México, la mariguana tiene un amplio
mercado de consumo. Mucha gente consume la droga porque padece trastornos
nerviosos, entre otros, insomnio. Después de consumir un cigarrillo, sobre todo
por las noches, se asegura que induce al sueño profundo. En muchos casos, los
enfermos de epilepsia consumen mariguana porque afirman que les retrasa las
crisis, el llamado síncope, previo al desmayo.
Otras
personas la fuman para relajarse, unos más para tener mayor concentración a la
hora de realizar algún trabajo intelectual, aunque la mayoría la consumen con
fines lúdicos, es decir, por placer. Se afirma que la mariguana coloca al
consumidor en otro estado de conciencia: puede palpar la llamada realidad
objetiva, la que está fuera de nosotros y que no podemos percibir en
condiciones normales.
El
Gobierno de Andrés Manuel López Obrador está abierto a regular el consumo de
todas las drogas, como actualmente ocurre en Portugal. Con base en este
proyecto, el objetivo es quitarle al crimen organizado el monopolio de la venta
y distribución de drogas, pues esta medida se considera una alternativa contra
los elevados niveles de violencia.
Sin embargo,
esta visión es errónea: legalizar el consumo de las drogas en México no
terminará con la violencia, pues el narcotráfico ya no es la única actividad
delictiva con la que operan los cárteles. Lo que sí se podría romper es la
cadena de corrupción que genera el tráfico de drogas desde la siembra hasta el
consumo, pues al ser el Estado el productor y el distribuidor único ya no
habrá, aparentemente, competencia. El narcotráfico, en todo caso, competiría
creando un mercado negro.
Lo que sí
es un hecho es que las políticas prohibicionistas no han frenado el tráfico de
drogas, ni el consumo ni mucho menos la violencia extrema. De ahí que muchos
gobiernos –Estados Unidos, Uruguay, Portugal, por ejemplo– apostaron por la
liberación y los resultados parecen exitosos, además de representar un
cuantioso negocio.
De dar
ese pasó el Gobierno federal sería indispensable que se instrumenten políticas
de orientación respecto al uso de drogas y sus consecuencias. Hasta ahora, la
información que existe es escasa. Se necesita, incluso, que en la educación
primaria y secundaria haya orientación suficiente para los jóvenes, sobre todo
para quienes están en edad de probar con el consumo de alguna sustancia.
En México
operan 18 cárteles y la mariguana es una de las drogas importantes que tiene un
boyante mercado de consumo. Como ya se dijo, las políticas prohibicionistas no
han dado resultados. Los jefes de los cárteles se dieron cuenta que, pese a la
prohibición, que duró varios años, la droga se necesita en Estados Unidos, pues
no hay que olvidar que es el mayor mercado de consumo en todo el mundo.
Por esa
razón, México se convirtió en un gran trampolín para llevar la droga a
Estados Unidos, y todo lo manejan, hasta ahora, con corrupción a todos los
niveles. Esto hace posible que la cocaína, mariguana y la heroína lleguen al
público consumidor más boyante del planeta.
Pero el
Gobierno de Estados Unidos se dio cuenta que permitir el consumo de mariguana
con fines científicos y lúdicos, sobre todo, es un gran negocio. Por ello,
permitió que algunos estados liberaran el consumo, lo que les ha redituado millonarias
ganancias. El estado de Colorado es un ejemplo: en un año ganó 500 millones de
dólares por el consumo de cannabis.
Y México
lleva esa tendencia. De ahí la importancia de la iniciativa que propone el
legislador de Morena, Mario Delgado, quien no descarta que su partido termine
arropando la propuesta hasta llevarla a su aprobación.
La
ventaja de que el Estado mexicano distribuya la cannabis para el consumo tiene
la garantía de que el público consumidor sabría que el producto está analizado
y apto para el consumo.
Con ello, se
borran los riesgos de consumir alguna sustancia adulterada, como ha ocurrido,
lo cual ha derivado en daños cerebrales e incluso en la muerte.
El
mercado ilegal tiene muchos riesgos. En el caso de la cocaína, por ejemplo, ocurre
que el público consumidor dice comprar cocaína, pero lo que le venden en
realidad es una mezcla de sustancias que incluyen hasta raticida. Nada más hay
que empezar por el precio: una “grapa” (un gramo) que cuesta 100 pesos no puede
ser cocaína nunca.
Cabe
aclarar que un gramo de cocaína “de la buena”, como le llaman los consumidores,
cuesta entre 150 y 200 dólares el gramo. Se afirma que ésta es una cocaína que
al menos tiene uno o dos cortes, no más, no menos, y que resulta ser de
calidad.
En Austria y
en otros países de Europa existe una política liberal respecto al consumo de
drogas. Los jóvenes pueden consumir cualquier sustancia y, si tienen dudas
respecto de la calidad de lo que han comprado, pueden acudir –en plena fiesta–
a un módulo donde la sustancia es analizada y en pocos minutos el resultado
indicará si es apta o no para el consumo. Esta es una forma de evitar riesgos.
En
México, por desgracia, estos módulos no operan en ningún lugar, pero si el
Estado se encarga de regular la venta de algunas sustancias, tendría no sólo
que habilitar módulos en la vía pública sino establecer políticas de prevención
de drogas más agresivas a fin de que permanentemente haya una concientización
respecto del daño que ocasiona el consumo de las sustancias tóxicas.
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