Por Laurence
Pantin Y Alejandra Quezada.
El pasado 31
de octubre, con 22 votos a favor, uno en contra y una abstención, el Congreso
local de Coahuila aprobó la designación de seis nuevos magistrados por parte
del Ejecutivo, con base en propuestas del mismo Poder Judicial. Ese voto casi
unánime certificó un proceso que fue objeto de cuestionamientos y parece
reflejar una tendencia a la opacidad, la falta de rigor, el riesgo de conflicto
de interés y las dudas sobre la idoneidad de los perfiles profesionales
elegidos, que marca los procesos de nombramientos de magistrados en muchos
estados.
Entre los
nombramientos más polémicos la prensa local reporta el caso de un académico
que, además de ocupar varios altos cargos en el gobierno estatal, llegó a ser
director de la Facultad de Jurisprudencia de la Universidad Autónoma de
Coahuila, cargo al que tuvo que renunciar después de que alumnos lo acusaran de
deficiente manejo de los recursos. Y ahí está un exdirector de Inspección y
Verificación de Torreón, que al no aprobar los exámenes de control y confianza
fue readscrito a otra dirección del gobierno municipal. O la extitular de la
Consejería Jurídica del estado, que quizá tenga que excusarse de resolver
asuntos en los que esté involucrado el Ejecutivo estatal y que haya defendido
en su anterior cargo.
Como lo
vemos, dos de estos nuevos magistrados son personas de confianza del
Ejecutivo estatal (de extracción priista) y uno lo es del alcalde de la capital
del estado (del PAN), por lo que su nombramiento, que parece haber sido
resultado de una negociación política entre las dos principales fuerzas
políticas del Congreso local [1], también podría implicar riesgos a la
independencia del Tribunal Superior de Justicia.
La
preocupación frente al proceso de selección de los magistrados de Coahuila se
hizo patente unos días antes de las designaciones, cuando el Presidente de la
Asociación de Jueces del Coahuila se manifestó a favor de que se consideraran
perfiles internos al Poder Judicial, señalando que existen jueces que cuentan
con antigüedad, honestidad y capacidad probada, en contraste con algunos
perfiles de candidatos externos.
Ahora bien, no
es extraño que los jueces prefieran que los magistrados provengan de la carrera
judicial, pues representa, para ellos, la única forma de escalar. Menos común
es que los abogados se pronuncien en este sentido, como lo hizo el
vicepresidente de la Federación de Barras, Asociaciones y Colegios de Abogados
de Coahuila, quien recomendó que se legislara para evitar que personas que no
cuentan con los méritos y experiencia necesarios sean magistrados y refirió que
algunos perfiles podían cuestionarse frente a los de jueces con varios años en
el ejercicio del encargo.
Por
supuesto, de acuerdo a la normatividad estatal, le corresponde al
Legislativo analizar los perfiles de los magistrados para ver si cumplen con el
requisito para obtener el cargo, establecido en la Constitución del estado, de
haberse “distinguido por su honorabilidad, competencia y antecedentes
profesionales en el ejercicio de la actividad jurídica” y valorar su idoneidad.
Sin embargo, en Coahuila no parece ser el caso. Llama la atención que, en
referencia a los nombramientos aprobados, el presidente de la Junta de Gobierno
del Congreso local haya declarado: “Fue una amplia discusión, el propio
Tribunal Superior de Justicia emite sus propuestas al Ejecutivo, éste a su vez
envía la terna al legislativo que tiene la facultad de votarlo. Yo confío en
que los 6 perfiles que fueron analizados cumplen con el requisito, quiero decir
que las 16 propuestas que hizo el Poder Judicial todas merecen nuestro
reconocimiento”.
El
legislador parece reconocer que el Poder Legislativo no se cercioró de que
cada aspirante realmente cubriera los requisitos y que además su perfil haya
destacado por su idoneidad con el puesto, sino que confió en que el Judicial y
el Ejecutivo lo hayan hecho.
Quizás por
ello, unos días después de las designaciones, legisladores del PAN
presentaron una iniciativa de reforma a la Constitución local para modificar
este proceso. Plantea que el Consejo de la Judicatura proponga al Ejecutivo una
terna por cada puesto vacante, integrada a partir del análisis de propuestas
que presenten instituciones académicas de alto nivel y de asociaciones de
juristas de reconocido prestigio.
Concursos de
oposición, ¿en el horizonte?
Pero esta
preocupación no es propia de Coahuila. Vale la pena recordar que también
existe en el Senado de la República una iniciativa de reforma a la Constitución
federal, enfocada a homologar y fortalecer el proceso de selección de los
magistrados a nivel estatal. Prevé que se realice mediante un concurso de
oposición abierto tanto a integrantes del Poder Judicial como a externos. Con
base en este concurso, el Pleno del Consejo de la Judicatura deberá someter a
consideración del Congreso una terna de candidatos y, previa comparecencia
pública de sus integrantes, el Congreso elegirá al magistrado que deba cubrir
la vacante [2]. La idea esencial detrás de esta propuesta es que con base en
este proceso se garantizaría una selección basada en méritos y transparencia,
lo cual contribuiría a la independencia judicial.
Si bien
no es ideal que los legisladores federales modifiquen la regulación del proceso
de designación de los magistrados locales –pues al siempre latente riesgo de
interferencia entre poderes se añade la sospecha de intervención ‘centralista’–,
es cierto que esto representaría un avance en los 25 estados, donde hoy los
magistrados son nombrados por el Legislativo y/o el Ejecutivo sin que los
aspirantes se sometan a un concurso de oposición[3]. Además, ello permitiría
evitar que los procesos de nombramiento de estos juzgadores a nivel local estén
sujetos a modificaciones cada vez que haya un cambio en el contexto político de
las entidades federativas, como se ha observado en algunas entidades.
Más allá de
esta propuesta, y cualquiera que sea el mecanismo de selección de los
magistrados, sería deseable que en todos los estados estos procesos se
desarrollaran con mayor transparencia y publicidad. Además de la publicación de
los perfiles y trayectoria de los aspirantes, se deberían abrir espacios para
que los ciudadanos puedan opinar sobre los mismos. Cuando existen concursos, es
importante publicar los resultados de todos los exámenes aplicados, pues brinda
mayor certeza –tanto a los concursantes como a los ciudadanos– sobre la
imparcialidad de los mismos.
Éstas son
solamente algunas medidas que podrían mejorar la confianza ciudadana en los
nombramientos de magistrados, quienes tienen funciones estratégicas, ya que no
solamente son la última instancia para resolver un asunto a nivel local, sino
que también eligen, de entre sus pares, al presidente del Tribunal Superior de
Justicia y del Consejo de la Judicatura. Es decir, son ellos quienes determinan
quién está a la cabeza del órgano jurisdiccional y de la instancia encargada de
la administración de los recursos materiales y financieros del Poder Judicial,
así como de la vigilancia, formación y disciplina de todos sus funcionarios.
De esta
situación da cuenta la designación como presidente del Tribunal Superior de
Justicia de Coahuila de un ex diputado local de reconocida cercanía con el
actual gobernador, quien fue nombrado magistrado a principios del año. Su
elección a la cabeza del Poder Judicial, que ocurrió el mismo día en que
tomaron protesta los magistrados, fue avalada por los seis nuevos integrantes
del Pleno de 16 magistrados.
Como lo
demuestra el caso de Coahuila, no es ideal que los nombramientos en un Poder
Judicial tengan un tinte político. Si el presidente del Poder Judicial tiene
que garantizar la independencia del órgano, él mismo tiene que ser
independiente, y también los magistrados. Por ello es urgente que se
transparenten y se precisen los criterios a partir de los cuales se realizan
sus nombramientos.
Laurence
Pantin (@lpantin) es coordinadora del Programa de Transparencia en la Justicia
de México Evalúa, del cual Alejandra Quezada (@quezada_as) es investigadora.
Las autoras agradecen la revisión de Pablo García.
[1] El PRI
cuenta con 10 de los 25 diputados estatales, mientras que el PAN tiene 9.
[2] Si bien
es generalmente positiva esta iniciativa, representaría un proceso en el Estado
de México, donde el nombramiento se realiza por el Consejo de la Judicatura,
con base en los resultados de un concurso de oposición, y luego es aprobado por
el Congreso. Por ello, sería bueno considerar la posibilidad de que el
nombramiento no se realice mediante una terna, sino que dependa del resultado
del concurso de oposición.
[3] Los
siete estados donde el proceso de designación de magistrados contempla un concurso
de oposición son: Baja California, Chihuahua, Ciudad de México, Jalisco, Estado
de México, Michoacán y Oaxaca. En los 25 estados restantes, el nombramiento de
magistrados depende del Legislativo y/o del Ejecutivo, a veces con base en
propuestas del Judicial,
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