Enrique
Quintana.
Por
segundo mes consecutivo, en enero, el indicador de confianza del consumidor que
calcula el INEGI tuvo un comportamiento positivo.
El alza fue
de 0.7 puntos respecto al dato de diciembre. Aunque el incremento pareciera
pequeño, tomando en cuenta lo que pasa normalmente en enero, mes en el que se
producen incrementos de precios, ajustes en tarifas y cuando muchas veces hay
que empezar a pagar los gastos de diciembre, es de destacarse que el indicador
haya crecido.
Uno de
los factores que más contribuyó a esta alza fue el índice que mide el optimismo
respecto a la situación económica esperada de los miembros del hogar en un
plazo de 12 meses. De hecho, es en este rubro donde el nivel del índice es el
más alto, lo que refleja que el consumidor mexicano empieza a tener mejores
perspectivas.
Cuando se
observan preguntas sobre temas específicos también se aprecia una ligera
mejoría. Por ejemplo, cuando se cuestiona respecto a las posibilidades
económicas de salir de vacaciones durante los siguientes 12 meses, hay una
mejoría de tres puntos.
Otro de
los indicadores que también subió y que puede ser un dato prometedor es el que
cuestiona respecto a si algún miembro del lugar planea comprar un automóvil
nuevo o usado en los próximos dos años. En este caso, el incremento fue de 1.8
puntos. También hubo un alza con relación a la posibilidad de que alguien en el
hogar vaya a comprar, construir o remodelar su casa.
Es temprano
para concluir que hay una nueva tendencia en la confianza de los consumidores.
Sin embargo, hay indicios de que podría ser así, y en los siguientes meses
habrán de confirmarse o desmentirse.
En
diversas ocasiones le he comentado en este espacio, que hay un segmento de
asalariados, los que pertenecen al sector formal de la economía, que han tenido
un incremento de sus ingresos reales.
La
llamada ‘masa salarial real’, que combina el crecimiento del empleo con el de
los salarios reales, terminó el año con un alza de 5.7 por ciento, en virtud
del aumento de 1.7 por ciento en el número de trabajos registrados ante el IMSS
y de un incremento de 3.9 por ciento en los salarios reales con los que se
cotiza al Instituto.
Sin embargo,
este incremento en el ingreso real de los hogares no se ha traducido en un
aumento equiparable del consumo, en virtud de la desconfianza respecto al
futuro. En el caso de las compras de bienes duraderos, las que normalmente se
realizan a través del crédito, como electrodomésticos, autos o vivienda, hay
muchos que dudan en contraer un compromiso financiero ante expectativas
inciertas.
Sin embargo,
pareciera –por lo pronto solo pareciera– que esa tendencia puede estar
cambiando.
De darse
una mejoría sostenida de las expectativas, será una buena noticia para la
economía mexicana.
Hay que
recordar que el consumo privado es el componente más importante de la demanda
total de la economía, pues equivale al 46.5 por ciento del total, y en los
primeros nueve meses del año pasado tuvo un alza de solo 0.3 por ciento.
Una mejoría
de esta variable sería el principio de una recuperación de la economía. Ojalá
se confirme.
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