Julio Astillero.
El periodo
de transición en México hacia la más preocupante fase 2 del esparcimiento del
contagio de coronavirus tiene como contexto las aceleradas decisiones que en
otros países se están tomando en cuanto a cierre de fronteras (el presidente de
Francia ha adelantado que hoy eso sucederá en toda la Unión Europea), control o
supresión de vuelos procedentes del extranjero y limitaciones drásti-cas de la
movilidad social, sobre todo en relación con concentraciones masivas.
La
dosificación de la crisis que está practicando el gobierno mexicano busca no
desgastar la eficacia de las medidas mayores (que se supone se habrán de tomar
en los momentos justos en que las autoridades lo crean procedente), evitar el
pánico social y cuidar la economía nacional que, como en todo el mundo, está
sujeta a embestidas terribles (ayer, el dólar llegó a costar 23 pesos
mexicanos). No precipitar acciones radicales permitiría, por lo demás, evitar o
posponer el eventual colapso del sistema de salud pública que sabidamente no
está en la lista de los mejores del orbe.
El propio
presidente López Obrador comentó ayer, en su conferencia mañanera, sobre la
motivación que le hace mantenerse públicamente optimista y participativo en
declaraciones y actos masivos. Si la máxima figura del escenario nacional se
mostrara abatido, dubitativo o negativo respecto a los problemas en curso,
transmitiría a la colectividad una imagen que en las circunstancias actuales
podría resultar agravante.
El polémico
ejemplo de normalidad viajera y masiva podría cesar en cuanto un subordinado
del propio presidente se lo indicara, pues ayer López Obrador señaló que la
Secretaría de Salud habrá de definir cuando sus giras, entreveramiento con el
pueblo, abrazos y besos deban suprimirse de manera temporal. En el mismo acto
informativo mañanero en que se produjo esta precisión del mandatario federal,
el presunto controlador a futuro de las participaciones masivas del presidente
de la República (al menos, mientras dure el caso del coronavirus), el
subsecretario de salud Hugo López-Gatell, pronunció unas palabras sumamente
consideradas hacia su máximo jefe: el presidente de México, puntualizó, es una
fuerza moral, no una fuerza de contagio.
En tanto
avanza el calendario de trabajo diseñado por la Secretaría de Salud, algunas
actividades gubernamentales van anunciando menguas o abiertas suspensiones y
otras entidades públicas y privadas deciden por sí mismas los momentos en que
se resguardarán de los riesgos del coronavirus.
Hoy, a las
10 de la noche, el autor de estas líneas astilladas estará en el programa de
Canal Once que, en una segunda temporada, conducen Sabina Berman y John
Ackerman. Se hablará y debatirá sobre lo bueno, lo malo y lo feo del escenario
mediático en lo que va del gobierno de Andrés Manuel López Obrador. Durante una
hora, se abordarán temas como la Mañanera, la reducción del gasto gubernamental
federal para medios de comunicación, la corrupción (sobre todo, en las élites
tanto opinantes como directivas) y las perspectivas en lo que resta del
sexenio.
Así lo
explicó en Twitter @USAmbMex) el embajador de Estados Unidos en México,
Christopher Landau: Dados los esfuerzos del gobierno de México al mantener el
distanciamiento social, desde este miércoles 18 de marzo estamos cancelando
citas regulares de visa y pasaportes. Solamente mantendremos servicios de
urgencia.
Así lo
explicó en Twitter Beatriz Gutiérrez Müller (@BeatrizGMuller), esposa del
pre-sidente López Obrador: “Por razones estrictamente sanitarias levanto mi
huelga en @TwitterLatAm. Aviso que no leeré ninguna cochinada aunque paguen y
se envilezcan. Volveré a la huelga cuando estemos salvos”. Ella había dejado el
tuiteo el 3 de mayo de 2019, cuando explicó: “Hace un año abrí esta cuenta con
el único fin de verificar mi propia identidad con relación a más de una
veintena de cuentas apócrifas. Aquí la dejo. Ánimo @TwitterSeguro @TwitterLatAm
con la limpieza de #bots, ganan pero pierden”.
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