Enrique
Quintana.
Si la cotización del tipo de cambio del peso frente al dólar quiere
decir algo, es casi seguro que tengamos ya un acuerdo comercial entre México,
Estados Unidos y Canadá, el T-MEC, como diversas fuentes que no pueden
identificarse señalaron ayer.
Este lunes, el dólar cotizó por la noche en un nivel de 19.21 pesos.
Hace apenas algunos días todavía nos encontrábamos en niveles por arriba de
19.50. En los mercados se generó la percepción de que el acuerdo ya está
amarrado.
En la medida que tengamos los detalles de este acuerdo será fácil
incluso que el precio del dólar frente al peso baje más aún.
El acuerdo que lleva a la ratificación asegura que durante la campaña
electoral de 2020, al presidente Trump no se le ocurra repudiar el nuevo
Tratado. Había el riesgo, acotado pero existente, de que quisiera repudiar el
TLCAN.
La garantía
de la permanencia, en medio del juego electoral en Estados Unidos, es muy
relevante.
Si los dos partidos respaldan los términos del acuerdo, ya habremos
logrado salirnos del juego electoral.
Pero,
algo crucial será el contenido del acuerdo. Si no fuera positivo para México,
el efecto podría ser muy negativo. Esperemos que no sea así.
El TLCAN,
que entró en vigor en 1994, ha durado casi 26 años. El efecto de los tratados
comerciales no es inmediato, el impacto duradero.
En contra de lo que se esperaba, Jesús Seade no fue a Washington ayer,
como se comentó el domingo, sino que este martes estarán en México, Jared
Kushner, Robert Lighthizer y Chrystia Freeland, claramente para anunciar el
nuevo acuerdo.
Previamente,
Nancy Pelosi habrá de reunirse con la cúpula demócrata, esperando que se dé
visto bueno al texto acordado.
El aspecto claramente positivo de este acuerdo es que da garantías a
las inversiones en México.
Hemos visto
en los últimos meses cómo el presidente Trump impone aranceles a las
exportaciones de los más diversos países, saltando las reglas de la OMC.
Para poder juzgar el resultado, hay que conocer con detalle qué fue lo
que México dio para asegurar la ratificación.
No sabemos si fue buen negocio para nosotros o si hubo que sacrificar
temas clave para asegurar la ratificación.
Hasta no conocer la ‘letra chiquita’ no podría darse un juicio claro.
El balance objetivo del resultado de la negociación deberá tomar en
cuenta el indudable efecto positivo que la certidumbre tendrá sobre las
inversiones, y por lo tanto, para el crecimiento del país; y también, el
posible impacto negativo de las concesiones hechas por México en la negociación
de última hora que ha dado en días recientes.
No hay elementos suficientes para juzgar con plena certeza, pero
pareciera que saldremos ganando.
Si se confirma que, pese a la definición de las líneas rojas que
México expresó el domingo por la tarde a través del secretario Ebrard, hubo
posibilidad de cerrar el acuerdo, entonces, sin duda México va a ser ganador
por la ventaja que le dará el tener el acuerdo.
Lo probable es que luego del anuncio de hoy, pudiera entrar al
Congreso de Estados Unidos esta misma semana y someterse a votación la próxima,
con casi la certeza de que saldrá adelante.
La ratificación del Senado no es tema que inquiete por la mayoría
republicana que existe y podría quedarse para enero.
Terminaría así un ciclo de incertidumbre que comenzó en la segunda
mitad del 2016.
Es algo que
no podemos minimizar y que contribuirá a cambiar nuestra perspectiva para el
mediano plazo.
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