Adela
Navarro Bello.
El registro
como partido político lo recibieron en Morena de manos del presidente del
Instituto Nacional Electoral, Lorenzo Córdova Vianello. Fue en julio de 2014.
El propio Córdova tenía meses de haber sido electo consejero presidente del
INE, institución que recién había transitado de lo que fue el Instituto Federal
Electoral.
Los triunfos
de Morena, incluido el más grande honor, haber ganado la presidencia de la
República con más de 30 millones de votos entre ese partido y sus aliados,
fueron confirmados por el consejo de Instituto Nacional Electoral.
Como
organismo garante de la democracia en México, el INE (sus consejeros, su
presidente) no ha fallado en la organización de los procesos electorales.
Contrario a ello, la ausencia de conflictos postelectorales y la mínima
presentación de recursos de invalidez sobre los procesos, sus resultados o la
organización, son prueba que desde esa institución han dado no solo certeza a
las elecciones en México, también legalidad y transparencia.
En cinco
años desde que se transformó en INE, el Instituto Electoral ha realizado o
coadyuvado en 198 procesos electorales. Uno a la presidencia de la República,
uno al Senado, dos diputados a la Cámara de Diputados, 194 en los Estados. En
promedio por año emiten 16 millones de credenciales para votar, incrementan el
padrón electoral, todo con un nivel de ciberseguridad que ha evitado que sucede
lo que en años pasados, que el padrón electoral esté en el mercado negro al
mejor postor.
Lorenzo
Córdova fue el primero en salir a informar y validar el resultado de la
elección a la presidencia de la República que ganó en julio de 2018 el ahora
presidente Andrés Manuel López Obrador. En su calidad de Consejero Presidente
del INE, Córdova coordinó los trabajos de una elección en la cual fueron
instaladas 156 mil 807 casillas, donde los incidentes no sobrepasaron los dos
mil, y un gran porcentaje de los mismos fueron de menor importancia y solucionados
al momento.
No se
registraron, ni el día de la elección ni durante los posteriores,
inconformidades. Sí hubo una rigurosa fiscalización de los recursos ejercidos
por los partidos políticos en ese proceso electoral, y de la cual se generaron
multas por un total de 586 millones de pesos. Además conforme a la votación,
partidos políticos nacionales y locales perdieron su registro. Fuera de eso, la
elección de 2018 fue llevada a cabo con pulcritud. Así llegó Morena a la
presidencia de la República, en un ejercicio electoral sin contratiempos, y con
certeza jurídica, democrática.
Por supuesto
perfectible siempre, el Instituto Nacional Electoral es el resultado de años de
lucha ciudadana por mantener los procesos electorales fuera de los tentáculos
del gobierno o las garras de los partidos políticos. La ciudadanización del
Instituto Electoral comenzó en el IFE y se va consolidando en el INE.
Por eso
llama la atención que un diputado de Morena quiera modificar las reglas del
Instituto Nacional Electoral, cuando hasta la fecha han dado certeza a los
procesos de elección durante los últimos cinco años. Además, que
particularmente –como suelen dirigir sus reformas en Morena- se pretenda
afectar solo un cargo y a una persona. La presidencia del Consejo General del
INE, y a su presidente Lorenzo Cordova Vianello.
El diputado
Sergio Carlos Gutiérrez Luna, por cierto electo por representación proporcional
en su natal San Luis Potosí, presentó una iniciativa para modificar el periodo
de la presidencia del Consejo General del INE. Propone rotarlo cada tres años,
pero a partir de ya –cuando entre en vigor la modificación a la Ley si es que
se la llegan a aprobar- y no a partir de 2023 cuando concluye el periodo de
nueve años para el cual fue electo por la Cámara de Diputados el doctor Córdova.
En momentos
que para el país y la democracia son cruciales, la aprobación de un presupuesto
para el desarrollo de elecciones y en la víspera de la más grande de todas las
elecciones en México, la del 2021, resulta no solo impertinente sino grave que
un diputado de Morena quiera cambiar las reglas de un sistema democrático ya
instaurado, y con resultados positivos.
Efectivamente
en el año 2021 se celebrarán elecciones en 30 de 32 estados y se elegirán a 15
gobernadores, en concordancia con la reforma de 2014 que mandató la
armonización de los procesos locales con los federales, en este caso
intermedios. Se renovará la Cámara de Diputados federal, 30 Congresos en los
Estados, ayuntamientos en 30 entidades federativas y quince gubernaturas, en
Baja California (a menos que la Suprema Corte de Justicia de la Nación avale la
inconstitucional Ley Bonilla con la cual pretenden ampliar a cinco años el
mandato), Baja California Sur, Campeche, Colima, Chihuahua, Guerrero,
Michoacán, Nayarit, Nuevo León, Querétaro, San Luis Potosí, Sinaloa, Sonora,
Tlaxcala y Zacatecas.
Será pues la
elección más grande que se tenga en México, y estará organizada por el Consejo
General del INE encabezado por Lorenzo Córdova Vianello.
En estas
condiciones, de ser cierto el apoyo de Morena a la iniciativa del diputado
potosino para rotar la presidencia del INE, se evidenciaría la ambición del
partido político del presidente por acaparar los organismos autónomos de
México. Ya lo hicieron con la Comisión Nacional de los Derechos Humanos al
colocar ahí a Rosario Piedra Ibarra, activista abiertamente a favor del
presidente en sus campañas políticas y de hecho candidata a un cargo de
elección popular por Morena.
Córdova
Vianello no tiene partido político. No milita en ninguno ni ha sido proclive a
ideología política alguna. Con su carrera cimentada en la academia, donde es
miembro del Instituto de Ciencias Jurídicas de la Universidad Autónoma de
México, entre otros, ha dado muestra de su compromiso con la democracia y nada
más. En los cinco años que ha presidido el órgano electoral en México, los
partidos políticos han ganado espacios en diferentes esferas y todos. En
porcentajes de acuerdo a la data del INE, ha sido así: Morena 25.93, PAN 25.93,
PRI 18.52, PRD 14.81, MC 7.41, Independientes 3.70, PVEM 3.70. El árbitro
electoral ha sido pues, neutral.
El diputado
de Morena quiere aprovechar la coyuntura de una renovación en parte del Consejo
General del INE para acortar el periodo de la presidencia de Lorenzo Córdova.
En la reforma de 2014 se eligieron Consejeros para diferentes periodos, cuatro
de ellos lo fueron por cinco años y en abril de 2020 deben ser nombrados nuevos
Consejeros del INE.
Los cuatro
que concluirán su periodo en el Consejo del Instituto Nacional Electoral son,
Pamela Sanmartín Ríos y Valles, Benito Nacif Hernández, Marco Antonio Baños
Martínez, y Enrique Andrade González. En la Cámara de Diputados, con mayoría de
Morena y aliados, deberán elegir a los sucesores por votación de tres cuartas
partes de los legisladores presentes al momento de la designación.
No es
sospechoso pensar que con esas ansias reformistas hacia el órgano electoral y
siendo los diputados los electores, intenten en Morena colocar en ese consejo a
personas afines a su partido o a su ideología, para terminar tomando este
Instituto Nacional Electoral. En esa coyuntura, el diputado Gutiérrez pretende
hacer rotativa la presidencia del INE, y dejar fue de su cargo al doctor
Córdova.
Hace unos
días en una nota que tuvo poca difusión, el líder de la fracción de Morena en
la Cámara de Diputados, Mario Delgado, dijo abiertamente que la iniciativa de
Gutiérrez no era de la fracción parlamentaria de Morena. Textualmente declaró:
“Esa es una iniciativa de un diputado, o de varios diputados de Morena, pero no
es una iniciativa de la fracción parlamentaria… creo que está exagerado
respecto a esa iniciativa, es una más de las muchas que hay”.
Ojalá así
sea. Ojalá y la intentona del morenista Carlos Gutiérrez por tomar el control
político del INE al rotar cada tres años la presidencia del Consejo General, y
empañar con tintes políticos el nombramiento de cuatro consejeros (el colegiado
lo integran once) en abril de 2020, no pase de eso, de una intentona. De la
exageración de un diputado. Tales acciones no solamente afectarían el
desarrollo, la organización y la supervisión neutral de los procesos
electorales, sino que dañarían la democracia mexicana, la certeza de las
elecciones, y la ciudadanización y la autonomía del organismo garante, el INE.
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