Adela
Navarro Bello.
Enrique Peña
Nieto, aunque tiene años cargando con la sospecha de la corrupción desde que
fungió como Gobernador del Estado de México hasta su sexenio como Presidente de
la República, cumple hoy miércoles, 438 días de impunidad, y los que siguen…
Ni él ni sus
principales colaboradores han sido investigados, procesados y juzgados, por los
actos de corrupción que presuntamente realizaron cuando ostentaron el poder en
el ejercicio del gobierno federal del año 2012 al 2018.
Con dos
excepciones, evidentemente lo más delgado de la cuerda, como lo son Rosario
Robles, ex Secretaria de Desarrollo Social y de Desarrollo Agrario Territorial
y Urbano, presa porque un Juez así lo determinó después de vincularla a proceso
por el delito de ejercicio indebido de servicio público, cuyas omisiones
habrían causado un daño al erario por arriba de los 5 mil millones de pesos, y
Emilio Lozoya, ex director de Petróleos Mexicanos, prófugo por una causa penal
en su contra por los delitos de operaciones con recursos de procedencia
ilícita, asociación delictuosa y cohecho, señalado de comprar una empresa,
Agronitrogenados, causando un daño al erario, además de haber aceptado sobornos
de la compañía brasileña Odebrecht, no se investiga a otros “altos
funcionarios” de la administración de Peña Nieto, la inmediata anterior a la
del Presidente Andrés Manuel López Obrador, aunque para este no sea la
administración priísta la culpable de las condiciones negativas en que se
encuentra el país, sino la anterior a esa, la encabezada hasta hace trece años
por Felipe Calderón Hinojosa.
Enrique
Peña Nieto y sus principales funcionarios, siguen en la impunidad.
Ya
Presidente de la República electo, López Obrador dijo en una entrevista con la
periodista Azucena Uresti, que le parecía que los compromisos de inicio de cada
sexenio de combatir la corrupción eran “un circo”, en el cual terminaban
investigando a “chivos expiatorios, siempre se deja con impunidad a los de
arriba”, concluyó su frase, al tiempo que asumió su propio reto, “vamos a
acabar con la corrupción política, que tenga que ver con el gobierno”.
Dos años
antes, en 2017 cuando aún no se convertía en el candidato de Morena a la
Presidencia de la República, también en una entrevista pero esta con el
periodista Jorge Ramos de la cadena Univisión, declaró lo que se convertiría en
un eslogan de su campaña y de su gobierno, “la corrupción es un problema que se
da de arriba para abajo…”, y sancionó entonces: “Si el Presidente de la República
es un corrupto, como Peña, los gobernadores van a ser corruptos”, sin embargo,
en el mismo encuentro periodístico, López Obrador se negó a responder de manera
directa, si iría por Enrique Peña Nieto. A la pregunta de si enjuiciaría al ex
presidente respondió que eso no le correspondía a él, lo que sí dijo entonces
es que habría, en caso de ganar las elecciones, Estado de Derecho, que no
habría persecución, que si encontraban denuncias (en este entonces la
Procuraduría General de la República estaba en el fuero del Presidente) se
investigarían y habría justicia.
Pero no
la ha habido. Enrique Peña Nieto, Luis Videgaray, Jesús Murillo Karam, por
mencionar algunos, siguen en la impunidad.
Como en
todo gobierno pasado, en el actual los peces grandes no caen, los chicos sí.
Esta semana
fue portada en el periódico Reforma el caso de la licenciada en derecho Judith
Aracely Gómez Molano, un Juez la vinculó a proceso por el delito de ejercicio
indebido de atribuciones y facultades.
Judith
Aracely fue Oficial Mayor en la Procuraduría General de la República cuando
esta institución la encabezó Jesús Murillo Karam, al inicio de la
administración de Enrique Peña Nieto. Y en 2013 fue ella, junto con el
subdirector de Banobras (hoy trabaja en el gobierno de Alfredo del Mazo en el
Estado de México) Víctor Rodrigo Curioca Ramírez, quienes firmaron los
documentos para la adquisición de un avión, a solicitud del entonces Procurador
Jesús Murillo Karam, se entiende, a razón de 19.6 millones de dólares.
El avión,
utilizado en la PGR para viajes del Procurador, es un Bombardier Challenger
CL900 con once asientos para pasajeros, que tenía un valor real en el
mercado de 16.4 millones de dólares, y que la FGR valuó en 14 millones de
dólares.
Por supuesto
que quien utilizó el avión, se supone, fue el ex Procurador Murillo Karam, y
probablemente sus sucesores, Arely Gómez, Raúl Cervantes y Elías Beltrán,
quienes conformaron la cuarteta de Procuradores en el sexenio peñista.
Cuando la
PGR se transformó en FGR (Fiscalía General de la República) y fue designado su
titular, Alejandro Gertz Manero, por el Poder Legislativo, el abogado se
encontró con una seria cantidad de irregularidades en la institución. Nómina
inflada, compadrazgos en nombramientos, una policía corrompida, un ministerio
público sin funcionar adecuadamente, sin una oficialía de partes,
investigaciones mal realizadas, sin rigor científico, y muchos excesos para los
altos funcionarios de la que fue la Procuraduría, entre ellos, vehículos
blindados, 35 helicópteros y 17 aviones, uno, el avión de los 20 millones de
dólares adquirido en la época de Murillo Karam.
Para que
el caso de la abusiva compra del avión de Murillo llegara a un Juez, fue
necesario que la propia Fiscalía General de la República realizara una
investigación y presentara la denuncia por el daño patrimonial causado a la
institución, en la audiencia de vinculación de proceso de Judith Aracely Gómez,
el Fiscal del caso informó, “no se requiere una aeronave con ese lujo y confort
para la persecución de delitos. Únicamente se utilizó para el traslado del
entonces titular de la PGR, así como de sus colaboradores cercanos”, y la Juez
determinó al momento de vincular a proceso a los dos ex funcionarios, que al
momento de hacer la compra no tomaron en cuenta el “impacto costo-beneficio de
la adquisición de la aeronave”, y el arrendamiento comprometió las finanzas de
la PGR durante cinco años. Además, “se dijo que el avión tiene 11 asientos. Yo me pregunto si
comprar 11 boletos en vuelo comercial no habría sido más barato que pagar más
de 344 millones de pesos”.
A pesar que
la Fiscalía solicitó la prisión preventiva para los dos ex funcionarios, la
Jueza decidió no concederla, pero sí imponerles un pago en garantía de 100 mil
pesos y la restricción migratoria para que salgan del País.
Pero en
todo caso, como en gobiernos anteriores, quienes están cayendo son los de
abajo, no los de arriba, esos como dijo el Presidente López Obrador, siguen en
la impunidad.
Rosario
Robles está siendo juzgada por un caso que también hubo de llegar a la
Secretaría de Hacienda para su activación, como debió suceder con la compra del
avión de Murillo, pero el Secretario de Hacienda que fue con Peña Nieto, Luis
Videgaray, no es investigado, a pesar que el abogado de Emilio Lozoya también
dijo que todas las acciones en las adquisición de Petróleos Mexicanos que hoy
son investigadas, fueron autorizadas por la Secretaría de Hacienda.
Si a Rosario
Robles la investigan porque sus omisiones como titular de las Secretarías (y de
su ex Oficial Mayor, Emilio Zebadua, quien permanece amparo para no ser
aprehendido) causaron un multimillonario quebranto a las arcas federales, ¿por
qué al ex Procurador no lo tocan por haber autorizado/permitido que su oficial
mayor le comprara un lujoso avión a casi 20 millones de dólares? Por qué no
investigan al ex Secretario de Hacienda, al ex Presidente que los coordinó a
todos ellos.
Pero no, las
investigaciones no han pasado del segundo nivel. No han llegado a Murillo
Karam, no han llegado a Videgaray, mucho menos han tocado al ex Presidente
Enrique Peña Nieto, a quien López Obrador en su momento calificó de corrupto, y
cuya administración ciertamente plagada de actos de corrupción contribuyó al
hartazgo electoral que llevó al triunfo al hoy Mandatario Nacional.
En
México, tenía razón López Obrador en 2017, caen los de abajo, no los de arriba;
y en su gobierno, el primero de Morena en el País, no se ha perdido ésta
viciada tradición de impunidad a los peces grandes… hasta ahora
¿Les llegará
el día?
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