Julio Astillero.
Sostenida
por alfileres que sugieren las más disímbolas hechuras (¿Palacio Nacional
juega, por lo pronto, a dos cartas?), Yeidckol Polevnsky ha confirmado
abiertamente el proceso de empriización del partido que preside y que hoy
ejerce el poder no sólo en el Ejecutivo federal (se habla de empriización a
remedo de la empanización de la que suele hablarse para atribuir a algo una
carga fuerte relacionada con el PAN, el Partido Acción Nacional).
No debería
causar mayor sorpresa lo dicho ayer por la citada dirigente partidista, pues
resulta de absoluta congruencia con la conducta desarrollada durante la
elección definitoria de 2018 y en los procesos electorales subsecuentes:
Polevnsky ha sido un eficaz puente para la incorporación de personajes de
historiales distantes o abiertamente adversos a los postulados programáticos de
Morena, siempre dispuesta al pragmatismo extremo, particularmente si los
políticos a reivindicar (priístas y perredistas, sobre todo) estuviesen
dispuestos a sufragar sus gastos de campaña y a hacer crecer electoralmente al
partido obradorista en sus respectivas áreas de influencia caciquil o corrupta.
La pregunta de fondo siempre ha consistido en saber si esas acciones extremas
han constituido decisiones individuales de Yeidckol o son simples ejecutorias
de decisiones superiores muy prácticas.
El pie en el
acelerador para dejar claro que Morena es un receptáculo privilegiado para
priístas fue puesto este lunes por la multicitada Polevnsky al avalar la
renuncia de Clara Luz Flores Carrales al Partido Revolucionario Institucional,
que así busca encartarse como aspirante a un cargo de elección popular por
Morena, tal vez la gubernatura de Nuevo León. Clara Luz y su compañero de
andanzas políticas durante décadas, además de esposo, Abel Guerra, un priísta
de pleno corte dinosáurico, ofrecen a Morena la posibilidad de ganar el
gobierno ejercido actualmente por Jaime Rodríguez Calderón, alias El Bronco,
otro priísta simulador de democracia y cambios.
Con dicho
caso neoleonés como contexto, y la reacción crítica de quienes apoyan a Tatiana
Clouthier para ser la candidata de Morena a ese gobierno, Polevnsky planteó
ayer que en Hidalgo y en Coahuila, que junto con el estado de México son una
especie de museo político donde todavía domina el PRI, el partido andresino
tendrá las puertas abiertas a políticos de otros partidos, siempre y cuando
comulguen con los principios morenistas.
Ese
reconocimiento público de una fase del proceso denominado PRI-Mor tuvo
dedicatorias en Hidalgo, donde Polevnsky retomó su ya expresada querencia hacia
el grupo encabezado por Manlio Fabio Beltrones: Canek Vázquez, quien fue
secretario particular y secretario adjunto de la presidencia del PRI cuando lo
presidió el sonorense, podría ser candidato de Morena a la presidencia municipal
de Pachuca, al igual que en Mineral de la Reforma lo podría ser Israel Soto
Félix, un ex secretario particular del actual gobernador priísta, Omar Fayad,
especializado en hacer caravanas al actual Presidente de la República. Faltaría
saber si en Coahuila la estratega Polevnsky unirá fuerzas a alguno de los
Moreira, Humberto o Rubén, peleados entre ellos, pero practicantes de similares
políticas.
Lo que está
reconociendo Yeidckol con estas maniobras es la vigencia y fuerza del proceso
que permitió una transición electoral tersa ( mapachismo suprimido a última
hora), protección u olvido judicial respecto al peñismo en general (sólo
Rosario Robles en la cárcel, por razones políticas añejas, además de las
evidencias delictivas a su paso por el gabinete enriquista), acompasamiento de
gobernadores del tricolor a las políticas obradoristas y el significativo
apocamiento del líder nacional tricolor, Alejandro Moreno.
Y, mientras
Alfonso Ramírez Cuéllar y el segmento morenista que lo reconoce como presidente
reaccionan ante el embate de Polevnsky, ¡hasta mañana, con Carlos Slim
convertido en provechoso heraldo de los presuntos buenos resultados económicos
de la llamada 4T!.
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