Por Nayeli
Roldán.
El
proyecto más ambicioso del sexenio de Enrique Peña Nieto para ampliar la cobertura
de internet y telefonía en el país, llamado Red Compartida, NO logró acelerar
la competencia en el sector de telecomunicaciones ni influyó para disminuir la
brecha de conexión entre ricos y pobres, pese a que tuvo una inversión de 140
mil millones de pesos, un crédito con recursos públicos y la concesión de
espectro radioeléctrico para uso comercial.
Modificar
el proyecto que no dio resultados no es posible, pues cuenta con blindajes que
dificultan su revocación. Por una parte, las condiciones establecidas en la Asociación Público
Privada (APP) señalan que una terminación anticipada implicaría reembolsar
gastos de inversión con recursos públicos, y, por la otra, se realizó en 2013
una reforma constitucional en materia de telecomunicaciones para crear la
condiciones para echarlo adelante.
Durante la
administración anterior, la Secretaría de Comunicaciones y Transportes (SCT)
explicó en un video que con la Red compartida de telecomunicaciones habría más
competencia, se incrementaría la cobertura y los habitantes de zonas marginadas
tendrían acceso a internet sin que el gobierno gastara en ello porque la
inversión sería de privados. Supuestamente habría un ganar ganar. Incluso
señaló que el costo por megabyte podría reducirse a la mitad en 2018.
La
Encuesta Nacional sobre Disponibilidad y Uso de Tecnologías de la Información
en los Hogares (Endutih) señala que hasta 2018 existían 29.9 millones de
personas que no tenían acceso a este servicio, y de ellos, 4 de cada 10
indicaron que se debía a la falta de recursos para costearlo, mientras que sólo
2% manifestó no usarlo por falta de cobertura.
Si bien
no hubo presupuesto etiquetado al proyecto, la banca de desarrollo pública
—Banobras, Bancomext y Nafin— otorgó un crédito de 17 mil 750 millones de pesos
de recursos públicos a pagar en 13 años para que Altán Redes, el consorcio
ganador del proyecto, tuviera garantía de liquidez y pudiera echarlo a andar.
Para
dimensionar el asunto, esa cifra es 16 veces mayor de lo que el actual
gobierno destinará a Internet para Todos, proyecto que será operado por la
Comisión Federal de Electricidad (CFE), y equivale al presupuesto para 2020 del
Instituto Politécnico Nacional (IPN), que atiende a 180 mil alumnos de
educación media y superior.
Aunque el
presupuesto total del proyecto fue de 140 mil millones de pesos, y el crédito
público significó sólo 13% del proyecto, el gobierno federal también entregó
para su explotación comercial la frecuencia de 700 megahertz que se liberó con
la transición a la televisión digital.
La meta
es que este proyecto logre cobertura de conexión para 92% de la población en
2024, actualmente con las empresas operadores se tiene una cobertura de 88%,
según el Instituto Federal de Telecomunicaciones.
Hasta 2018, Red
Compartida cumplió la meta prevista de desplegar infraestructura para 30% de la
población, pero esto no ha significado un beneficio para los usuarios porque no
ha habido un incremento significativo de teléfonos celulares con internet ni
conexiones en los hogares, toda vez que hasta el primer trimestre de 2019,
México tenía 96 líneas móviles por cada 100 habitantes, mientras países como
Chile o Argentina tienen 147 y 135, respectivamente.
Y aunque
la finalidad fue incentivar la competencia, hasta el momento la Red se ha
instalado en los mismos lugares donde ya existía oferta y “la participación en
el mercado no ha ido a la velocidad que en su momento se esperó”, reconoce
Fernando Borjón, exdirector del Organismo Promotor de Inversiones en
Telecomunicaciones (Promtel), encargado del proyecto.
Además,
el verdadero reto no está en el inicio de operaciones, sino que en los años
siguientes “genere el tráfico suficiente para que sea un negocio sostenible y
haya valido la pena el despliegue y uso de todos los recursos públicos para su
concreción como proyecto para la conectividad universal en México”, asegura
Gonzalo Rojón, director de investigación en la consultora The Competitive
Intelligence Unit, en un análisis del Instituto del Derecho de las
Telecomunicaciones.
Esto
tiene como resultado “la violación al derecho constitucional como lo es el
derecho a conexión a internet, debido a una mala política pública y de una mala
administración del espectro. Está generando la marginación del siglo XXI, la
digital en el país”, asegura Jorge Fernando Negrete Pacheco, uno de los
analistas del sector de las telecomunicaciones más destacados en América Latina
y socio fundador del grupo consultor Digital Policy & Law Group.
La Red
Compartida es un proyecto para llevar servicios de telecomunicaciones a
zonas donde no los hay, mejorar la calidad de los servicios, y generar mayor
competencia en el sector.
Se trata
de un proyecto que incluye aportaciones del gobierno a través de la concesión
para uso comercial del espectro de 700 megahertz, liberado de la televisión
terrestre, dos hilos de fibra óptica de la CFE, y de capital privado, lo que se
conoce como una Asociación Público Privada (APP).
Esta fue
la primera vez que el gobierno utilizó ese modelo para un proyecto de
telecomunicaciones, pues sólo se hacía para obras de infraestructura como
hospitales o carreteras. Incluso, para poder hacerlo, tuvo que solventar una
serie de reformas legales.
El
proyecto era tan importante para la administración que incluso, el 10 de junio
de 2013 se promulgó el Decreto de Reforma a la Constitución Política de los Estados
Unidos Mexicanos en Materia de Telecomunicaciones y Competencia Económica, que
incluía “garantizar la instalación de una red compartida”.
También
se incluyó en la Estrategia Digital Nacional, al plantear como meta, “desplegar
una red compartida de servicios móviles al mayoreo para impulsar el acceso
efectivo de la población a la banda ancha y a los servicios de
telecomunicaciones”.
Para
poder concretarlo se creó el Organismo Promotor de Inversiones en
Telecomunicaciones (PROMTEL) por decreto el 11 de marzo de 2016, como un
organismo descentralizado cuyo objeto es “realizar las acciones tendientes a
garantizar la instalación de la red pública compartida de telecomunicaciones y
otras para la prestación de servicios públicos de telecomunicaciones, a través
de terceros o en asociación público privada”.
El 24 de
enero de 2017, el entonces director de Promtel, Fernando Borjón Figueroa, y
el representante legal de Altán Redes S. A. P. I. de C. V., Eugenio Galdón
Brugarolas, firmaron el contrato de la Red Compartida con vigencia de 20 años,
con lo que se concretaba un proceso que había iniciado en 2013 con el decreto
de reforma a ocho artículos de la Constitución en materia de
Telecomunicaciones.
En dichas
reformas se estableció todo lo que el Estado debía proveer para concretar el
proyecto. En el artículo décimo sexto transitorio dicta que “el Estado, a
través del Ejecutivo, garantizaría la instalación de una red pública compartida
de telecomunicaciones que impulse el acceso efectivo de la población a la comunicación
de banda ancha y a los servicios de telecomunicaciones”, aprovechando el
espectro liberado por la transición a la televisión digital.
En el
artículo décimo quinto transitorio se instruyó a la CFE a “ceder su
concesión para instalar, operar y explotar una red pública de
telecomunicaciones, así como transferir todos los recursos y equipos necesarios
para la operación y explotación de dicha concesión” y a entregar tres pares de
hilos de fibra óptica de su red a Telecomunicaciones de México (Telecom).
Mientras que
en la reforma a la Ley del Sistema Público de Radiodifusión del Estado
Mexicano, el artículo 142 establece que el IFT asignará directamente la
banda de 700 megahertz para la “operación y explotación de una red compartida
mayorista mediante concesión de uso comercial”.
Opacidad en
contratos y obligaciones.
La
Secretaría de Comunicaciones organizó el concurso internacional
APP-009000896-E1-2016 para operar la Red Compartida, en el que participaron
Consorcio Rivada, conformado por Rivada Networks, S. de R.L. de C.V. y Spectrum
Frontier, L.P.D., y Altán Redes. El 17 de noviembre de 2016 emitió el fallo que
dio como ganador a este último.
Este
conformado por Marapendi Holding B.V.; Isla Guadalupe Investments, Sociedad
Limitada Unipersonal; Corporación Financiera Internacional (CFI); China-Mexico
Fund Investment Company II B.V. (CMF); Hansam, S.A. de C.V.; Megacable, S.A. de
C.V.; Axtel, S.A.B. de C.V.; Fideicomiso de Administración número 2431;
Fideicomiso irrevocable de Emisión de Certificados Bursátiles denominado
“FFLATAM-15-2”, de acuerdo con el acta de proposiciones.
De
acuerdo a una revisión de la Auditoría Superior de la Federación, Altán ganó el
concurso, pese a que “no proporcionó evidencia de la experiencia de haber
participado en proyectos equiparables a través de contratos o finiquitos de
pago de servicios”.
Al ser
ganador, el consorcio pudo solicitar al IFT la concesión como mayorista para
el uso del espectro de 700 megahertz, que le fue otorgado en enero de 2017,
según el documento firmado por el titular del Instituto, Gabriel Oswaldo
Contreras.
Ser
mayorista significa que Altán Redes debe instalar infraestructura, medios de
transmisión, derechos de vía y demás elementos de las redes de
telecomunicaciones para hacer uso del espectro, pero este servicio sólo lo
podrá vender a empresas operadoras minoristas, que a su vez comercializarán el
servicio de telefonía e internet a los usuarios finales.
Después de
ganar el proyecto, el consorcio privado requirió de apoyo financiero público
para echar a andar el proyecto. De acuerdo con un comunicado de la Secretaría
de Hacienda del 3 de abril de 2017, la banca de desarrollo conformado por BANOBRAS,
NAFIN Y BANCOMEXT OTORGÓ UN PRÉSTAMO POR 17 mil 750 millones de pesos a Altán
para pagarse hasta 2030.
“Con la
firma del contrato de crédito concluyó con éxito un proceso de cierre
financiero que duró tres meses, con lo cual se tienen asegurados los recursos
tanto de capital como de deuda necesarios para el desarrollo del proyecto”, dijo la dependencia, entonces
encabezada por José Antonio Meade.
Si bien
se trata de un préstamo y el dinero público sería recuperable en teoría, no se
conocen los términos y condiciones de este préstamo en caso de que el proyecto
fracase o no sea rentable, toda vez que el contrato y los pagos realizados
hasta el momento no son públicos, pese a que se trata de recursos del erario.
Aunque en la
auditoría financiera “Red Pública Compartida de Telecomunicaciones” 327-DE
realizada por la Auditoría Superior de la Federación, se advierte que “en caso
de que Altán presente problemas financieros, la Banca de Gobierno tendría un
riesgo por 17 mil 750 millones de pesos”.
Para esta
investigación se solicitó vía transparencia los contratos y los comprobantes
de pago mensual a Banobras, Nafin y Bancomext, pero en todos los casos
respondieron que se trata de información “confidencial” por contener
“operaciones protegidas por el secreto bancario de sus clientes, por lo que en
ningún caso podrán dar noticias o información de las operaciones o servicios”.
Para Gerardo
Soria, presidente del Instituto del Derecho a las Telecomunicaciones (IDT), que
el Estado garantice la inversión del consorcio “desnaturaliza por completo las
ventajas del modelo de asociación público privada, ya que el Estado asumiría
todo el riesgo y los principales costos y los inversionistas privados
únicamente verían las ganancias, si las hay”.
De acuerdo
con la Auditoría Superior de la Federación, el resto del financiamiento
provino de capital de riesgo por 14 mil 525 millones de pesos aportado por los
miembros del consorcio y 17 mil millones de pesos como parte del crédito
principal aportados por Huawei Technologies Co. Ltd como acreedor principal y
Nokia Solutions and Networks como secundario.
Mientras que
otra aportación del Estado fue la concesión para uso comercial del espectro
de 700 megahertz y un par de hilos de fibra óptica de la CFE, y por el que debe
pagarse arrendamiento, pero el monto no supera los 500 mil pesos.
Promtel
sólo recibió en 2017 poco más de 354 mil pesos como cuota por kilohertz
concesionado a la Red Compartida en la cobertura a todos los municipios de
Hidalgo, Morelos y Estado de México, así como en las Alcaldías de la Ciudad de
México; mientras que en 2018 recibió 403 mil pesos, según consta en las
respectivas facturas.
La cifra
contrasta con otros casos, por ejemplo, cuando la CFE obtuvo 883 millones
815 mil pesos del Grupo de Telecomunicaciones de Alta Capacidad, S.A.P.I de
C.V. por el pago del arrendamiento para el uso, otorgamiento y aprovechamiento
de un par de hilos de fibra óptica adjudicados, según informó la Auditoría
Superior de la Federación en su revisión a dicho contrato. Eso significa que la
Comisión está recibiendo poco más de 44 millones de pesos anuales.
Pese a
las concesiones y aportaciones de gobierno, y a que este proyecto se trata de
una Asociación Público Privada y debe cumplir con los requerimientos de la ley
que las regula, la Red Compartida se mantiene en la opacidad.
Hasta el
cierre de la pasada administración, en el registro para efectos estadísticos
que lleva a cabo la Secretaría de Hacienda y Crédito Público de los 25
proyectos de Asociación Público Privada, la Red Compartida era el único
proyecto que no tenía algunos datos que obliga la Ley de Asociaciones Público
Privadas.
Este
gobierno publicó el estudio de costo beneficio, que significa la proyección
financiera del proyecto, es decir, lo que se espera ganar con él. De acuerdo a los datos, el
valor neto presente de la Red compartida es de 91 mil millones de pesos.
Mientras que la tasa de retorno, es decir las utilidades, se estiman en 34% y
la tasa de rentabilidad inmediata, que significa la valuación actual del
negocio se proyecta en 55%. Esto implica que la Red compartida es rentable en
términos de las proyecciones financieras realizadas.
Sin embargo,
dichas cifras estarían en riesgo si “los niveles de demanda estimados bajo
los niveles de precio y calidad esperados estén sobreestimados. Esto afectaría
los niveles de rentabilidad financiera del proyecto, aunque difícilmente la
rentabilidad social”, afirma Gerardo Soria.
Actualmente,
los accionistas privados del proyecto son: Morgan Stanley (Fondo
Internacional de Infraestructura); los organismos multilaterales
internacionales Internacional Finance Corporation, China-Mexico Found; los
Fondos de Pensiones Nacionales e Internacionales, Caisse de Dépot et placement
du Québec, CKD IM, FFLATAM-15-2; el socio nacional Hansam, S. A. de C. V.; como
socio internacional, Isla Guadalupe Investments; socio estratégico Multitel y
los socios industriales, Megacable y Axtel.
*Esta
investigación forma parte de “Transparencia y rendición de cuentas de las APP:
Recomendaciones de política pública”, un estudio de Ethos Laboratorio de
Políticas Públicas, coordinado por José Luis Chicoma, Yahir Acosta, Ana Laura
Barrón y Silvia Márquez. Edición: Salvador Frausto.
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