Gustavo De
la Rosa.
Los actos de
suma crueldad suelen generar reacciones colectivas de ira y rabia, reacciones
que confrontan a la autoridad, y, en un país centralizado, la autoridad más
confrontada resulta la autoridad central.
Desde Juárez
tenemos una idea de lo que sucede en la Sierra de Chihuahua, y lo sabemos
porque la guerra que empezó entre 2007 y 2008 no ha terminado y ninguno de los
cárteles armados que la empezaron han desaparecido de la escena del trasiego de
sustancias ilícitas; hemos aprendido, además, que ante una situación de crisis
emocional colectiva lo que no deben hacer las autoridades es tratar de
contestar con especulaciones.
Y lo que no
debemos hacer los ciudadanos, es buscar explicaciones partidistas.
Es
inexplicable, para quienes estamos lejos del lugar de los hechos y fuera de la
dinámica del morir o matar, el asesinato de niños y mujeres, y tratamos de
explicarnos lo que sucedió como si fuesen conductas razonables, realizadas por
individuos que tienen la tranquilidad y serenidad para pensar y calcular los
efectos exactos de sus actos, como nosotros mismos lo hacemos desde nuestra
oficina o sala del hogar.
Hasta hoy,
en México, los delincuentes son los enemigos del resto de la población, con
total independencia de nuestra militancia partidista; ellos tienen sus propios
intereses y pelean a muerte por los suyos y según las órdenes recibidas; la
lógica de sus acciones no corresponde con la lógica de nuestras vidas, y además
suele ser una lógica directa y simple, porque en las circunstancias de sus
acciones, no tienen muchas opciones.
Ante casos
como estos, es necesario hacer preguntas, pero es aventura suponer sin
evidencia ni información comprobada, y resulta fatal pensar que personas
específicas están involucradas sólo porque desde nuestra lógica podrían
estarlo.
La primera
gran pregunta que se debe hacer es sobre la intencionalidad, o no, de atacar
específicamente a esta familia; según nuestra lógica es inaceptable que el
ataque haya sido intencional, pero los procesos mentales de los atacantes son
otros; tenemos la pregunta, pero no la respuesta, así que no debemos especular,
creyendo que intelectualmente la vamos a tener. Sólo la investigación
profesional nos la dará.
La segunda
gran pregunta es acerca del motivo del ataque, cuya respuesta puede ayudar a
contestar la primera pregunta; pero ésta tampoco la tenemos, y cualquier idea
sólo es especulación. La tercera pregunta entonces es, ¿quién dio la orden? Y
tal vez tengamos esta respuesta cuando se hayan detenido a los sicarios que
participaron en el asesinato.
Luego
vendrían otras preguntas, ¿por qué asesinaron a sangre fría a la segunda
conductora?, ¿quién dirigía a los sicarios en el momento?, ¿estaban
intoxicados?, ¿con qué grupo delictivo trabajan? Etcétera.
Es un hobby
ciudadano tratar de contestar estas preguntas desde múltiples perspectivas,
pero luego algunas respuestas nos parecen tan plausibles que las damos por
ciertas.
En verdad
creo que, en circunstancias como estas, nuestra exigencia debería ser que las
autoridades responsables investiguen bien y pronto, porque necesitamos
respuestas y no suposiciones, y las necesitamos rápido; ¿quiénes son las
autoridades responsables? Eso sí lo sabemos, la Fiscalía General de Justicia
del Estado de Sonora y la Fiscalía General de la República, los demás son sólo
auxiliares.
No hay comentarios.:
Publicar un comentario
Gracias por tu comentario.