Alejandro
Páez Varela.
Alguien se
lo tomó con humor ácido: ¿Organizan un golpe de Estado y no invitan? Un
economista reconocido lo consideró una locura: “ya lo perdimos”, escribió.
Muchos se quedaron pensando qué había en el fondo del mensaje y otros
compartieron preocupación. Un “golpe de Estado” no es cualquier cosa. La cita a
Francisco I. Madero evoca el costo: los muertos; empezando por él, por el
Presidente; y luego todos los que murieron en los años por venir, los de la
revuelta armada.
El mensaje
de Andrés Manuel López Obrador llega apenas horas después de otro en el que
pide un año más para completar el cambio; y ha dicho que el cambio se hará tan
de fondo que será difícil, “si regresan los conservadores al poder”,
revertirlo. También llega después del operativo en Culiacán, donde las fuerzas
federales (Guardia Nacional y Ejército) recularon y dejaron ir al hijo de “El
Chapo” Guzmán; y luego de que un general que sirvió a Ernesto Zedillo contra el
EZLN y luego a Vicente Fox y a Felipe Calderón en la guerra contra el narco expresó
la supuesta inconformidad en las Fuerzas Armadas contra el Gobierno que
encabeza López Obrador. Y parece que la inconformidad no se resume sólo a él.
Gustavo
Castillo García y Eduardo Murillo, de La Jornada, escriben: “Todos los
asistentes, altos mandos del Ejército y la Fuerza Aérea, en funciones y en
situación de retiro, se pusieron de pie y aplaudieron al General Carlos
Demetrio Gaytán Ochoa cuando concluyó la participación para la cual fue elegido
y dio lectura al discurso consensuado con los militares asistentes y en el cual
señaló en México la sociedad ‘está polarizada políticamente porque la ideología
dominante, que no mayoritaria’, se basa en corrientes ‘pretendidamente de
izquierda’”.
Los dos
periodistas, que citan fuentes extraoficiales, agregan en la nota publicada el
viernes: “Todos fueron convocados al desayuno con el Secretario de la Defensa
Nacional (Sedena), Luis Cresencio Sandoval González, que se realizó cinco días
después de la fallida misión en Culiacán, Sinaloa, en el que se pretendió
capturar a Ovidio Guzmán López. Asistentes al encuentro revelaron que el
desayuno fue convocado desde el 12 de octubre, y los partícipes fueron en su
mayoría integrantes de la Asociación de Graduados del Heroico Colegio Militar y
del Colegio de la Defensa, quienes avalaron el texto que leyó Gaytán Ochoa,
‘por formar parte de una institución que sirve a México y atiende las órdenes
del Comandante Supremo, y que sirven como asesores de los titulares de la
Sedena para que la experiencia sea útil a las mejores causas para los
mexicanos’”.
El General:
A los 16 años entró al Ejército. Cuando la matanza de Tlatelolco, en 1968,
tenía 19 años. Adiestramiento en la Escuela de las Américas. Comandante del
Área Altos y del agrupamiento de la Fuerza de Tarea Arcoíris, en Chiapas,
durante el levantamiento zapatista. Y “jefe de las secciones novena, dedicada a
la doctrina castrense, y de la décima, de operaciones contra el narcotráfico”. Un
adoctrinado por las fuerzas militares de Estados Unidos, pues. Un convencido de
la opción armada y alguien a quien la izquierda, dada su educación, debe
resultarle repugnante. Y alguien que tiene púlpito para predicarlo y no en una
asamblea de México Libre, de Felipe Calderón; o en un encuentro con empresarios
radicales, no: en un auditorio, con militares de alto rango, en instalaciones
de la misma Secretaría de la Defensa Nacional.
“Él tiene
una visión de las cosas distinta a la que nosotros estamos llevando a la
práctica. Nada más para recordar, Calderón declaró la guerra, de eso hay
constancia, y hubo los mayores índices de letalidad. En ese tiempo decían los
de mero arriba del Ejército por allá por donde andaba este General, en las
alturas, les decían a los oficiales de los operativos: ustedes hagan su trabajo
y nosotros nos encargamos de los derechos humanos”, dijo López Obrador cuando se le
preguntó sobre el discurso del General Gaytán Ochoa.
“¡Qué
equivocados están los conservadores y sus halcones! Pudieron cometer la felonía
de derrocar y asesinar a Madero porque este hombre bueno, Apóstol de la
Democracia, no supo, o las circunstancias no se lo permitieron, apoyarse en una
base social que lo protegiera y respaldara. Ahora es distinto. Aunque son otras
realidades y no debe caerse en la simplicidad de las comparaciones, la
transformación que encabezo cuenta con el respaldo de una mayoría libre y
consciente, justa y amante de la legalidad y de la paz, que no permitiría otro
golpe de Estado”.
Ese es el
tuit completo del Presidente. ¿Hay razones para preocuparse? Independientemente
de que si se es o no simpatizante de él, sí hay razones para preocuparse. Por
varias razones.
La
primera es casi obvia: que López Obrador y su movimiento sí han sido víctimas
de acciones ilegales concertadas por sus opositores y desde posiciones de
poder. Enfrentó, por ejemplo, el complot (sí, el “compló” que resultó cierto)
de Carlos Salinas de Gortari y Diego Fernández de Cevallos en el capítulo
conocido como “los videoescándalos”, donde personas como Carlos Ahumada,
Rosario Robles y Juan Collado fueron peones. Y enfrentó el fraude de 2006,
cuando se trabajó con fondos de empresarios, desde antes de la elección, para
convertirlo ante la opinión pública en un “peligro para México”.
La segunda
preocupación es más sutil. Y merecería una discusión más amplia. En su tuit, López
Obrador dice que mientras tenga simpatías mayoritarias, el riesgo está
conjurado. Es decir: AMLO depende de niveles altos de aceptación popular para
mantener su mandato sin riesgo; no depende de instituciones fuertes, y eso incluye
un Ejército leal. “La transformación que encabezo cuenta con el respaldo de una
mayoría libre y consciente, justa y amante de la legalidad y de la paz, que no
permitiría otro golpe de Estado”. Mmmh. El Presidente ha dicho que tiene plena
confianza en las Fuerzas Armadas; para algunos, demasiada confianza.
¿El
Presidente ha dado “demasiado poder” al Ejército al encargarle, por ejemplo,
combatir el sargazo o la construcción del Aeropuerto Internacional de Santa
Lucía “Felipe Ángeles”? Hay una ignorancia increíble en el tema. La respuesta
es no. Los ejércitos del mundo tienen fuertes brazos de ingeniería civil. El
mejor ejemplo es el más cercano. El Cuerpo de Ingenieros de Estados Unidos,
creado en 1775 (durante la guerra de independencia), hizo y operó la Academia
Militar de West Point. En el Siglo XIX se encargó de costeras, caminos,
canales, navegación, edificios y monumentos, y en el Siglo XX asumió (hasta la
fecha), además, el control de obras contra inundaciones, la generación de
energía hidroeléctrica e incluso la administración de zonas de recreación
(hasta los parques) del país. Es la agencia líder en conservación y
restauración del medio ambiente y se encarga de las presas. El Cuerpo es usado
incluso para impulsar zonas deprimidas económicamente y para terminar pronto:
es la agencia pública de ingeniería de diseño y gestión de la construcción más
grande del mundo (Fuente: Army Corps of Engineers).
¿El
Presidente ha dado “demasiado poder” al Ejército al encargarle la Guardia
Nacional? Allí sí, cuidado. Empiezo con esto: el debilitamiento de Alfonso
Durazo por el operativo fallido de Culiacán plantea un riesgo alto: que si se
va, o lo sacan de la jugada, el Presidente habrá creado un cuerpo poderoso al
servicio de las Fuerzas Armadas, y no al revés: una fuerza civil que asumiría
las tareas que Felipe Calderón entregó al Ejército al declarar la guerra contra
las drogas. Así pues, la eventual caída de Alfonso Durazo podría derivar,
peligrosamente, en el fortalecimiento las Fuerzas Armadas. Por eso la presión
contra el Secretario de Seguridad Ciudadana no es sólo una discusión política,
entre civiles: podría además entenderse como el deseo de entregar más poder a
los militares. Peligro. Cuidado.
Por otro
lado, y es fundamental decirlo, López Obrador ha “humanizado” el cargo de
Secretario de la Defensa; lo ha entregado –acépteme el término–, públicamente,
al servicio civil. El General Secretario Luis Cresencio Sandoval ha enfrentado
las preguntas de más periodistas que todos los generales secretarios de la
Sedena quizás en toda su historia. Y eso es un cambio importante, nada menor.
Concluyo
con una duda. Es la
duda que tenemos todos los mexicanos de a pie desde este sábado: ¿qué datos
tiene el Presidente para hablar de un pretendido golpe de Estado? Si la vida
pública debe ser cada vez más pública, ¿hará públicas sus sospechas? ¿Nos dirá
qué inspiraron sus dos mensajes inquietantes, donde asoma la posibilidad de un
golpe de Estado?
La otra
posibilidad es que se trate de propaganda para cohesionar a los simpatizantes;
una alarma de prueba para cualquier eventualidad; una manera de mantener en
alerta a sus 30 o más millones o, como dicen otros, un distractor frente a
otros problemas como la violencia, el freno económico, el “culiacanazo”.
Porque no
creo que se trate de una broma. No hay país para una broma. Mucho menos una
broma de ese tamaño.
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