Alejandro
Calvillo.
Sin duda,
en esta administración, se ha presentado un cambio en el poder Legislativo y en
el Ejecutivo. No puede decirse lo mismo del Poder Judicial.
El amparo
del sector empresarial, porque así debe describirse al amparo de CONCAMIN,
contra la publicación del nuevo etiquetado, busca la suspensión de la
publicación de las respuestas a los más de 5 mil comentarios que se presentaron
en la consulta pública. La publicación de las respuestas a los comentarios es
condición para publicar, en un periodo máximo de 15 días hábiles, la
modificación a la norma 051 que contiene el nuevo etiquetado.
¿Por qué
busca la industria suspender esta publicación? Sin duda, porque se expondría
públicamente la evidencia científica que da sustento al nuevo etiquetado.
Por todos
los medios, la industria buscará que ni estas respuestas, ni las actas de las
sesiones del grupo de trabajo, firmadas por representantes de las empresas, en
las que se da constancia que se llegó a consensos en 175 numerales de 176,
entre todos los sectores, sean hechas públicas.
El sector
empresarial de las bebidas y alimentos ultraprocesados nunca enfrentó un
proceso de normalización tan transparente y democrático. Acostumbrado a haber
impuesto en 2014 un etiquetado a su gusto, sabiendo que no era entendible por
la población; teniendo a su servicio, durante la administración de Peña Nieto,
a la Secretaria de Salud, a Cofepris, a la Secretaria de Educación y, por
supuesto, a la Secretaria de Economía, las grandes corporaciones desconocían ya
lo que era un proceso democrático de normalización.
El
proceso quedó registrado en actas firmadas por todos los sectores. Se avanzó en
varios acuerdos, se formaron subgrupos para avanzar en temas de discusión que
se presentaban al conjunto del grupo de trabajo. En varias ocasiones, los
acuerdos fueron aplaudidos por todos los sectores.
Ante la
referencia que se realizó en el pleno del grupo de trabajo a declaraciones de
los líderes de las cámaras empresariales en el sentido que no eran escuchados
durante estos trabajos, varios representantes de éstas cámaras empresariales
tomaron la voz y reconocieron que no era así y que les había dado la
participación requerida.
Es
fundamental que la lista de asistencia a las sesiones del grupo de trabajo y
las actas firmadas se hagan públicas. De existir grabaciones de estas sesiones,
que al parecer si las hay, deben hacerse públicas.
Como puede
verse, ante el amparo de CONCAMIN, qué busca la suspensión definitiva de la
publicación del nuevo etiquetado, el Poder Judicial ha tenido todas las
posibilidades de revisar los documentos que confirman que el procedimiento que
se siguió para establecer el nuevo etiquetado fue totalmente transparente y
democrático.
En la
nueva norma de etiquetado han coincidido los organismos de Naciones Unidas, las
principales instituciones académicas del país (UNAM, IPN, UAM), los institutos
de salud, las entidades gubernamentales (SS, COFEPRIS, SE, PROFECO) y las redes
de organizaciones civiles trabajando en salud (Alianza por la salud
Alimentaria, Contrapeso). De hecho, los representantes de la industria llegaron
a acuerdos con todos estos sectores. Quienes no llegaron a acuerdo fueron los
líderes de las cámaras empresariales.
Y esta
historia ya la hemos visto, son los mismos que se opusieron a la regulación de
alimentos en las escuelas diciendo que eran anticonstitucionales, se opusieron
a las recomendaciones sobre bebidas, se opusieron a una verdadera regulación de
la publicidad de alimentos y bebidas no saludables dirigida a los niños.
Se han
opuesto a todas las políticas que afectan sus intereses, convirtiéndose en el
principal obstáculo para combatirla epidemia de obesidad y sus nefastas
consecuencias. Convirtieron nuestro país en el imperio de la comida chatarra y
las bebidas azucaradas.
El poder
legislativo logró sortear fuertes presiones para reformar la Ley General de
Salud y establecer un etiquetado frontal de advertencia, el Poder Ejecutivo, en
una unidad sin precedente, logró impulsar la modificación de la norma de
etiquetado. Ahora queda ver el papel del Poder Judicial.
Si hace 6
años se hubiera establecido un etiquetado frontal de advertencia, como el que
ahora se ha aprobado, sin duda, veríamos ya resultados importantes, al menos en
la mejora de los hábitos alimentarios de nuestros niños y, posiblemente, ya no
diríamos que se espera que uno de cada dos desarrollará diabetes a lo largo de
su vida.
Las
decisiones que no se tomaron en el pasado y las que no se tomen hoy,
significarán más enfermedad y muerte, en un país que desde hace 4 años declaró
emergencias epidemiológicas por obesidad y diabetes, en el que cada hora mueren
alrededor de 22 personas por el deterioro de nuestra alimentación.
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