Ricardo
Ravelo.
Tres
décadas después de que el gobierno federal, entonces encabezado por Carlos
Salinas de Gortari, ordenara una requisa para quitarles la operación portuaria
a los socios del Sindicato de maniobristas y a la empresa Servicios Portuarios
de Veracruz, obreros de ese gremio retomaron su lucha y ahora piden al
presidente Andrés Manuel López Obrador anular la medida ejecutada en 1991 y
reponerles a los trabajadores su patrimonio.
Desde hace
poco más de un año, unos 550 socios del sindicato de maniobristas
–sobrevivientes de aquel golpe bajo –endurecieron sus posiciones y, con
documentos y evidencias, han reconstruido paso a paso lo que ellos llaman “el
vil despojo” que orquestó el entonces presidente Carlos Salinas para
arrebatarles un negocio multimillonario que hoy explotan agentes aduanales de
Veracruz, un consorcio chino –Hutchinson Ports –y presuntos políticos que
habrían utilizado testaferros para apoderarse del mega-negocio portuario.
La requisa
operada en 1991 por el Gobierno Federal, dicen los trabajadores afectados, fue
uno de los golpes más severos que asestó el neoliberalismo y que sumió en la
ruina a miles de familias, mientras otros empresarios, como los agentes
aduanales, han amasado fortunas descomunales al amparo del negocio portuario.
Esta semana,
una comisión de trabajadores y su representante legal, Alejandro Pulido
Cueto, sostuvieron una reunión en Veracruz con funcionarios enviados por el
gobierno federal. Se trata de Paloma Rachel Aguilar Correa, administradora
General del SAT y Enrique Ibarra Illescas, representante de la Secretaría de
Gobernación.
Por primera
vez en treinta años, los trabajadores expusieron con lujo de detalle lo que
ocurrió en 1991, cuando el gobierno federal tomó el control del puerto de
Veracruz y comenzó a realizar maniobras fraudulentas para adjudicarse los
bienes que formaban parte del patrimonio del sindicato de maniobristas, cuyos
agremiados, a su vez, eran socios de la empresa Servicios Portuarios de
Veracruz. Ambas –sindicato y empresa –fueron disueltas en aquella arremetida
oficial.
En una
amplia relatoría de hechos, el apoderado legal de los obreros, Alejandro
Pulido, detalla lo ocurrido: Expone que en 1991 el gobierno federal ordenó una
requisa administrativa, laboral y financiera. El objetivo, explica, fue
detentar el control y manejo de toda la actividad portuaria y, para ello, dice,
el Gobierno Federal se alió con empresas extranjeras, agencias navieras y
agentes aduanales, a fin de apropiarse “de las enormes ganancias que produce la
actividad portuaria”.
Los
golpes del Gobierno Federal fueron contundentes para consumar el despojo, dice.
Por ejemplo, el Sindicato de Maniobristas estaba exento de pagar el impuesto sobre
la renta. Así estaba establecido desde su constitución, en 1975.
Sin embargo,
tanto la empresa Servicios Portuarios como el Sindicato de Maniobristas
fueron auditados. Jesús Ortiz Ursúa, entonces administrador fiscal de Veracruz,
ordenó la intervención para verificar si los pagos de impuestos y
contribuciones federales estaban al corriente
Encontraron
que el sindicato, por ejemplo, debía 15 mil trescientos veintidós millones
de viejos pesos por concepto de impuesto sobre la renta y los obligaron a pagar
el adeudo, no obstante que el sindicato estaba exento de dicho impuesto, según
relata el apoderado legal.
Paralelamente,
Roberto Ríos Ferrer y Hugo Cruz Valdés, entonces representantes del gobierno
federal, intervinieron la empresa Servicios Portuarios y se anclaron como
operadores de la misma, ya en marcha la requisa.
Mediante
presiones políticas y otras argucias legales e ilegales convocaron a los socios
del sindicato de maniobristas y les pidieron que se debía conformar una
comisión liquidadora del sindicato, sin asamblea de por medio. Luego, los
socios otorgaron un poder general a los miembros de la comisión en la que
detectaron hasta firmas falsas. Para ello, contrataron los servicios del
notario público 31, Isidro Rendón, quien se prestó al enjuague y otorgó la
escritura pública 6,225, con la cual la comisión liquidadora pudo tomar
decisiones respecto del patrimonio sindical.
Según
explica Pulido Cueto, en ese entonces existía una Mesa Directiva que regía
los destinos del sindicato, la cual había sido electa mediante una asamblea
celebrada el 4 de noviembre de 1990 y que tenía vigencia hasta el 31 de
diciembre de 1992. La presidía Raymundo Arturo Lara Martínez, secretario
general.
Las
presiones y amenazas no se hicieron esperar, pues se trataba de ablandar a los
socios sindicales para que cedieran las propiedades del sindicato. Ante la
negativa de los miembros de la mesa directiva de prestarse al juego oficial,
varios miembros de esta directiva fueron secuestrados.
Según relata
el abogado Pulido Cueto en su exposición de hechos, la orden del secuestro
la giró Fernando Gutiérrez Barrios, entonces secretario de Gobernación, y
Arsenio Farell Cubillas, secretario del Trabajo.
“En
contra de su voluntad, los socios del sindicato fueron llevados a la ciudad de
México y, con lujo de violencia, fueron torturados en instalaciones de la
Secretaría de Gobernación. También fueron amenazados de muerte junto con sus
familiares “por oponerse a las ilegales acciones del gobierno”.
Mientras
esto ocurría en la ciudad de México, en Veracruz la secretaría de Hacienda
le otorgó un crédito fiscal al sindicato para cubrir los impuestos que
adeudaban. Extrañamente, los miembros de la Comisión Liquidadora del sindicato
de maniobristas se entrevistaron con el administrador fiscal de Veracruz y le
propusieron pagar la deuda otorgando los edificios que eran propiedad de la
organización.
En total
fueron cuatro los inmuebles que tuvieron que ceder, pero en ningún momento se
realizó una asamblea con los socios para disponer de dicho patrimonio.
Según Pulido
Cueto, este requisito era una “exigencia legal insoslayable”, ya que de
conformidad con lo dispuesto por los artículos 36 y 44 de los estatutos
sindicales “para poder llevarse a cabo un acto jurídico de esa trascendencia,
como era autorizar la desincorporación de bienes inmuebles del patrimonio del
sindicato, era indispensable que se obtuviera la aprobación de una asamblea
extraordinaria con el 51 por ciento de los votos de los socios. Esto nunca se
realizó.
Otra
anomalía detectada es que la comisión liquidadora que tenía el poder notarial,
al momento de firmar el mismo, sólo comparecieron como socios de la empresa
Servicios Portuarios de Veracruz y no como socios del sindicato de
maniobristas.
De esta
forma, el gobierno federal se apropió de los edificios. Incluso uno de ellos
fue vendido en 2016 a Banca Mifel S.A de C.V., lo cual es ilegal, según Pulido
Cueto, porque existe un juicio de nulidad interpuesto por nosotros ante las
anomalías detectadas durante la requisa, la cual está en litigio.
Dicho
juicio –en el que reclaman la nulidad de la requisa al puerto de Veracruz por
fraudulenta –se ventila en el Juzgado Sexto de Primera Instancia de la Ciudad
de Veracruz, el cual está pendiente de curso; también interpusieron una
denuncia por la privación ilegal de la libertad y tortura a la que fueron sometidos
varios socios del sindicato cuando fueron llamados por Fernando Gutiérrez
Barrios.
Después
de que el gobierno federal disolvió la empresa Servicios Portuarios de Veracruz
y pulverizó al sindicato de maniobristas, procedió a la creación de tres empresas
–con igual número de sindicatos –que se constituyeron exprofeso para reactivar
la marcha de las operaciones en la terminal marítima del puerto de Veracruz.
Se afirma
que las empresas International de Contenedores de Veracruz, S.A. de C.V
(ICAVE), Corporación Integral de Veracruz (CICE), por ejemplo, fueron
constituidas en tiempo récord y no dudan de que detrás de dichas compañías haya
políticos que, al ver la oportunidad del gran negocio portuario, utilizaron
prestanombres para quedarse con el control del puerto.
Los socios
del sindicato de maniobristas acusan que estas empresas les robaron toda la
maquinaria que era propiedad del sindicato. No sólo eso: desde 1991 hasta la
fecha, acusan, esas compañías “no les han pagado un solo peso a los socios sindicales”.
La
impunidad que ha imperado en este caso también ha permitido, por otra parte,
que la empresa Icave se haya asociado con el consorcio chino Hutchinson Ports,
lo que derivó en el megaconsorcio Hutchinson Ports-Icave que, junto con Cice,
explotan las maniobras portuarias que el expresidente Carlos Salinas puso en
sus manos mediante acciones que son calificadas como fraudulentas.
Entre los
trabajadores afectados no cabe duda de que detrás de este gran negocio puede
estar el expresidente Carlos Salinas, políticos veracruzanos y posiblemente
hasta el crimen organizado a través de varios testaferros.
La
siguiente reunión que sostendrán los maniobristas será el próximo 27 de
febrero. Es muy probable –dice el abogado Alejandro Pulido y el secretario
general del sindicato, Gilberto Tejada –que se le de curso al procedimiento de
anulación de la requisa, las empresas sean intervenidas por Hacienda y nuestros
edificios sean devueltos a la organización. En el peor de los casos, dice, que
nos paguen lo que nos corresponde.
De acuerdo
con los denunciantes, existe una lista de prestanombres que, aseguran, dan
la cara por los políticos que se quedaron con el negocio portuario. Dicha lista
la entregarán muy pronto a la Unidad de Inteligencia Financiera, que presidente
Santiago Nieto, para que se tomen las acciones debidas.
Se trata
–dicen –De políticos de Veracruz y otros que, en su momento, alentaron la
requisa para apropiarse del negocio. Por ello, la Secretaría de Hacienda
procederán a investigar a los socios de CiCE, según se desprende de los
acuerdos a los que los socios del sindicato de maniobristas llegaron con las
autoridades federales.
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