Por Arturo Sánchez Jiménez.
La falta de una amplia y entusiasta participación de la
comunidad universitaria en el actual procedimiento de designación del rector de
la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) es una consecuencia de lo
obsoleto y antidemocrático que es el proceso mismo, considera Imanol Ordorika
Sacristán, uno de los líderes del movimiento estudiantil de 1987. Cuando no te queda claro qué tan
importante es tu opinión para la decisión que se tomará, no hay motivación para
tomar una actitud participativa, opina.
El sistema de designación vigente, en el que 15 integrantes
de la Junta de Gobierno exploran la opinión de los universitarios y luego
deliberan y deciden en privado quién será el rector para el periodo 2019-2023,
no incentiva a la comunidad a la participación, porque todo mundo sabe que a
final de cuentas sólo las personas de la junta van a decidir.
El integrante del Instituto de Investigaciones Económicas de
la UNAM explica –como parte de una serie de entrevistas que La Jornada
publicará respecto del relevo en la casa de estudios–, que desde hace décadas
hay sectores de universitarios que cada cuatro años –cuando se designa al
rector– plantean críticas al sistema de designación de las autoridades en la
institución.
En su visión, el gran problema es que el procedimiento de
designación “a final de cuentas se reduce a un conciliábulo –la Junta de
Gobierno– que toma decisiones con base en argumentos, presiones e intereses que
el conjunto de los universitarios no conocemos. Por ponerlo en pocas palabras:
el proceso no es democrático”, señala.
Para el también director general de Evaluación Institucional
de la UNAM, un error que han cometido quienes quieren transformar el
procedimiento para nombrar a las autoridades es que hacemos la crítica en un
momento en que no es posible generar los cambios porque el proceso se está
llevando a cabo. Al respecto señala que conseguir la democratización es una
tarea que tenemos que empujar para el cuatrienio, para que se pueda desarrollar
y construir a partir de un profundo debate la universidad.
Considera que sea quien sea la persona que quede frente a la
UNAM, tendríamos que hacerle este planteamiento para tratar de obtener el
compromiso de abrir esta discusión con toda la seriedad que se necesita.
En su opinión, es indispensable la discusión sobre la
necesidad de que los mecanismos de toma de decisiones en la Universidad
Nacional se abran a la participación de los universitarios, porque en la casa
de estudios hay una comunidad muy madura, acostumbrada a la reflexión, a la discusión
racional, que podríamos asumir cambios incluso del marco de la ley orgánica
vigente.
El país ha cambiado desde antes del primero de julio de 2018,
sentencia, y no es posible que la UNAM siga impermeable a los cambios.
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