Diego
Petersen Farah.
En Palacio
Nacional los cocodrilos vuelan: bajito, pero vuelan. Más de alguno los ha
visto. La primera vez que escucharon semejante cosa incluso vieron mal al
mandatario y tildaron de locos a los colaboradores que en los pasillos
discutían lo bonito que era ver planear a esos enormes reptiles, aunque fuera
casi al ras del suelo. Ahora esos que dudaban están seguros de que no es una ilusión
óptica: los cocodrilos vuelan; bajito, pero vuelan.
Porfirio
Muñoz Ledo lo dijo hace unos días con su característica claridad e ironía:
estamos frente a una dictadura del silencio. Nadie se atreve a decirle “no” a
López Obrador, nadie lo cuestiona ni le dice que está equivocado, no hay quien
lo contradiga. Prefieren guardar silencio que arriesgarse a pasar a la lista de
non gratos. Nada hay peor para el ejercicio del poder que la complacencia de
los colaboradores. La ceguera de uno se vuelve la ceguera de todos.
Hoy más que
nunca el Presidente necesita a los indolentes, a los porfirios, a esos que
saben decir “no”. La crisis económica mundial está cantada. Nadie puede saber a
ciencia cierta el tamaño del golpe que nos viene, pero de lo que podemos estar
seguros es que llegará. No se trata de ser pesimistas, pero sí realistas.
Tenemos la experiencia de 2009: las epidemias secan las economías. En esta
ocasión no somos el centro, pero eso no nos excluye del riesgo. Si hacemos bien
las cosas en materia de salud el impacto económico será brutal. Si no hacemos
lo que hay que hacer desde ahora el impacto en la salud será enorme y el
económico puede ser devastador.
La primera
víctima del coronavirus en México es Pemex, que tiene ya serios problemas para
respirar y la primera víctima mortal podría ser la refinería de Dos Bocas. En
las condiciones actuales la paraestatal mexicana, de por sí comprometida,
vivirá los peores momentos de su historia. Las coberturas contratadas protegen
los ingresos de Hacienda, no los de Pemex. La reducción del precio del petróleo
implica menos ingreso con el mismo gasto y obligará a suspender la producción
en aquellos pozos donde el costo por barril está por encima del precio de
venta. La de por si cuestionada viabilidad de la refinería de Dos Bocas hoy no
solo duplica su riesgo, sino que debe ser evaluada a la luz de una segura
disminución de ingresos del gobierno federal y una crisis seria en Pemex que
deberá conectarse en sobrevivir al virus.
Alguien
tiene que aterrizar a los cocodrilos, decirle al Presidente que no vuelan y sí
muerden, que lo que está en riesgo no es su imagen ante la historia sino el
futuro del país. Administrar la ilusión de futuro de un pueblo es parte
importante del arte de gobernar, pero más lo es sortear los impertinentes
vaivenes de la terca realidad.
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