Dolia
Estévez.
Debieron
de haber sentido como una patada en el estómago los de la DEA cuando se
enteraron que el comandante Iván Reyes Arzate, lacayo de la agencia durante
ocho años, tenía una doble vida. Era cómplice del Cártel de los Beltrán Leyva
y, simultáneamente, titular de la Unidad de Investigaciones Sensibles (SIU) de
la Policía Federal de México, grupo de élite operacional y de espionaje creado,
aprobado y financiado por la DEA.
Reyes
Arzate, apodado “La Reina”, se vislumbra como el testigo estrella que puede
clavar en la cárcel el resto de su vida a Genaro García Luna. Reyes Arzate hará
lo que la DEA ordene. Es parte de su inventario. Aprobó todos los exámenes y
polígrafos que le aplicaron, y tomó dos cursos en la Academia de la DEA en
Quántico, Virginia. Metodología de captación de inteligencia y corroboración de
información confidencial. Tanto impresionó que, en 2008, la DEA lo palomeó para
dirigir la SIU bajo el sexenio de Felipe Calderón.
Reyes Arzate
sobrevivió el cambio en la presidencia del PAN al PRI. Se entregó
voluntariamente a las autoridades estadounidenses en 2017, luego de ser
confrontado por agentes de la DEA en México. Se disponía a regresar a México
tras cumplir una leve condena en Chicago por filtrar información a los Beltrán
Leyva cuando la Corte de Brooklyn en Nueva York, que lleva el caso contra
García Luna, lo acusó en enero pasado de haber recibido cientos de miles de
dólares del narco mientras era titular de la SIU. Tenía acceso a información
“sensible” de ambos gobiernos que luego vendía a los cárteles.
Reyes
Arzate y García Luna fueron cómplices en el silencio. Conocían sus mutuas
componendas secretas con los cárteles desde que trabajaron juntos cuando García
Luna dirigía la Agencia Federal de Investigación (AFI) en el Gobierno de
Vicente Fox. El beneficio personal que obtenían estaba a la vista del que
quisiera ver. Reyes Arzate y cuatro altos mandos de entonces–cuyos nombres me
voy a reservar porque dos aún siguen siendo servidores públicos (en la capital
y en Guanajuato), y a ninguno ha sido posible contactar–no tenían empacho en
lucir prendas de vestir de diseñador y accesorios (plumas MontBlanc, relojes,
corbatas y calzado Hermes y Salvatore Ferragamo). Consumo inconsistente con los
sueldos que percibían. También abundaban versiones de propiedades de
residencias y autos de lujo, aunque no los llevaban al trabajo. Se desplazaban
en camionetas suburban blindadas con policías federales a bordo en calidad de
guardaespaldas.
Por
encima de Reyes Arzate en la SIU estaban Ramón Eduardo Pequeño, ex titular de
la División Antidrogas de la SSP y el secretario García Luna, quien mantenía el
contacto directo con Calderón. Las oficinas de la SIU se localizaban en la calle
Naranjales 80, Colonia Las Campañas, Alcaldía Coyoacán.
Reyes Arzate
era enlace entre el cártel de los Beltrán Leyva y la Policía Federal. Los
jefes superiores solían colocar a personal de su confianza para que fueran
ellos los que dieran la cara en las reuniones con los capos en las que se daba
el intercambio ya sea de información o de seguridad por dinero. De esa manera
los altos mandos no se veían involucrados de manera directa. Para Reyes Arzate
el cargo de jefe de la SIU implicaba intrínsecamente asumir las actividades
delictivas en representación de las personas que le dieron el puesto.
Los
voluminosos bultos de dinero para el pago de los jefes policiacos los narcos
los dejaban a bordo de vehículos cuyas llaves entregaban a los emisarios en
lugares públicos. Si los mandos tenían que verse cara a cara con los capos lo
hacían en restaurantes que mandaban cerrar para que no hubiera testigos.
La
Fiscalía en Nueva York tiene en su posesión grabaciones comprometedoras para
García Luna. ¿Conversaciones entre Reyes Arzate con los Beltrán Leyva, Pequeño
y García Luna e incluso de este con Calderón? Solo los estadounidenses saben.
Las infiltraciones de los equipos telefónicos en los altos niveles del Gobierno
mexicano las hacían agentes de sus dependencias en México y/o en Estados
Unidos. Conversaciones, mensajes, fotos, videos, correos electrónicos. La
Fiscalía debe tener bien amarrados los casos contra García Luna y Reyes Arzate.
La
infraestructura de las agencias estadounidenses en México superaba la de las
dependencias mexicanas. Tenían carta abierta para operar y acceso a información
ilimitada de bases de datos mexicanas. La llamada Iniciativa Mérida expandió y
fortaleció su capacidad operativa en México. Parte de tener bases de
operaciones en los diferentes estados del país era poder clonar, intervenir los
teléfonos celulares y obtener ubicaciones satelitales de los equipos
telefónicos.
Los
“güeros” o los “primos”, cómo se conoce a los agentes de la DEA en México,
siempre llevaban la batuta. La SIU hacía las detenciones, los allanamientos y
cateos de inmuebles que la DEA dictaba. Tres presidentes consecutivos–Fox,
Calderón y Peña Nieto–dieron órdenes de que los agentes de la DEA, el FBI, la
CIA y el ICE, operaran en México con toda libertad.
Para decirlo
sin disimulo: los policías mexicanos de la SIU eran achichincles de la DEA.
Cuando no los tenían interviniendo teléfonos, los tenían en el campo
corroborando pistas de sus informantes que seguido resultaban falsas. No era un
trato entre iguales sino de subordinación y desconfianza. Muchos policías
resentían la humillante sumisión a los prepotentes agentes de la DEA y el
amplio campo de acción que García Luna les daba bajo órdenes de Calderón. Pero
callaban. Cumplían órdenes. Eran soldados de a pie.
En
habitaciones alquiladas por la DEA en el Hotel Holliday Inn sobre Reforma y
Sheraton María Isabel, próximo a la Embajada de Estados Unidos, los policías
mexicanos esperaban su turno en el lobby. Eran escoltados a una habitación
donde un oficial, un traductor y un técnico de la DEA les aplicaban
individualmente la prueba del polígrafo. Filtro ineludible para los cursos de
cinco semanas en Quántico.
Resulta
inverosímil en ese contexto de excesiva permisividad que las autoridades
mexicanas sigan mintiendo que los agentes de la DEA en México andan desarmados.
Lo cierto es que no dan paso sin sus pistolas cortas GLOCK, de fabricación
estadounidense. Las ocultan conspicuamente entre el cinturón y el pantalón bajo
la chaqueta.
Es
posible que también los altos mandos resintieran la violación a la soberanía de
México por parte de la DEA. ¿García Luna y Reyes Arzate encontraron solaz en
traicionar la presunta confianza que sus amos habían depositado en ellos
coludiéndose con los capos? ¿O fue la corrupción lo que los motivó?
Creada en
medio de la guerra a las drogas, la SIU inició operaciones en 1987 en países
donde el poder de las drogas había corrompido a los gobiernos: México,
Colombia, Brasil, Bolivia, Ecuador, Guatemala, Perú, República Dominicana,
Pakistán, Tailandia y Uzbekistán. En 1997, bajo el gobierno de Ernesto Zedillo,
la DEA entrenó a la primera generación de policías mexicanos; 187 en total. En
2017, se graduó la clase 94. La Academia de la DEA en Quántico no respondió
pedidos sobre la lista de ex alumnos mexicanos.
En el
sexenio de Fox, la DEA montó las llamadas “casas de seguridad” en Tijuana,
Hermosillo, Culiacán, Mazatlán, Guadalajara, Monterrey y la Ciudad de México.
En ellas se alojaban policías de la SIU que eran desplegados al interior del
país para corroborar pistas dictadas por la DEA. La DEA pagaba la renta, la
electricidad, el agua, teléfono y daba a los encargados de esas casas dinero
para despensa. Los policías eran reembolsados por la DEA si presentaban
facturas verificadas. Lo único que la DEA no pagaba eran sus sueldos. Las
“bases” fueron clausuradas por Calderón bajo sospechas de malversación de fondos.
Casi
todos, si no es que todos los que ocuparon puestos de titularidad y direcciones
en el área antidrogas y en la SIU en los gobiernos de Fox, Calderón y Peña
Nieto pasaron por la fábrica de agentes doble de la DEA. Son los mismos que a
lo largo de los años han sido vinculados o sospechados de tener lealtades
divididas con los narcos. Siguen incrustados en instituciones de seguridad, ya
sea en el ámbito privado o estatal.
A lo largo
de más de dos décadas, la DEA ha capacitado por encima de dos mil mexicanos,
ha operados casas clandestinas en todo el país, infiltrado cárteles, plantado
informantes en los gobiernos, dado órdenes de cateo, dirigido y codirigido
operativos armados contra criminales de gran calado (Beltrán Leyva, La Barbie,
Ye Gon, La Familia Michoacana, “El Gus” Rivera Martínez), interferido
comunicaciones, grabado conversaciones y filmado reuniones secretas. El costo a
la soberanía y a la dignidad de México de la insidiosa intervención de la DEA
es inconmensurable.
Anotación:
Esta columna se basa en información de primera mano de una fuente confidencial
que protagonizó y atestiguó los hechos aquí narrados y a quien entrevisté por
más de dos horas. Pidió permanecer en el anonimato.
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