Julio Astillero.
El Grupo
México anunció un regalo tramposo y convenenciero en la víspera de que se
cumplan 14 años del accidente en la mina de Pasta de Conchos, en cuyo interior
murieron 65 trabajadores, de los cuales solamente dos cuerpos fueron
recuperados.
La poderosa
empresa, que es propiedad de Germán Larrea, uno de los máximos multimillonarios
del país, ha informado a la Bolsa Mexicana de Valores que devuelve al gobierno
federal, en respuesta a una solicitud del presidente Andrés Manuel López
Obrador, el título de concesión del proyecto minero en el que se encuentra
ubicada la mencionada mina.
Supuestamente
benévola, la compañía de Larrea menciona que esa devolución busca ayudar a que
el gobierno obradorista reanude y tenga éxito en la recuperación de los restos
de los trabajadores mineros muertos en 2006. En realidad, lo que se devuelve es
solamente una de las cuatro concesiones en que se dividió el terreno original,
luego del trágico suceso ya mencionado.
Durante la
administración encabezada por Felipe Calderón se había intentado tal
segmentación (se trató de cambiar el nombre a Unificación Laureles), para
permitir que la empresa pudiese continuar con sus tareas de producción
carbonífera en la mayor parte de los predios entrampados por el litigio
jurídico, político y social relacionado con Pasta de Conchos. Pero fue con
Enrique Peña Nieto en el gobierno federal cuando se logró esa división en cuatro
partes, una de las cuales ahora cede con presunta amabilidad Grupo México, con
la expectativa de liberarse así de problemas, dejarlos al gobierno federal y
dedicarse plenamente a explotar sus otras tres concesiones en el área.
Es una
farsa, la entrega de la concesión por parte de Grupo México, dijeron a esta
columna fuentes oficiales de la Familia Pasta de Conchos, que han mantenido
vivas las demandas de parte de los deudos de aquellos trabajadores mineros.
Relataron los diversos intentos realizados por los directivos de ese grupo a
través de los titulares de la Secretaría de Economía durante las
administraciones regidas por Calderón y luego por Peña Nieto. Se quedan con lo
principal, a cambio de simular un gesto de apoyo a López Obrador y, según un comunicado
de prensa del citado Grupo México, reconfortar a los deudos.
Larrea y su
grupo aprovecharon la ocasión para, mediante el comunicado de prensa 004/20,
repetir su versión (comprobadamente falsa, históricamente condenada) de que en
su momento hicieron todos los esfuerzos que les fueron posibles para rescatar
los cuerpos de los trabajadores que quedaron sepultados en Pasta de Conchos. En
realidad, Grupo México prefirió no realizar los gastos que 14 años después sí
planea realizar la Presidencia obradorista para intentar la recuperación de
esos restos, en un acto de mínima justicia.
Incluso,
como si temiera o se previniera ante alguna acción gubernamental de castigo por
su conducta ampliamente repudiada en aquella región minera y en una parte del
país atenta a este caso, Grupo México señaló que la devolución de ese título de
concesión se trata de una decisión voluntaria de la empresa, sin que cause
precedente.
En realidad,
Grupo México y Germán Larrea han causado suficientes precedentes para que
hubiera una firme acción gubernamental en su contra. Además del tema histórico
de Pasta de Conchos, el 6 de agosto de 2014 se produjo el mayor desastre
ecológico de nuestro país, cuando unos 40 mil metros cúbicos de sulfato de
cobre acidulado fueron derramados en un arroyo que a su vez desembocó en los
ríos Bacanuchi y Sonora, provocando daños a decenas de miles de pobladores de
siete municipios y al medio ambiente del lugar.
El vertido
tóxico provino de la mina Buenavista del Cobre, propiedad del Grupo México, que
desde entonces ha mantenido una campaña mediática de simulación remediadora y
una batalla judicial para incumplir las obligaciones derivadas de ese caso.
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