Martí Batres.
Morena es el partido que triunfó el 1 de julio del 2018. Es,
además, la fuerza política que ha logrado la victoria en el más corto plazo
después de su fundación en la historia moderna.
Es, también, un partido atípico apoyado más en el movimiento
que en las estructuras rígidas. Por otro lado, es el primer partido de
izquierda que gobierna México. Y el primero en proponérselo por la vía
electoral y lograrlo desde ese espectro ideológico.
Después de este cambio político espectacular, el reto de
Morena es enorme. Tiene que mostrar eficacia como fuerza gobernante y, al mismo
tiempo, capacidad política para desarrollarse sin apoyos ni privilegios desde
el poder público. Debe mostrar orden e institucionalidad sin burocratizarse y
perderse. Requiere actuar con profesionalismo político y, simultáneamente, con
sencillez y honestidad. Está obligado a dirigirse a todos los sectores y
actores de la sociedad mexicana al tiempo que sostiene su perfil de izquierda.
Y tiene que ser consciente de su gran potencialidad para extender su influencia
en el conjunto del territorio nacional y en nuevos espacios de decisión sin
caer en las ambiciones desenfrenadas.
Por todas las razones descritas anteriormente, es que existe
gran expectativa por observar y conocer el desarrollo que tendrá esta fuerza
política ya en su nueva etapa.
Diversas discusiones dan contexto a la nueva realidad de
Morena, la cual ha hecho más complejo el proceso de sucesión en los órganos de
dirección de esta fuerza política. Es lógico que así sea, pues en su militancia
hay preocupaciones de distinto tipo.
Un nutrido grupo de intelectuales buscan que no se diluyan
los principios, que se fortalezcan las convicciones ideológicas de la
militancia y se firmen cuadros que den continuidad a las ideas.
Una buena parte de dirigentes y militantes analizan qué tipo
de relación establecer con todos aquellos aliados que llegaron en la parte
final de la campaña de 2018, con planteamientos y posturas diferentes a Morena
en muchos temas, con formas de actuación política muchas veces tradicionales, y
entre algunos de los cuales está el deseo de incorporarse al partido.
Otros dirigentes están preocupados por la necesidad de que
exista un partido que acompañe al Presidente, apoyando sus políticas públicas y
sus proyectos de reforma.
Algunos más tienen la urgencia de consolidar decisiones,
estructuras electorales, alianzas y coaliciones que le den a Morena la
continuidad de su liderazgo político en la renovación que se avecina de la
Cámara de Diputados, gubernaturas y presidencias municipales.
En estas circunstancias, a partir de impugnaciones
interpuestas por militantes que discrepan de la actual dirigencia nacional, el
Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación (TEPJF) determinó
reponer un conjunto de procedimientos antes de efectuar el proceso sucesorio de
la dirigencia. Entre ellos, lo relacionado con el padrón de afiliados.
De acuerdo a la jurisprudencia electoral correspondiente, los
actuales órganos, como el Comité Ejecutivo Nacional, el Consejo Nacional, la Comisión
Nacional de Honestidad y Justicia, el Congreso Nacional y las dirigencias
estatales viven una prórroga en sus períodos. Y la resolución del Tribunal
señala cuál o cuáles de estos órganos deben ejecutarla y hacerla cumplir y qué
es lo que deben hacer. Es el propio TEPJF el que ya ha determinado la tarea de
cada órgano.
En lo sucesivo es importante que las diversas instancias de
Morena cumplan rigurosamente con lo establecido en la resolución del Tribunal
para poder salir del reto actual.
Las reuniones que se convoquen y realicen deben tomar
decisiones dentro de lo que marcan el Estatuto partidario y en el marco de las
instancias facultadas por el Tribunal para sacar adelante el proceso sucesorio.
Por eso Morena debe plantearse como tarea prioritaria cumplir
la resolución del Tribunal y mirar hacia el país.
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