Enrique
Quintana.
Menuda
sorpresa se llevó el gobierno mexicano, cuando el viernes pasado conocimos la
legislación de implementación del Tratado México-Estados Unidos-Canadá (T-MEC).
En el
documento enviado por el Comité de Medios y Arbitrios al Congreso
norteamericano se incluyeron cinco ‘agregados laborales’ (attachés) que son
empleados del Departamento del Trabajo y que desarrollarán su actividad en
México.
De acuerdo a
los mecanismos del Congreso en EU, el tratado fue vertido en una Ley de
Implementación que incluye los compromisos adquiridos, así como necesidades
presupuestales derivadas del tratado y el rediseño de algunas instituciones.
Es en esta
legislación donde se establece la existencia de esos cinco agregados
diplomáticos laborales de Estados Unidos en México, lo que provocó un rechazo
directo del gobierno mexicano a través del subsecretario Seade.
De acuerdo
con lo dicho el día de ayer por Seade, México no aceptará el nombramiento de
estos agregados laborales, cuya función no está clara y eventualmente podría
tratarse de inspectores disfrazados, lo que está prohibido por la legislación
mexicana.
Claramente,
la inclusión de esta figura, al margen de lo negociado, es un recurso usado por
la mayoría demócrata para dar gusto a los duros dentro del Congreso que
buscaban ir más allá en cuanto a las obligaciones de México en materia laboral.
Desde el
viernes pasado quedó claro que nuestro país no aceptará esa figura y se
anunció que Seade presentará directamente su rechazo en Washington.
No está
suficientemente claro si este rechazo pone en riesgo al tratado mismo. Sin
embargo, lo que sí queda claro es que no está dentro del documento que fue
negociado y que ya fue aprobado por el Senado mexicano la semana pasada.
Pareciera
ser el intento de los demócratas de ‘meter un gol’ y satisfacer las exigencias
de los duros que no quedaron satisfechos con los términos finalmente
negociados.
La
posición mexicana ha sido perfectamente clara en el sentido de rechazar la
designación de estos agregados laborales en la embajada de Estados Unidos en
México.
Lo ha
expresado claramente el gobierno y el sector privado ha respaldado este
rechazo.
No
sabemos si ello pueda poner en riesgo la aprobación del documento en el
Congreso de Estados Unidos.
Lo que sí
está claro es que no fue algo que fuera otorgado por México en la negociación.
Claramente,
se trata de una concesión del gobierno de Trump a los duros del Congreso para
conseguir el respaldo demócrata al tratado.
En caso
de que el Congreso norteamericano no acepte modificar esta parte de la
legislación de implementación, tampoco está claro si esto pondría en riesgo
nuevamente todo el documento.
Lo que sí
es obvio es que la inclusión de esa figura vuelve a poner en el tapete la
negociación, generando nuevamente incertidumbre.
No está
claro cómo se pueda resolver el diferendo, pues el Comité de Medios y Arbitrios
de la Cámara de Representantes ya introdujo la legislación el viernes pasado,
incluyendo la figura de esos ‘agregados laborales’, que trabajarán en México
pero reportarán al Departamento del Trabajo del gobierno de EU.
Veremos cómo
se puede arreglar este entuerto de última hora.
Si se
pensaba que la negociación ya había terminado, todo indica que tendrá que ser
reabierta.
El
Congreso de EU nos metió un gol y ahora hay que argumentar que estaba en fuera
de lugar y que tiene que ser anulado.
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