Enrique
Quintana.
Durante
mucho tiempo, en México se creó la imagen de que cualquier incremento a los
salarios por arriba del crecimiento de la productividad laboral sería
inflacionario.
Había una
doctrina oficial que señalaba que la única forma de asegurar un crecimiento de
los salarios reales era por la vía de propiciar un incremento en la
productividad laboral.
Se decía
que si los salarios subían por arriba de la productividad, solo propiciarían
inflación, lo que anularía el incremento nominal de los ingresos de los
trabajadores.
Desde el
2018 el incremento de los salarios mínimos, que fue de 10.4 por ciento, superó
a la inflación, que fue de 4.8 por ciento.
Sin embargo,
la gran prueba de que era posible subir los salarios sin que se desatara la
inflación ocurrió en el 2019.
Como
parte de la política salarial del nuevo gobierno, se estableció un incremento
de los salarios mínimos de 16 por ciento a nivel general y del 100 por ciento
en la frontera norte. Y, pese a ese incremento, la inflación bajó, para el
cierre de este año, a 3 por ciento.
Estas
consideraciones son relevantes para la definición que habrá de darse en los
próximos días respecto al incremento que habrán de tener los salarios mínimos
en el 2020.
Algunos
piensan que lo acontecido este año fue algo absolutamente anómalo y que si no
hubo incremento de precios disparado por al alza salarial fue porque existió
una contención de la demanda derivada del cero crecimiento.
Sobre esta
hipótesis hay algunos que abogan para que el próximo año se negocie un
incremento salarial que vaya en línea con la inflación prevista o que apenas
sea ligeramente superior a ella.
Otros, piensan
que con lo ocurrido en 2019 se mostró que es factible que los salarios suban
sin que se presente un incremento equiparable en la inflación.
El grupo
que en 2014 elaboró un amplio documento sobre los salarios mínimos dentro de la
administración del gobierno capitalino, planteó en estas mismas páginas que
para 2020 vuelva a establecerse un incremento de 14 pesos adicionales al
aumento porcentual previsto para la inflación.
Si ese fuera
el caso, el incremento de los salarios mínimos sería de 17.08 pesos para el
próximo año, de esta manera el salario mínimo diario a nivel general quedaría
en 119.76 pesos.
¿Debería
preocupar este incremento que sería equivalente al 16?6 por ciento?
A mi
parecer, no.
Es
probable que nuevamente, en el caso de los salarios contractuales este ajuste
pudiera generar presión para establecer nuevamente un alza del orden del 6 por
ciento o cercano.
Bajo la
premisa de que tuviéramos una inflación cercana al 3 por ciento el próximo año,
nuevamente habría una ganancia real en el poder adquisitivo de los salarios.
Es obvio
que si la economía mexicana no crece por un periodo largo y por lo mismo no hay
un incremento en los niveles de productividad laboral, este esquema no sería sostenible
en el largo plazo.
Sin embargo,
en específico para el 2020, se aprecian todas las condiciones para que
nuevamente haya una recuperación del poder de compra de los salarios sin
empujar hacia arriba la inflación.
La
experiencia de 2019 demostró que una es la teoría y otra la realidad.
Y a veces
la teoría está orientada para definir políticas públicas que dan resultados
claros: en 2003, la proporción de los ingresos del trabajo en el PIB fue de
29.9 por ciento; en 2018 había bajado a 26.2 por ciento.
¿Seguirá la
doctrina o vencerá la realidad?
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