Julio Astillero.
Siendo sus
motivaciones esenciales absolutamente válidas y susceptibles de compartir, la
Caminata por la Verdad, Paz y Justicia fue afectada por las biografías e
intenciones de algunos de sus principales convocantes, como los hermanos
LeBarón, que están inaugurando el activismo político en México con copia
ejecutiva para Estados Unidos, y el poeta Javier Sicilia, exigente de ser
recibido en persona por el presidente Andrés Manuel López Obrador en esta, su
primera reaparición luego de nueve años de retraimiento, en un lapso que
incluyó el silencio total durante la administración de Enrique Peña Nieto.
Con una baja
respuesta ciudadana, más la respetable participación de organizaciones de
legítima defensa de derechos humanos y de búsqueda de desaparecidos, la
mencionada caminata concitó el interés, promoción y asomo de figuras
relacionadas con la oposición al obradorismo, que han intentado varias vías de
organización contra la administración federal actual. La marcha, además,
recibió una cobertura mediática excepcional, centrada en los perfiles
distintivos de sus principales figuras, Sicilia y los LeBarón.
Sin embargo,
los líderes de dicha caminata se creyeron inflados de tal manera que exigieron
que una marcha de poca monta numérica, impugnada en redes sociales e incluso
mediante presencia de simpatizantes de AMLO en el propio Zócalo capitalino a la
llegada de los marchistas, tuviese en su debut una obligada atención personal
del Presidente de la República, en la hora y lugar fijados por dichos
dirigentes, quienes confundieron la fuerza de sus motivaciones originales con
la capacidad de imponer agenda e interlocutores.
El tamaño de
la desproporción de los dirigentes de la caminata quedó de manifiesto al
negarse a dialogar y buscar puntos de acuerdo con el gabinete de seguridad en
pleno, es decir, con los secretarios de Gobernación, Protección y Seguridad
Ciudadana, Defensa Nacional y Marina, entre otros servidores públicos de primer
nivel. Sólo entregaron a algunos de estos un documento de propuestas para que
sean analizadas directamente por el presidente López Obrador. Sobran
organizaciones de lucha social con persistencia de muchos años que apreciarían
en extremo la oportunidad de ser atendidas por un conjunto de funcionarios de
ese nivel y, si sus intenciones fueran en el sentido de avanzar en la solución
de sus demandas, difícilmente se negarían a hablar con amplitud con un gabinete
sectorial en pleno. El propio Sicilia dijo no tenemos nada que hablar con el
gabinete de seguridad y señaló que Si (AMLO) nos recibe o no, ese es su
problema.
El gravísimo
problema de la inseguridad pública en todo el país, el ascenso dominante de los
cárteles del crimen organizado y de bandas e individuos criminales y la
ineficacia de las políticas públicas desplegadas hasta ahora para enfrentar esa
crisis heredada pero ni siquiera paliada, no deberían convertirse en
instrumentos de oposición personalizada, a menos que el propósito sea
justamente el de inflar y sostener una confrontación política al Presidente de
la República, más allá de las motivaciones oficiales de esas marchas y protestas.
La facción
de Morena que encabeza Bertha Luján, la candidata cuasioficial a presidir ese
partido por un periodo completo, realizó ayer un congreso nacional
extraordinario que, tal como se preveía, decidió desplazar a Yeidckol Polevnsky
de la presidencia del comité nacional y, en secuencia, instalar de manera
interina a Alfonso Ramírez Cuéllar, ex dirigente de El Barzón y actual diputado
federal y presidente de la estratégica Comisión de Presupuesto Público, cargos
estos a los que pedirá licencia para encargarse de dirigir esa sección de
Morena. El congreso y sus decisiones serán impugnados por la vía judicial y
ello podría llevar a que durante un lapso hubiera dos sedicentes presidentes de
Morena: Polevnsky y Ramírez Cuéllar.
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