Diego
Petersen Farah.
La
elección para presidente de Morena puso de mal humor al Presidente. Cuentan que
regañó a los superdelegados por usar sus atributos y los programas sociales
para operar dentro de la elección del partido. Lo que sorprende es que le
sorprenda, que espere algo distinto de una estructura política que él mismo
creo para favorecer a los candidatos de Morena. Si la decisión fue poner a
operadores políticos al frente del manejo de los programas sociales en cada
estado, si optó por los más grillos y no por los más técnicos, el resultado
esperado es que hicieran grilla, no un manejo pulcro y sistemático de los
programas.
¿Se le
está haciendo bolas el engrudo al presidente en Morena? Definitivamente nadie
esperaba los niveles de violencia y mano negra que hemos visto en las jornadas
de selección de representantes a la asamblea. El memorándum ordenando que nadie
se meta desde el gobierno a operar elecciones, que es el equivalente el regaño
de “fuchi-guácala” y “sicarios háganles caso a sus mamás”, tiene por objeto
mandar una señal de advertencia, poner límites y recordar que siempre es
posible el rebosazo. Todos saben, pero el Presidente más que ninguno, que hoy
por hoy Morena es López Obrador y López Obrador es Morena. El partido sin el
Presidente es un cascarón vacío, de ahí la amenaza permanente de López Obrador
de que, si las cosas en el partido no caminan o comienzan a estorbarle en su
proyecto, lo deja. Estamos muy lejos de que eso suceda. Antes está la
intervención del Presidente para poner a todos en orden y decidir, como ya lo
sugirió, por la vía de encuestas (esas que solo las conoce su dedito). La
pregunta es quién es el que más le conviene al Presidente en esta coyuntura.
El encono
mayor está entre el grupo de Bertha Luján y el de Yeidkol Polensky. La primera
representa un proyecto mucho más ideológico y tiene de su lado al operador de
los padrones de los programas sociales, Gabriel García. La segunda representa
el pragmatismo puro y duro, la máquina electoral, la rentabilidad no importa
cómo ni de donde vengan los candidatos. El tercero en discordia es Mario
Delgado, apoyado por los políticos más hechos del partido y que representa la
posibilidad de mostrar una cara presentable, de mayor solidez intelectual. El
problema es que ninguna de las tres corrientes por si sola tiene futuro. En
cualquiera que sea el proyecto político los tres necesitan a los otros dos y el
Presidente lo sabe mejor que nadie. Su tarea será acomodarlos.
Cuanto más
avanza la contienda al interior de Morena más convencido estoy de que será una
elección cerrada, que al final se decidirá por un solo voto: el de López
Obrador.
No hay comentarios.:
Publicar un comentario
Gracias por tu comentario.