Arnoldo
Cuellar.
No puedo
dejar de preguntarme en qué están pensando los genios de la mercadotecnia que
cobran en la nómina del Gobierno de Guanajuato, al ver cómo le han conseguido
dos entrevistas en menos de un mes con noticieros nacionales, Paola Rojas y
Javier Alatorre, para hacerlo a hablar de todo, menos de la realidad que vive
Guanajuato.
Me parece
que, a ningún estudiante del Tecnológico de Celaya, de la Universidad Politécnica
de Guanajuato en Cortazar o a los habitantes de la atribulada ciudad cajetera,
les va ni les viene la Feria de Hannover y la construcción de un utópico
aeropuerto internacional en el triángulo del huachicol.
Me parece
que ningún hotelero del corredor industrial va a echar las campanas a vuelo
cuando escuche al Gobernador decir que ya está repuntando el turismo, cuando
sus hoteles se encuentran semivacíos pese a la ganga en las tarifas.
En los
escenarios nacionales, ningún medio, salvo las cadenas que cobraron por esas
entrevistas, se va a interesar en una bonanza que ya no existe más, segada por
la inseguridad, el desplome económico mundial y la guerra comercial desatada
por el inquilino de la Casa Blanca.
Probablemente,
cuando soñaba con ocupar un día la gubernatura de Guanajuato, Sinhue se veía
a sí mismo como el político triunfador que cortaba listones y cosechaba
aplausos. Es decir, la parte bonita de la política, no la de la
responsabilidad, la de las decisiones difíciles en las que hay que jugarse el
cargo para responder a la alta encomienda recibida.
Quizás
allí radique la explicación de porque este Gobierno no cuaja: porque no se mete
al agua, porque no se arrastra bajo la maquinaria para saber dónde está el
desperfecto.
Este mes, los
“genios” de la mercadotecnia que cobran de nuestros impuestos, se enfrentaron
alarmados al desplome en la popularidad del Gobernador, en sus encuestas y en
las ajenas. Quizá eso motivó la medida de pánico de mandar traer las
producciones de dos noticieros nacionales, cuyos nada baratos costos de
traslado más la tarifa publicitaria son cubiertos por los jugosos convenios que
el estado mantiene con las cadenas televisoras.
Sin embargo,
lejos de preparar un guion para entrarle al toro por los cuernos, para darle
respuestas a sus ciudadanos y mandar mensajes al exterior haciendo sentir que
Guanajuato se hará cargo de sus problemas y regresará por sus fueros, se opta
por la cortina de humo, por el ocultamiento, el hablar de “cosas positivas”, el
mandar los problemas debajo de la alfombra, como si eso fuera posible.
No sé si
a alguien convenzan esas apresuradas enumeraciones de logros o la foto del
hospital general, que por cierto costó el doble de lo presupuestado, para hacerlo
sentir que “Guanajuato va bien, que no para”, como dijo el complaciente entrevistador de Azteca.
A mi
gusto y al de otros especialistas en imagen y mensaje político que he
consultado, la estrategia sigue siendo contraproducente, pues coloca al
Gobernador en una posición de huida de los problemas, de evasión, que no le
sienta nada bien a ningún detentador de responsabilidades públicas.
Sin embargo,
la prensa de Guanajuato en su mayor parte, compra enteras esas visiones,
aceitadas con los jugosos contratos publicitarios que se reparten ya como parte
rutinaria de la tarea de “gobernar”. Lo único que ocurre es que esos medios de
comunicación se desploman ante sus lectores al mismo tiempo que el peso muerto
al que tratan de hacer flotar.
No veo
que los sufridos irapuatenses o los masacrados celayenses tengan una mejor
perspectiva de su suerte después de leer las ocho columnas del periódico el Sol
en su respectiva localidad.
Las
llamadas de atención para despertar a la realidad vendrán de otra parte. Por
ejemplo, de los estudiantes que hoy están llamando a una gran manifestación en
Celaya para protestar por la inseguridad, sin partidos políticos ni
organizaciones sociales de por medio, tan silenciadas por el miedo como el
propio Gobierno de Sinhue o el de Elvira Paniagua.
Si el
Gobierno quiere resignarse en su impotencia, allá ellos; pero empiezan a surgir
otras voces que no creen que deban estar condenados a vivir existencias
miserables de temor y encierro.
Por lo
visto no hace falta desaparecer los poderes en Guanajuato, en muchos sentidos
son ya inexistentes.
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