Enrique Quintana.
Cuando se aprobó el Paquete Económico 2020, uno de los
aspectos que más preocupación causó fue el hecho de que se estaban estimando
niveles de recaudación en 2020 que serían compatibles con un crecimiento
cercano al 2 por ciento calculado por Hacienda y no al 1 por ciento del
consenso de los expertos.
¿Cuál fue la respuesta del presidente López Obrador ante este
hecho? Poner a Raquel Buenrostro a cargo del Servicio de Administración
Tributaria (SAT), la cual fue ratificada el miércoles pasado por la Comisión
Permanente del Congreso.
El presidente observó el trabajo de Buenrostro en la
Oficialía Mayor de Hacienda y quedó convencido de que era la funcionaria idónea
para hacerle frente al reto que representa la recaudación.
¿Cuál es el punto de partida para el proyecto que va a
desarrollar Buenrostro? Caídas en la captación de los principales impuestos.
Hasta noviembre, hay una caída de 1.6 por ciento en la
captación del ISR, respecto a las cifras del mismo periodo de 2018, y un
descenso de 3.7 por ciento en el caso del IVA.
Los ingresos tributarios totales, sin embargo, crecen en 0.9
por ciento, por un alza de 57 por ciento en el IEPS a las gasolinas.
Esa circunstancia, sin embargo, no necesariamente se va a
mantener este año.
Para 2020, se tiene presupuestado un crecimiento de 3.0 por
ciento real en el ISR y de 3.6 por ciento en IVA. Esto implica obtener 90 mil
millones de pesos más respecto a lo estimado en 2019.
¿Qué va a hacer la nueva administración del SAT para
conseguir esas metas?
Buenrostro tiene un lema: que los contribuyentes “cumplan
bien”.
La Jefa del SAT está realizando un diagnóstico de la
situación fiscal, en la que se ha encontrado, por ejemplo, que hay 1.6 billones
de pesos en litigios, tanto recientes como antiguos.
Y ha encontrado que muchos de esos pleitos se han derivado de
reglas y disposiciones que alguna vez se justificaron y aplicaron, pero que ya
no son pertinentes en este momento.
Así que espere usted una revisión minuciosa de muchas de
ellas y varios cambios en el año.
Una de las sorpresas que encontró fue que la tasa del ISR
efectivamente cobrada respecto a la base gravable de los grandes contribuyentes
es de 2.2 por ciento.
La tasa hipotética del 30 por ciento se elude ampliamente
mediante esquemas de planeación fiscal agresivos que aprovechan los resquicios
de leyes y reglamentos.
Buenrostro considera que en regímenes anteriores se careció
de la voluntad política para hacer los ajustes que permitan incrementar de
manera importante la recaudación, lo que va desde la persecución efectiva de la
evasión abierta como la búsqueda de cerrar los huecos que permiten la elusión.
En el caso de las personas físicas, también hay indicios de
elusión generalizada. Del total del ISR recaudado, 44.6 por ciento corresponde
a las retenciones a los salarios; 49.4 por ciento a las empresas y solo 2.6 por
ciento a personas físicas, como profesionistas que cobran por honorarios,
arrendamientos y otros esquemas.
Buenrostro es una funcionaria que deja huella en las
instituciones que le encomiendan.
Y sabe que para el gobierno federal es crítico contar con
recursos. Ella lo palpó directamente en la Oficialía Mayor de Hacienda.
Así que, si piensa que por el hecho de que no vaya a darse
una reforma fiscal en este año, la situación tributaria estará estable,
desengáñese y póngase en orden, además de poner a trabajar en serio al área
fiscal de su empresa.
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