Enrique
Quintana.
En
diversas ocasiones, el presidente López Obrador ha señalado que hay coyunturas
en las que ha sido afortunado, es decir, que ha tenido buena suerte.
Pues una
de ellas es el entorno económico externo.
Ayer, la
UNCTAD, el organismo de las Naciones Unidas para el comercio y el desarrollo,
presentó su estimación de la inversión extranjera directa en 2019.
En el caso
de México, pese a que la inversión total se ha caído, la de los foráneos, la
IED, logró un crecimiento de 3 por ciento.
Pero eso
ocurrió en buena medida porque América Latina volvió a ser un polo atractivo.
En el conjunto, la IED subió 16 por ciento en la región, y especialmente en
Brasil, lo hizo 26 por ciento.
Ayer, el
FMI también actualizó sus perspectivas para la economía mundial en este año.
Aunque
para México ajustó su previsión a 1 por ciento, bajándola 3 décimas, en
realidad se alineó con el consenso.
Sin embargo,
algo relevante es que anticipa que la economía mundial crecerá este año 3.3
por ciento frente al 2.9 por ciento de 2019.
Un hecho muy
relevante para México es que se estima que la economía de Estados Unidos
crecerá 2.0 por ciento en 2020. Aunque el ritmo será ligeramente menor al 2.3
por ciento de 2019, tendrá un desempeño positivo, lejano de los temores de
recesión que se habían presentado el año pasado.
Esto
traerá consigo que el volumen del comercio mundial crecerá en 2.9 por ciento,
luego de que el año pasado lo hizo en apenas 1 por ciento.
Para una
economía tan abierta como la de México, son buenas noticias que el comercio
mundial crezca, pues mejora las posibilidades de desempeño de su sector
exportador.
El FMI ha
señalado que pareciera haber concluido una etapa en la que hubo una
‘desaceleración sincronizada’ de casi todas las economías importantes en el
mundo. Hoy tenemos un desempeño más diferenciado.
Sin embargo,
hay que considerar que para aprovechar las ventajas que ofrece este mejor
entorno internacional, se requiere que en México se enciendan los motores del
crecimiento.
Se ha
dicho hasta el cansancio, pero no sobra repetirlo, que la clave del crecimiento
hoy es la inversión privada.
Si no se
diera esta circunstancia, entonces no descarte que, en el mes de abril, cuando
usualmente el FMI actualiza sus previsiones, baje nuevamente su expectativa.
Pero
también podría darse lo opuesto. El entorno externo para México es favorable,
no solo por las variables positivas que le mencionamos sino porque el conflicto
comercial de Estados Unidos y China, que apenas entró en una tregua y no en una
solución duradera, ofrece una oportunidad que México puede aprovechar.
De
acuerdo con los estimados de la UNCTAD, la inversión extranjera de China más
Hong Kong cayó en 2019 en 20 por ciento, lo que implica una pérdida de 48 mil
millones de dólares, que no fueron hacia aquella zona.
Hay una
gran oportunidad que el entorno externo ofrece pues todo indica que la
tendencia no cambiará este año y otras empresas evaluarán opciones diferentes a
China para invertir.
Pero para
que México pueda aprovechar esta oportunidad necesita generar certidumbre.
La semana
pasada le comentamos que el sector privado planteó que se requiere construir
confianza.
De ello va a
depender que aprovechemos la oportunidad que tenemos o que la dejemos pasar.
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